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Los consejeros Tomás Villanueva, Pilar del Olmo
o Juan José Mateos convesaron con los senadores
Mercedes Coloma y Adolfo Abejón y la ex consejera
del Educación y Cultura Josefa Fernández
Arufe.
Miles de ciudadanos anónimos fueron los verdaderos
protagonistas aunque, entre ellos, se colaron rostros
populares que tampoco quisieron faltar a esta última
cita con su vecino más querido. El actor Juan
Antonio Quintana coincidió con una muy emocionada
María Fernanda D'Ocón. «Hoy es un
día muy triste», repetía la actriz,
quien interpretara en el teatro a la criada Desi de
la novela 'La hoja roja'. «Era un hombre especial.
Me llamaba 'mi pequeña Desi'. Lo he sentido mucho»,
confesó la valenciana.
El mundo de la Cultura, como no podía ser de
otra forma, estuvo bien representado por nombres de
la talla de Antonio Colinas, Antonio Piedra, Juan Cruz,
Gustavo Martín Garzo, Elena Santiago, Ramón
García y Esperanza Ortega, entre otros. No fueron
los únicos. El lingüista salmantino José
Antonio Pascual, vicedirector de la Real Academia de
la Lengua, también acudió al multitudinario
funeral donde se encontraban el músico y folclorista
Joaquín Díaz y José Jiménez
Lozano, gran amigo del autor de 'La sombra del ciprés
es alargada'. «El humanismo de Delibes es único.
A lo largo de estos días he venido escuchando
el lamento de que no lograse el Nobel; no le era necesario.
Acaso al Nobel le era necesaria una obra como la de
Delibes. No le afecta a su currículo ni a su
extraordinaria calidad humana», señaló
Colinas.
Pero los ciudadanos querían ver a la familia:
a sus hijos y a sus nietos. Entre el público
muchos tenían una anécdota que contar.
Quien no se le había cruzado en el Campo Grande,
había sido alumna suya en la Escuela de Comercio
(y una vez estuvo en su casa para recoger una nota)
o había trabajado para sus hermanas. Todo el
mundo quería a Delibes y, aunque muchos fueron
los rostros conocidos (y políticos) que ayer
estuvieron para dar el pésame, la gente de a
pie echó en falta dos nombres: José Luis
Rodríguez Zapatero y algún miembro de
la Casa Real. «Zapatero tenía que haber
estado aquí porque es de Valladolid como Delibes»,
decía un grupo de vallisoletanos que hicieron
coro a las puertas de la Catedral. «¿Y
los Reyes? ¿Nadie de la Casa Real ha podido acercarse?»,
se preguntaban otros vecinos. «A mí me
hubiera gustado que viniera la Reina, tan ligada siempre
a los actos culturales», se quejaba alguien.
La ciudad salió a la calle para dar su último
adiós a Miguel Delibes. El último en despedirse
la noche del viernes fue un lector de Zaragoza que llegó
a la capilla ardiente, cuando la puerta ya estaba cerrada.
La suerte le permitió poder acceder al Salón
de Recepciones donde sólo le esperaba el féretro
del escritor. Las lágrimas de tristeza se mezclaron
con las de alegría al 'tropezar' bajo la gorra
de uno de los policías municipales que custodiaban
la puerta del Consistorio con un rostro conocido. «¿Usted
no hizo la mili...?». «Sí»,
le respondió el agente. Se fundieron en un abrazo.
Una alegría. Por la mañana, muchos otros
lectores se acercaron al Ayuntamiento y la Catedral
para despedirse de Delibes. Los aplausos no dejaron
de sonar durante todo el recorrido del cortejo fúnebre
en el que la familia estuvo acompañada por la
Corporación municipal al completo presidida por
el alcalde, Javier León de la Riva.
El presidente de la Junta, Juan Vicente Herrera, también
estuvo acompañado por muchos de los consejeros
del gobierno regional. Silvia Clemente, de Agricultura,
se dejó ver en su primer acto público
tras su maternidad, antes de su reincoporación
el próximo jueves.
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