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Acaban de cumplirse 30 años del estreno de ‘Cinco horas con Mario’. Nunca escribió pensando en un escenario, pero su trilogía adaptada mostró la versatilidad de sus textos


12.03.10 - 17:44 -
A. CORBILLÓN | VALLADOLID


«Nadie creía que una señora hablando con un muerto tuviera éxito en un escenario. Nadie confiaba en ello», insiste desde su despacho madrileño el veterano productor José Sámano. El pasado 26 de noviembre se cumplieron 30 años del estreno de la primera versión para teatro de una obra de Miguel Delibes: la tragicomedia en forma de monólogo ‘Cinco horas con Mario’. Una proyecto que, curiosamente, estrenó la rica veta escénica de los textos delibianos por su aparente imposibilidad de llevarlo al cine. «Quise hacer ‘Cinco horas con Mario’ en cine unos años antes (1973), pero no me salía –recuerda–. Era imposible ese texto para el celuloide».
Y lo dice un auténtico experto en llevar a otros géneros artísticos al escritor vallisoletano (en cine debutó con ‘Retrato de familia’ –1976–, basado en ‘Mi idolatrado hijo Sisí’). Hablar de la llamada Trilogía Teatral Delibes (‘Cinco horas con Mario’, ‘Las guerras de nuestros antepasados’ y ‘La hoja roja’) pasa inevitablemente por la experiencia y el saber del productor cántabro.
Ironías de la vida artística, la frustración por no poder llevar la obra al séptimo arte, le ayudó a curársela, seis años después, otra vallisoletana unida por siempre a la obra del escritor. «Lola Herrera me dijo que le habían propuesto hacer ‘Cinco horas con Mario’ y decidí hacerme cargo», continúa el productor. Y lo hizo con todas las ganas ya que en apenas dos meses, entre septiembre y noviembre de 1979, la obra estaba armada y lista para el estreno.
Una primera subida de telón que «hicimos aterrados». Así recuerda la actriz vallisoletana aquella primera función en el teatro Marquina de Madrid. Todo el proyecto fue un cúmulo de riesgos, «contra viento y marea», en el que ni el propio Miguel Delibes parecía estar muy de acuerdo, a pesar de que hizo la adaptación escénica ‘ex aequo’ junto a la directora de la obra, Josefina Molina –que además debutaba–, y el propio Sámano. En los ‘créditos’ de aquella aventura se colaban otros ilustres como Luis Eduardo Aute, autor de la música.
«Aunque no teníamos ningún trato previo, me atreví a hablar con Miguel y me dijo ‘haz lo que quieras’», rememora la gran intérprete. Pero a la Herrera no le amilanó saber que era la quinta actriz a la que le ofrecían el papel de esa Menchu Sotillo, que desgrana la vida en común con el finado Mario, de cuerpo presente. ¿Quién podía atreverse a declamar cinco horas de lectura, condensados en 85 minutos de función, sin que faltara nada del ‘encaje de bolillos’ que era el tratado de sociología marital-rural que escribió Delibes?
Estas y otras dudas quedaron superadas por las más de dos mil actuaciones que, durante diez años, ofrecieron por los escenarios del Estado.

Antes y después
Desde luego a la actriz le cambió la vida. «Aceleró mi balance de vida. Soy una Lola antes y después de ‘Mario’. Me llevó a una depresión pero también a volar a gran altura». El éxito fue tal que, en los diez años seguidos que se estuvo representado (en dos etapas), superó los dos mil funciones.
Luego llegaron las otras dos traslaciones de las obras de Delibes al teatro con ‘Las guerras de nuestros antepasados’ y ‘La hoja roja’. Pero fue ‘Cinco horas...’ la que diluyó los temores de Delibes respecto a las adaptaciones, demostrando que un clásico supera como nadie la prueba del tiempo.
Muchos años antes, Delibes había explicado por qué nunca había escrito para el teatro. «Me coarta mucho su limitación de tiempo y espacio. Es decir, que lo que ocurre en el drama que tú quieres narrar no tenga más de una hora y media o dos».
El caso es que, con el nuevo milenio (2001) y por empeño de la Junta de Castilla y León (a la que se acusó de ‘tirar la casa por la ventana’ con el proyecto), los mismos protagonistas volvieron a subir a los escenarios durante más de dos años la obra. El reestreno abrió la temporada del Teatro Calderón de Valladolid 2001-2002. Era la tercera y última vez que Herrera se ponía en la piel de Menchu Sotillo.
La conversación sobre aquellos tiempos relaja la guardia del veterano José Sámano que, de repente, confiesa que habrá reposición de ‘Cinco horas con Mario’. Y que no tardará. «Se repondrá, con otra actriz, por supuesto, a lo largo de este año», avanza. Cuando Lola se entera de esa noticia confiesa que «me gustaría sentarme en una butaca y ver lo que hacen. Se me abrirán nuevos horizontes de un personaje tan rico». Lo dice porque sigue viendo a su Menchu como un prototipo de mujer del que «todavía hay muchas en España, por mucho que se vayan de vacaciones a un crucero o vistan ropa de marca», se despide la actriz desde su casa madrileña.
También de la mano de Sámano y como tomando el relevo del declinar de la primera etapa de Mario, José Sacristán se instaló en el imaginario del autor castellano con su papel de Pacífico Pérez en ‘Las guerras de nuestros antepasados’. Arrancó en el Teatro Bellas Artes de Madrid un 7 de septiembre de 1989. Tal vez no tuvo el éxito de cifras de la primera, pero permaneció en cartelera hasta 1992, siendo representada por toda España y con temporada en Buenos Aires. Manuel Galiana tomó el relevo de Sacristán en la última temporada de la obra que dirigió Antonio Giménez-Rico. El mismo actor fue el que dio vida al personaje en el proyecto que sufragó el Gobierno regional.
Sin embargo, tal vez fue la que más ha calado entre el público, seguramente por su inagotable actualidad. «La obra tiene más vigencia que nunca dado el ambiente de guerra y violencia que vive el mundo actualmente», decía antes de su reestreno el 31 de mayo del 2002, en la citada Trilogía Delibes del nuevo milenio, el escritor Ramón García, que la adaptó al teatro junto al propio escritor.

Crónica de ayer y de hoy
En la obra, Pacífico Pérez se confiesa desde su internamiento en un sanatorio psiquiátrico ante el doctor Burgueño con la sabiduría de los seres a los que la sociedad lleva al límite. Cualquier espectador descubriría en sus reflexiones el miedo a la ‘guerra de civilizaciones’ o ‘religiones’ que sacuden el mundo en los últimos decenios.
Un texto tan actual que también triunfó en París con la versión francesa (‘La guerre promise’) que estrenó el actor franco-argentino Oscar Sisto el día que Delibes cumplía 74 años: 17 de octubre de 1994.
Entre estas dos grandes obras se coló la tercera pata sobre la que se asentó el no muy extenso universo teatral del autor de ‘El hereje’: ‘La hoja roja’. Aquel septiembre de 1986 fue muy especial para el escritor. El día 6, coincidiendo con su nombramiento como Hijo Predilecto de Valladolid, el Teatro Calderón asistió al estreno de este texto, cuya novela cumplió medio siglo el pasado año. Manuel Collado se encargó de dirigir a sus protagonistas, Narciso Ibáñez Menta (en el papel del viejo Eloy) y María Fernanda D’Ocon (como la criada Desi). «¿Que cuanto debo a esa Desi? –la D’Ocon exagera el gesto tratando de recordar un estreno sobre el que se ha depositado casi un cuarto de siglo de intensa vida sobre los escenarios–. «Desi era el candor frente al universo de un anciano que vive de sus recuerdos. Delibes nos ayudó no sólo a hacer buenos papeles sino a entender el alma humana».
Este tratado de soledad y abandono, que algunos llegaron a calificar como su mejor novela, fue para Sámano un nuevo reto en su traslado de un género al otro. «Su estructura novelística difería mucho de ‘Mario’ y ‘Las guerras...’, ambas mucho más cercanas a lo teatral y, por tanto, de traslación más simple», recuerda.
De hecho, no alcanzó la segunda vida que si tuvieron las anteriores. A pesar de los insistentes compromisos de que sería repuesta y que, tanto el texto como la escenografía vivirían muchos cambios con respecto a su primera versión, la Trilogía Teatral Delibes se quedó sin el remate final.
Un proyecto fallido (y nunca explicado por la Administración regional) que no impidió que Miguel Delibes le dedicara a Sámano parte de su intervención por vídeo durante la inauguración de la sala que lleva su nombre en el teatro Calderón. Sin romper su negativa a asistir a actos sociales, aquel 22 de febrero del 2006 mostraba su agradecimiento a quien «me mostró el camino del teatro y las posibilidades de algunas de mis obras». Algo que hizo, según Delibes, «sin apenas esfuerzo». «Yo empecé muy lejos del teatro. Escribí una novela (‘La sombra del ciprés es alargada’), me dieron un premio (Nadal 1948) y me dijeron que siguiera por ahí, lo que hice sin pensar en nada de teatro».
Cuarenta años de amistad y muchas horas compartidas le llevan a Don Miguel a destacar el instinto teatral del único que se atrevió a adaptar obras suyas. Una conclusión a la que seguro que Sámano le pondría unos cuantos ‘peros’, aunque no le impedirá una nueva aventura por el profundo surco literario que trazó el que sin duda ha sido el más profundo relator del alma castellana.