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1940. Miguel, cuarto por la izquierda, con sus hermanos
y sus padres, Adolfo, Ana, Federico, María
Setién, Adolfo Delibes, María Luisa,
Manuel, Concha y José Ramón. |
«Soy como un árbol que crece
donde lo plantan», dice uno de los personajes
de la primera novela de Miguel Delibes, ‘La sombra
del ciprés es alargada’. La frase, sin
embargo, la ha hecho suya el escritor para explicar
su fidelidad al lugar en que nació, Valladolid,
el 17 de octubre de 1920, domingo. Y la ciudad, la provincia
y toda Castilla no solo han sido el sitio de su residencia
sino el telón de fondo, el paisaje, de sus obras.
Muchos de sus personajes son además vallisoletanos,
desde la Menchu de ‘Cinco horas con Mario’,
el Cipriano Salcedo de ‘El hereje’ y el
don Eloy de ‘La hoja roja’, a Lorenzo, el
cazador, emigrante y jubilado que el novelista ha considerado
siempre su ‘alter ego’ y la única
de sus criaturas a la que ha lamentado haber abandonado.
«Debía haber seguido contando sus andanzas,
tengo la sensación de que le he traicionado»,
ha dicho en varias ocasiones.
En cualquier caso, Delibes no trasladó nunca
su residencia de Valladolid a Madrid –como seguro
que le aconsejaron muchas veces–, ni ha necesitado
vivir en la capital para convertirse en un autor universal,
traducido a numerosas lenguas, y en el escritor de Castilla.
Nació Miguel Delibes Setién en el número
12 de la Acera de Recoletos, esquina con la calle Colmenares
y frente al Campo Grande, el lugar ideal para alguien
que amaba profundamente el aire libre. Era una casa
de cuatro plantas, en piedra y ladrillo rojo, construida
a finales del siglo XIX y en la que murió Fréderic
Delibes Roux, el abuelo francés del novelista
y origen de la rama española de los Delibes.
El Abuelo francés
El escritor era el tercero de los ocho hijos
–cinco chicos y tres chicas– del matrimonio
formado por Adolfo Delibes Cortés, abogado y
director de la Escuela de Comercio, y de María
del Milagro Setién Echánove, y fue bautizado
en la parroquia de San Ildefonso con el nombre de Miguel
Manuel Mariano. Su abuelo paterno, que era sobrino del
músico Leo Delibes, nació en Toulouse
y llegó a España en 1860 para construir
como técnico el ferrocarril de Alar del Rey a
Santander, una línea que pasaba por Molledo-Portolín
–escenario elegido por el novelista para ‘El
camino’– donde conoció a Saturnina
Cortés Villegas, con la que se casó cuatro
años más tarde. Un tiempo después,
en 1890, el matrimonio se trasladó con sus tres
hijos –Luis, Enriqueta y Adolfo– a Valladolid,
ciudad en la que el padre, con el nombre ya españolizado,
montó una fábrica de carpintería
mecánica y, entre otros trabajos, construyó
la estructura del piso móvil o suelo levadizo
del Teatro Calderón.
Adolfo casó a los 42 años con María
del Milagro, burgalesa con raíces en la provincia
de Santander, de 29, y tuvieron ocho hijos, Adolfo,
Concepción, Miguel, José Ramón,
Federico, María Luisa, Manuel y Ana María.
El primer colegio al que asistió Miguel fue el
de las Carmelitas del Campo Grande, en el Paseo de Zorrilla,
donde hizo la primera comunión cuando tenía
seis años. De allí pasó al de Nuestra
Señora de Lourdes de los hermanos de La Salle,
situado no muy lejos de allí, en la calle Paulina
Harriet, donde estudió el Bachillerato. Por esos
años aprendió a nadar, a montar en bicicleta
y hasta acompañaba a su padre a cazar, pero lo
que de verdad le apasionaba, como ha recordado después,
era el fútbol.
La Guerra Civil
Cuando a Miguel Delibes le faltaban aún
tres meses para cumplir 16 años, comenzó
la Guerra Civil, un conflicto que de alguna manera cambió
su vida y que describió después como «un
amargo despertar a la adolescencia». A este periodo
ha dedicado el escritor varias de sus obras, como ‘El
refugio’, un relato incluido en el libro ‘La
partida’ (1954) que recuerda precisamente los
lugares en los que se metían los ciudadanos cuando
empezaban los bombardeos.
También está la guerra en ‘Mi idolatrado
hijo Sisí’ y, como telón de fondo,
en ‘Cinco horas con Mario’ o ‘Las
ratas’, pero es sobre todo en ‘Madera de
héroe’, una larga novela publicada en 1987
y que no ha tenido el éxito que otros de sus
libros –él lo justificaba en parte por
su duración– en la que recuerda su experiencia
en la Marina. Está dedicada a un amigo de la
infancia, Luis María Ferrández, que murió
en el ‘Baleares’. El escritor se alistó
en el ‘Galatea’, el buque escuela fondeado
en El Ferrol, en febrero de 1938, y tras un breve periodo
de adiestramiento embarcó en el ‘Canarias’,
con base en Palma de Mallorca, donde permaneció
hasta que acabó la contienda.
Muchos años después, en 1970, el escritor
–que no tenía en 1938 una motivación
ideológica– explicó en una entrevista
que siempre que la guerra ha surgido en alguno de sus
libros, «yo lo que he tratado de hacer ha sido
presentarla como la típica guerra fratricida:
el drama de Caín y Abel». Así aparece
el conflicto en ‘Las guerras de nuestros antepasados’
–una de sus obras más duras–, ‘La
sombra del ciprés es alargada’ o ‘Aún
es de día’.
Dibujo en El Norte
Terminada la contienda y de regreso en Valladolid,
aprovecha los cursos intensivos que se organizaron oficialmente
para recuperar el paréntesis de la guerra y termina
Comercio y hace Derecho en dos años y medio.
Su meta es entonces sacar por oposición la cátedra
de Derecho Mercantil en la Escuela de Comercio, tarea
a la que dedica seis años de su vida hasta que
al fin, en julio de 1945, consigue su meta y sucede
a su padre, jubilado el año anterior.
Pero en estos años han ocurrido otras cosas,
entre ellas su ingreso en EL NORTE DE CASTILLA como
caricaturista –con un sueldo mensual de 100 pesetas
y entradas gratuitas para los espectáculos–
y ha empezado a salir con una muchacha llamada Ángeles
de Castro. En el periódico comienza a ilustrar
partidos de fútbol para pasar luego a dibujar
actores y actrices para acompañar las críticas
de cine, así como retratos de los protagonistas
de las noticias de nacional e internacional, y hasta
viñetas humorísticas. Lo firma todo como
‘MAX’, ‘M’ de Miguel, ‘A’
de Ángeles y ‘X’ de incógnita
o incertidumbre del futuro de los dos.
En 1944, y después de hacer un curso acelerado
en la Escuela de Periodismo de Madrid, Delibes se convierte
en redactor de EL NORTE, donde ha empezado ya a hacer
críticas de cine y de libros así como
artículos y hasta editoriales firmadas.
El 23 de abril de 1946, Miguel Delibes contrajo matrimonio
con Ángeles de Castro y un mes más tarde
comenzó a escribir en el periódico una
serie de artículos de marcado carácter
literario que tituló ‘Meditaciones de un
solitario’.
De los artículos a la literatura no hay más
que un paso, y Delibes lo dio con un cuento infantil,
‘La bujía, que después ha tachado
de «cursi y sin valor literario alguno».
Por entonces, 1947 –año en el que nació
su primer hijo, Miguel–, el escritor ha empezado
a preparar una novela, ‘La sombra del ciprés
es alargada’, un relato excesivamente triste para
una de las épocas más felices de su vida
y en el que da forma a una obsesión que le ha
perseguido desde la infancia, la de la muerte.
El Premio Nadal
Delibes presentó la novela al Premio
Nadal y en la noche del 6 de enero de 1947 se enteró
por el teletipo de EL NORTE de que era finalista, junto
con Manuel Pombo, del galardón más prestigioso
de España. Luego, el director del periódico
llamó al Café Suizo de Barcelona, donde
se reunía el jurado, y confirmó que el
autor vallisoletano era el ganador.
Dos meses y medio después nace su segundo hijo,
una niña a la que llaman Ángeles, y en
abril sale publicada la novela. A ella seguirá,
a finales de año, la que creía sería
la segunda, ‘El Antracita’, que su editor,
Josep Vergés de Destino, guardó un tiempo
y salió publicada como uno de los relatos cortos
de ‘La partida’ en 1954.
Por eso, su segunda novela fue ‘Aún es
de día’, publicada en octubre de 1949 y
una obra que, como la anterior, el escritor ha criticado
duramente. Y es que Delibes ha declarado siempre que
su primera y verdadera obra fue ‘El camino’,
editada en diciembre de 1950, cuando ya han nacido sus
hijos Germán y Elisa, esta tres meses antes.
«De manera que cuando, un buen día, escribo
‘El camino’, una novela que me había
costado mucho menos esfuerzo, y descubro que era aplaudida
por los críticos, yo me dije: Pues ‘El
camino’ es mi camino, lo que tengo que hacer es
escribir como hablo, con poco adorno y olvidándome
por completo del diccionario de sinónimos»,
explicó Miguel Delibes en una entrevista radiofónica
de 1993. Y eso hizo a partir de entonces.
Así se fue gestando su obra literaria, al tiempo
que adquiría nuevas responsabilidades en EL NORTE,
donde fue nombrado subdirector en 1953 y director en
1958. Además, comienza a publicar una serie de
artículos sobre cine, sección que tituló
‘Desde mi cabina’. También hace entrevistas,
información internacional los domingos –‘Vistas
al exterior’– y comentarios deportivos.
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