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13.03.10 - 20:15 -
N. CABALLERO / J. BOMBÍM / A. CORBILLÓN |


El Salón de Recepciones del Ayuntamiento se quedó pequeño ante la riada de vallisoletanos y personalidades de la cultura y la política, tanto local, como regional y nacional, que se acercaron a despedir a Miguel Delibes y presentar sus respetos. En algunos momentos, la Policía Municipal tuvo que hacer verdaderos esfuerzos para regular el 'tráfico' humano de una capilla ardiente que se abrió a las 12 del mediodía y apenas cerró veinte minutos a las 15.15 horas para ordenar un salón invadido por más de medio centenar de ramos de flores.
En uno de ellos, situado junto a un cuadro con la imagen del fallecido a la cabecera del ataúd (escoltado por tres agentes de la Policía con traje de gala) podía leerse: 'Gracias por enseñarnos a mirar'. El remitente era Pacífico Pérez. Fue el guiño de algún alma muy sensible al personaje que protagonizó 'Las guerras de nuestros antepasados' y que tan bien encarnaron para el teatro los actores José Sacristán y Manuel Galiana.
Las primeras horas de capilla ardiente fueron monopolizadas por los vecinos anónimos de una ciudad que ya hacía cola en la Plaza Mayor cuando llegó el ataúd. Durante unos minutos, los concejales del Ayuntamiento, con el alcalde, Javier León de la Riva, a la cabeza, esperaron su llegada. Seis de los nietos del escritor subieron el féretro por las escaleras camino del Salón. Al llegar el cortejo, los gritos de «¡Maestro!» y los aplausos generales marcaron uno de los momentos más emotivos de una mañana que iba a estar sobrada de sentimientos.
A lo largo del día, al Ayuntamiento de Valladolid llegaron más de sesenta telegramas y cartas que expresaban su condolencia a la familia en este delicado momento, procedentes de administraciones públicas, instituciones y personas del mundo de las artes y la cultura. Entre ellas, destacaban la enviada desde la Casa Real, firmada por Sus Majestades los Reyes, que fue leída por el alcalde, Javier León de la Riva, en el Pleno celebrado por la mañana, además de la firmada por los Príncipes de Asturias.
Ya en la capilla ardiente, escoltaron al escritor la práctica totalidad de los concejales (apenas tres ausencias entre ellos), mientras sus siete hijos y 18 nietos se situaban a la izquierda de la capilla.
Algunas de las personas con notoriedad pública más madrugadoras fueron miembros de la cultura, como el etnógrafo Joaquín Díaz, el cantautor Amancio Prada o la escritora Elena Santiago. La llegada de personalidades públicas, unida a la entrada libre de ciudadanos, provocó verdaderos embotellamientos en las escaleras de acceso al salón. Permanecieron durante muchos minutos junto a la familia el delegado del Gobierno, Miguel Alejo; el subdelegado, Cecilio Vadillo; el presidente de las Cortes regionales, José Manuel Fernández Santiago y, hacia las 13.30 horas, el presidente de la Junta de Castilla y León, Juan Vicente Herrera, acompañado de la consejera de Cultura, María José Salgueiro.
El líder del Gobierno regional resumió la pérdida con un «triple sentimiento». En primer lugar, Herrera habló de la «orfandad de un padre de la patria gracias a la difícil sencillez de su magisterio del castellano». Después, destacó el «orgullo y privilegio» de ser contemporáneo de Delibes. Por último, encontró el consuelo de «su inmortalidad, de alguien que ha desaparecido pero que hay algo en él que trasciende».
En ese mismo instante se acercó a dar el pésame a los hijos el presidente de Vocento, Diego de Alcázar. El grupo editor de EL NORTE DE CASTILLA también estuvo representado, en el turno vespertino, por el director general de Medios Regionales, Iñaki Arechabaleta, al que acompañaban el director general y el director del diario decano de la prensa española, Ignacio Pérez y Carlos Aganzo, respectivamente.
Entre las 13 y las 14 horas se produjo la mayor concentración de rostros conocidos. En pocos minutos, y mientras los políticos permanecían junto a los familiares, llegaron las actrices vallisoletanas Lola Herrera y Concha Velasco. Herrera, muy emocionada, se presentó con una docena de rosas rojas de las que depositó una sobre el féretro de Delibes, el escritor que «me regaló la luz del personaje de Menchu Sotillo y que, para agredecérselo, tendría que vivir varias vidas».
Al igual que Herrera, Concha Velasco habló también de «la orfandad» que siente tras la pérdida, así como «la gran humanidad» del autor de 'Los santos inocentes', «su novela mejor adaptada al cine».
Hacia las 14.15 llegó la ministra de Cultura, Ángeles González-Sinde, que permaneció cerca de media hora charlando con los familiares tras trasladarles el pésame del presidente del Gobierno. Sinde lamentó la pérdida «del autor vivo más importante». También que «no haya recibido el Nobel», rechazo ante el que «demostró su disciplina ante los fastos y los honores». Por último, destacó su labor como periodista que le permitió «ser un hombre muy apegado a la realidad y ser un autor contemporáneo que hace sus lectores se renueven cada año». Cuando la familia había abandonado por unos minutos la capilla ardiente y las autoridades municipales dieron orden de cerrarla para recomponer un poco su orden, llegó la directora del Instituto Cervantes, Carmen Caffarel. Pasó casi desapercibida, pero le dio tiempo a remachar lo dicho por la ministra. «Hemos perdido a uno de los mejores defensores de lo que nosotros promocionamos y, además, hemos perdido a un patrono del Instituto», lamentó.
Cuando Caffarel abandonaba el Ayuntamiento, las colas de ciudadanos se volvían a formar a sus puertas para una nueva apertura. Unos minutos antes, Juan y Silvia, una pareja que celebraba su boda en el Ayuntamiento, tenía que adaptar su ceremonia a las circunstancias y ver cómo el vestido blanco y las flores de fiesta se cruzaban con las coronas de flores. «Qué pena, era un gran escritor», dijo el novio.

Mientras haya alguien
Sólo fueron 20 minutos para limpiar el Salón de Recepciones y organizar las coronas y ramos de flores que no dejaron de llegar a lo largo de todo el día, hasta superar al final de la tarde el centenar. Tras ese lapso, las puertas de la Casa Consistorial se volvieron a abrir. Al principio de la tarde fue apenas un goteo, que se intensificó a medida que pasaban los minutos y que se convirtió de nuevo en una larga cola que alcanzaba el recién inaugurado teatro Zorrilla. De hecho, hacia las siete de la tarde, el alcalde de la ciudad, Javier León de la Riva, aseguró que el horario de apertura de la capilla ardiente iba a ser flexible: «El Ayuntamiento estará abierto mientras haya alguien que quiera entrar a despedir a don Miguel». Las puertas no pudieron cerrase hasta las diez de la noche. También afirmó que el incesante pasar de los vallisoletanos ante el féretro demuestra el cariño que sienten por su escritor, un hombre que aunque «no era especialmente simpático, en la distancia corta era muy tierno».
En representación de la Real Academia Española, de la que era miembro el escritor vallisoletano, acudió José Antonio Pascual, vicedirector de la institución, dado que su director, Víctor García de la Concha, tuvo que permanecer en Salamanca, aquejado de «una pequeña dolencia». Tras dar las condolencias a la familia del autor de 'El Hereje', Pascual no puso contener su emoción al señalar que «Delibes nos ha enseñado a desear las palabras y a que queramos utilizarlas, porque no todo es plástica», antes de insistir en que «el tesoro que suponen las palabras al contener la actitud del hablante, frente al discurso, a veces tan vacío, de los políticos». Poco antes, el académico salmantino había destacado que «nos enseñó a pensar que esto de hablar es algo ecológico, que es la naturaleza» porque, desde su punto de vista, «cuando nos olvidamos de nuestras raíces, prescindimos del oxígeno». Para el salmantino, Miguel Delibes perteneció a una generación que sirvió de «modelo de comportamiento» y de ejemplo de virtudes cívicas.
Durante la tarde fueron miles las personas que devolvieron a don Miguel todo el cariño que han recibido a través de las vidas de los personajes de sus obras. Y hubo mucho pueblo. Y aunque Miguel Delibes hubiera salido corriendo si se llega a cruzar en el camino de esta multitudinaria despedida, tal y como reconocía su hijo Adolfo, su familia se sintió arropada y agradecida por tanta muestra de reconocimiento. Alumnos del maestro en su faceta de profesor en la antigua Escuela de Comercio; lectores de sus novelas y de sus artículos; aficionados a la caza, a la naturaleza o al fútbol; estudiantes al cierre de los colegios e institutos; amigos; escritores como Gustavo Martín Garzo y su mujer, la poetisa y colaboradora de EL NORTE, Esperanza Ortega; el director del grupo Teatro Corsario, Fernando Urdiales; el actor José Antonio Quintana; el hijo de la escritora Rosa Chacel y Antonio Piedra; el rector de la Universidad de Valladolid, Evaristo Abril, y el ex rector Fernando Tejerina; Toño y Félix, integrantes del grupo de música tradicional Candeal; el fotógrafo Agustín Cacho, representante de una saga que inició sus pasos profesionales en EL NORTE. Todos ellos quisieron decir adiós al escritor, al periodista, al dibujante, al ecologista, al cazador, al hombre bueno.
Con «una profunda tristeza», Fernando Urdiales apuntó a «la pérdida que supone para el lenguaje la desaparición del gran maestro, que describía la esencia agrícola de Castilla, para el que no hay recambio». «Es el autor que más personalidad da a nuestra raíces y nuestra forma de ser».
Esperanza Ortega destacó que Miguel Delibes «supo dar voz a los humildes, a los que nadie les escucha nuca, a los desposeídos, a través de sus personajes», siempre con un «lenguaje preciso, sencillo y certero». En definitiva, «el pueblo se identifica y forma parte de su obra». También se refirió a su labor en EL NORTE al señalar que «hizo del periodismo un arte».
No faltaron políticos como el consejero de Economía y Empleo, Tomás Villanueva; el ex presidente de la Junta, Juan José Lucas; los diputados nacionales del PP por Valladolid, Soraya Sáez de Santamaría y Miguel Ángel Cortés, y el senador Tomás Burgos; Antonio Fonseca, representante del poder judicial en la región, y Feliciano Trebolle, presidente de la Audiencia Provincial; el jefe superior del Cuerpo Nacional de Policía en la región, Jesús García Ramos.
El vicepresidente segundo del Senado, el soriano Juan José Lucas, se reconoció admirador del fallecido, al que describió como «un sabio de las letras, humanista y conocedor de ese mundo rural». La vallisoletana Soraya Sáez de Santamaría, portavoz del PP en el Congreso, afirmó que «ha sido la persona que nos enseñó a disfrutar de la lectura», y subrayó que retrataba como nadie el carácter de los castellanos»
El portavoz del grupo municipal socialista, Óscar Puente, señaló que el escritor «ha dejado una huella importante» y que ha sido «un ejemplo como ser humano, padre, marido, abuelo». «Es una pérdida grande para la ciudadanía de Valladolid», señaló el candidato al rectorado de la UVA, Marcos Sacristán, para quien Delibes es la mejor representación de la literatura castellana.
Desde las doce de la mañana y hasta las diez de la noche, más de 18.000 personas habían visitado la capilla ardiente instalada en el Salón de Recepciones del Ayuntamiento con los restos de Miguel Delibes Setién, según los cálculos de la Policía Municipal. Además de las muestras directa de pesar, a las dependencias de la Casa Consistorial llegaron más de un centenar de coronas y ramos de flores, muchas de ellas de instituciones locales, provinciales, regionales y nacionales. Entre ellas destacaban la de los miembros de la promoción de la Policía Municipal Miguel Delibes, que también quisieron sumarse al homenaje; o la del Real Madrid, club del que era gran aficionado don Miguel.