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El Salón de Recepciones del Ayuntamiento
se quedó pequeño ante la riada de
vallisoletanos y personalidades de la cultura
y la política, tanto local, como regional
y nacional, que se acercaron a despedir a Miguel
Delibes y presentar sus respetos. En algunos momentos,
la Policía Municipal tuvo que hacer verdaderos
esfuerzos para regular el 'tráfico' humano
de una capilla ardiente que se abrió a
las 12 del mediodía y apenas cerró
veinte minutos a las 15.15 horas para ordenar
un salón invadido por más de medio
centenar de ramos de flores.
En uno de ellos, situado junto a un cuadro con
la imagen del fallecido a la cabecera del ataúd
(escoltado por tres agentes de la Policía
con traje de gala) podía leerse: 'Gracias
por enseñarnos a mirar'. El remitente era
Pacífico Pérez. Fue el guiño
de algún alma muy sensible al personaje
que protagonizó 'Las guerras de nuestros
antepasados' y que tan bien encarnaron para el
teatro los actores José Sacristán
y Manuel Galiana.
Las primeras horas de capilla ardiente fueron
monopolizadas por los vecinos anónimos
de una ciudad que ya hacía cola en la Plaza
Mayor cuando llegó el ataúd. Durante
unos minutos, los concejales del Ayuntamiento,
con el alcalde, Javier León de la Riva,
a la cabeza, esperaron su llegada. Seis de los
nietos del escritor subieron el féretro
por las escaleras camino del Salón. Al
llegar el cortejo, los gritos de «¡Maestro!»
y los aplausos generales marcaron uno de los momentos
más emotivos de una mañana que iba
a estar sobrada de sentimientos.
A lo largo del día, al Ayuntamiento de
Valladolid llegaron más de sesenta telegramas
y cartas que expresaban su condolencia a la familia
en este delicado momento, procedentes de administraciones
públicas, instituciones y personas del
mundo de las artes y la cultura. Entre ellas,
destacaban la enviada desde la Casa Real, firmada
por Sus Majestades los Reyes, que fue leída
por el alcalde, Javier León de la Riva,
en el Pleno celebrado por la mañana, además
de la firmada por los Príncipes de Asturias.
Ya en la capilla ardiente, escoltaron al escritor
la práctica totalidad de los concejales
(apenas tres ausencias entre ellos), mientras
sus siete hijos y 18 nietos se situaban a la izquierda
de la capilla.
Algunas de las personas con notoriedad pública
más madrugadoras fueron miembros de la
cultura, como el etnógrafo Joaquín
Díaz, el cantautor Amancio Prada o la escritora
Elena Santiago. La llegada de personalidades públicas,
unida a la entrada libre de ciudadanos, provocó
verdaderos embotellamientos en las escaleras de
acceso al salón. Permanecieron durante
muchos minutos junto a la familia el delegado
del Gobierno, Miguel Alejo; el subdelegado, Cecilio
Vadillo; el presidente de las Cortes regionales,
José Manuel Fernández Santiago y,
hacia las 13.30 horas, el presidente de la Junta
de Castilla y León, Juan Vicente Herrera,
acompañado de la consejera de Cultura,
María José Salgueiro.
El líder del Gobierno regional resumió
la pérdida con un «triple sentimiento».
En primer lugar, Herrera habló de la «orfandad
de un padre de la patria gracias a la difícil
sencillez de su magisterio del castellano».
Después, destacó el «orgullo
y privilegio» de ser contemporáneo
de Delibes. Por último, encontró
el consuelo de «su inmortalidad, de alguien
que ha desaparecido pero que hay algo en él
que trasciende».
En ese mismo instante se acercó a dar el
pésame a los hijos el presidente de Vocento,
Diego de Alcázar. El grupo editor de EL
NORTE DE CASTILLA también estuvo representado,
en el turno vespertino, por el director general
de Medios Regionales, Iñaki Arechabaleta,
al que acompañaban el director general
y el director del diario decano de la prensa española,
Ignacio Pérez y Carlos Aganzo, respectivamente.
Entre las 13 y las 14 horas se produjo la mayor
concentración de rostros conocidos. En
pocos minutos, y mientras los políticos
permanecían junto a los familiares, llegaron
las actrices vallisoletanas Lola Herrera y Concha
Velasco. Herrera, muy emocionada, se presentó
con una docena de rosas rojas de las que depositó
una sobre el féretro de Delibes, el escritor
que «me regaló la luz del personaje
de Menchu Sotillo y que, para agredecérselo,
tendría que vivir varias vidas».
Al igual que Herrera, Concha Velasco habló
también de «la orfandad» que
siente tras la pérdida, así como
«la gran humanidad» del autor de 'Los
santos inocentes', «su novela mejor adaptada
al cine».
Hacia las 14.15 llegó la ministra de Cultura,
Ángeles González-Sinde, que permaneció
cerca de media hora charlando con los familiares
tras trasladarles el pésame del presidente
del Gobierno. Sinde lamentó la pérdida
«del autor vivo más importante».
También que «no haya recibido el
Nobel», rechazo ante el que «demostró
su disciplina ante los fastos y los honores».
Por último, destacó su labor como
periodista que le permitió «ser un
hombre muy apegado a la realidad y ser un autor
contemporáneo que hace sus lectores se
renueven cada año». Cuando la familia
había abandonado por unos minutos la capilla
ardiente y las autoridades municipales dieron
orden de cerrarla para recomponer un poco su orden,
llegó la directora del Instituto Cervantes,
Carmen Caffarel. Pasó casi desapercibida,
pero le dio tiempo a remachar lo dicho por la
ministra. «Hemos perdido a uno de los mejores
defensores de lo que nosotros promocionamos y,
además, hemos perdido a un patrono del
Instituto», lamentó.
Cuando Caffarel abandonaba el Ayuntamiento, las
colas de ciudadanos se volvían a formar
a sus puertas para una nueva apertura. Unos minutos
antes, Juan y Silvia, una pareja que celebraba
su boda en el Ayuntamiento, tenía que adaptar
su ceremonia a las circunstancias y ver cómo
el vestido blanco y las flores de fiesta se cruzaban
con las coronas de flores. «Qué pena,
era un gran escritor», dijo el novio.
Mientras
haya alguien
Sólo fueron 20 minutos para limpiar
el Salón de Recepciones y organizar las
coronas y ramos de flores que no dejaron de llegar
a lo largo de todo el día, hasta superar
al final de la tarde el centenar. Tras ese lapso,
las puertas de la Casa Consistorial se volvieron
a abrir. Al principio de la tarde fue apenas un
goteo, que se intensificó a medida que
pasaban los minutos y que se convirtió
de nuevo en una larga cola que alcanzaba el recién
inaugurado teatro Zorrilla. De hecho, hacia las
siete de la tarde, el alcalde de la ciudad, Javier
León de la Riva, aseguró que el
horario de apertura de la capilla ardiente iba
a ser flexible: «El Ayuntamiento estará
abierto mientras haya alguien que quiera entrar
a despedir a don Miguel». Las puertas no
pudieron cerrase hasta las diez de la noche. También
afirmó que el incesante pasar de los vallisoletanos
ante el féretro demuestra el cariño
que sienten por su escritor, un hombre que aunque
«no era especialmente simpático,
en la distancia corta era muy tierno».
En representación de la Real Academia Española,
de la que era miembro el escritor vallisoletano,
acudió José Antonio Pascual, vicedirector
de la institución, dado que su director,
Víctor García de la Concha, tuvo
que permanecer en Salamanca, aquejado de «una
pequeña dolencia». Tras dar las condolencias
a la familia del autor de 'El Hereje', Pascual
no puso contener su emoción al señalar
que «Delibes nos ha enseñado a desear
las palabras y a que queramos utilizarlas, porque
no todo es plástica», antes de insistir
en que «el tesoro que suponen las palabras
al contener la actitud del hablante, frente al
discurso, a veces tan vacío, de los políticos».
Poco antes, el académico salmantino había
destacado que «nos enseñó
a pensar que esto de hablar es algo ecológico,
que es la naturaleza» porque, desde su punto
de vista, «cuando nos olvidamos de nuestras
raíces, prescindimos del oxígeno».
Para el salmantino, Miguel Delibes perteneció
a una generación que sirvió de «modelo
de comportamiento» y de ejemplo de virtudes
cívicas.
Durante la tarde fueron miles las personas que
devolvieron a don Miguel todo el cariño
que han recibido a través de las vidas
de los personajes de sus obras. Y hubo mucho pueblo.
Y aunque Miguel Delibes hubiera salido corriendo
si se llega a cruzar en el camino de esta multitudinaria
despedida, tal y como reconocía su hijo
Adolfo, su familia se sintió arropada y
agradecida por tanta muestra de reconocimiento.
Alumnos del maestro en su faceta de profesor en
la antigua Escuela de Comercio; lectores de sus
novelas y de sus artículos; aficionados
a la caza, a la naturaleza o al fútbol;
estudiantes al cierre de los colegios e institutos;
amigos; escritores como Gustavo Martín
Garzo y su mujer, la poetisa y colaboradora de
EL NORTE, Esperanza Ortega; el director del grupo
Teatro Corsario, Fernando Urdiales; el actor José
Antonio Quintana; el hijo de la escritora Rosa
Chacel y Antonio Piedra; el rector de la Universidad
de Valladolid, Evaristo Abril, y el ex rector
Fernando Tejerina; Toño y Félix,
integrantes del grupo de música tradicional
Candeal; el fotógrafo Agustín Cacho,
representante de una saga que inició sus
pasos profesionales en EL NORTE. Todos ellos quisieron
decir adiós al escritor, al periodista,
al dibujante, al ecologista, al cazador, al hombre
bueno.
Con «una profunda tristeza», Fernando
Urdiales apuntó a «la pérdida
que supone para el lenguaje la desaparición
del gran maestro, que describía la esencia
agrícola de Castilla, para el que no hay
recambio». «Es el autor que más
personalidad da a nuestra raíces y nuestra
forma de ser».
Esperanza Ortega destacó que Miguel Delibes
«supo dar voz a los humildes, a los que
nadie les escucha nuca, a los desposeídos,
a través de sus personajes», siempre
con un «lenguaje preciso, sencillo y certero».
En definitiva, «el pueblo se identifica
y forma parte de su obra». También
se refirió a su labor en EL NORTE al señalar
que «hizo del periodismo un arte».
No faltaron políticos como el consejero
de Economía y Empleo, Tomás Villanueva;
el ex presidente de la Junta, Juan José
Lucas; los diputados nacionales del PP por Valladolid,
Soraya Sáez de Santamaría y Miguel
Ángel Cortés, y el senador Tomás
Burgos; Antonio Fonseca, representante del poder
judicial en la región, y Feliciano Trebolle,
presidente de la Audiencia Provincial; el jefe
superior del Cuerpo Nacional de Policía
en la región, Jesús García
Ramos.
El vicepresidente segundo del Senado, el soriano
Juan José Lucas, se reconoció admirador
del fallecido, al que describió como «un
sabio de las letras, humanista y conocedor de
ese mundo rural». La vallisoletana Soraya
Sáez de Santamaría, portavoz del
PP en el Congreso, afirmó que «ha
sido la persona que nos enseñó a
disfrutar de la lectura», y subrayó
que retrataba como nadie el carácter de
los castellanos»
El portavoz del grupo municipal socialista, Óscar
Puente, señaló que el escritor «ha
dejado una huella importante» y que ha sido
«un ejemplo como ser humano, padre, marido,
abuelo». «Es una pérdida grande
para la ciudadanía de Valladolid»,
señaló el candidato al rectorado
de la UVA, Marcos Sacristán, para quien
Delibes es la mejor representación de la
literatura castellana.
Desde las doce de la mañana y hasta las
diez de la noche, más de 18.000 personas
habían visitado la capilla ardiente instalada
en el Salón de Recepciones del Ayuntamiento
con los restos de Miguel Delibes Setién,
según los cálculos de la Policía
Municipal. Además de las muestras directa
de pesar, a las dependencias de la Casa Consistorial
llegaron más de un centenar de coronas
y ramos de flores, muchas de ellas de instituciones
locales, provinciales, regionales y nacionales.
Entre ellas destacaban la de los miembros de la
promoción de la Policía Municipal
Miguel Delibes, que también quisieron sumarse
al homenaje; o la del Real Madrid, club del que
era gran aficionado don Miguel.
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