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Como amante de la literatura, soy parcial, y como castellano,
tiendo a decir lo que pienso cuando tengo tiempo y tranquilidad
para decirlo de manera breve y directa. La novela de
Miguel Delibes por la que siento un cariño especial
es 'Cinco horas con Mario'. La releí hace no
tanto y su recuerdo amuebla mi imaginación visual
con un cuadro en el que Lola Herrera mantiene un monólogo
con alma de diálogo ante el féretro de
de Mario, su esposo.
Mientras formaba yo parte de la procesión cívica
en la que los vallisoletanos nos despedíamos
de su figura mortal, y como suele decirse, le rendíamos
tributo, ciertamente no el último, su evocación
resultaba inevitable para un lector de su obra. Pero
no es sólo ésa la razón ni, como
digo, la principal por la que hablo de ella. 'Cinco
horas con Mario' es, en mi opinión, la pieza
clave de su literatura urbana, más reducida que
la rural, pero para mi gusto, el de un 'urbanita'; más
sustanciosa, más aguda; en palabras del poeta,
«cargada de futuro» en mayor medida. Puede
resultar extraño invocar la poesía en
relación con ella, porque su estilo es menos
brillante, no menos elaborado. Contiene la poesía
en carne viva que se expresa mejor en ese tipo de prosa,
porque así comunica mejor al lector el sentimiento
que quiere transmitir. En el caso de esta novela, se
trata de un sentimiento de amor a su ciudad que, sin
embargo, no nubla el juicio del autor sobre las debilidades
y defectos de sus personajes, de los ciudadanos del
Valladolid de la época. Es una novela con algo
de rural porque la ciudad lo era y en la que la ciudad
se teje con relaciones familiares y personales. Es crítica
con la ciudad que ama y, en lo que puede tener de autobiográfica,
desgarrada, crítica consigo mismo, algo que no
falta en otras obras del autor. Así, la asociación
con don Miguel de Unamuno puede parecer algo forzada,
pero no es inoportuna. La relación con las novelas
de Francisco Umbral de tema vallisoletano es evidente.
El otro aspecto y el que se suele considerar el más
relevante de la literatura de Delibes es el dedicado
al mundo rural, en el que suenan ecos de la muy clásica
alabanza de aldea. En ese aspecto se le ha llamado el
'Pereda de Castilla', de la Castilla llana, de la Castilla
de los tesos y cerros que semejan, por su perfil, cascos
de viejos barcos veleros invertidos, con los mástiles
hincados en la tierra, en espera de que echen raíces
y la tierra florezca. Mientras, proliferan los pequeños
cardos que ocultan, en la visión de Miguel Delibes,
un jugo más abundante que el de los grandes cactus
de esas otras tierras tan familiares del otro lado del
Atlántico que también hablan castellano.
Frente al Mario fallecido, el Nani vivo y ágil
como un ratoncillo de campo. Mucho se ha dicho y escrito
de esa parte de la obra de Delibes, mucho se le ha elogiado,
sin duda justamente, pero con aquella parcialidad y
esa sinceridad que pueden ser tan toscas como las de
algunos campesinos recreados en esa parte de su obra,
debo decir que me interesa menos.
¿Qué pensaba Miguel Delibes en sus últimos
años de una y otra de las dos partes de su obra?
'El hereje' puede darnos una pista. Veo en esta novela
un intento de síntesis en una época en
la que el mundo rural y el urbano están especialmente
próximos. A ambas, corte y aldea, alcanza la
crítica al dogmatismo religioso y a la intransigencia
civil. En esta novela pervive aquella crítica
y se extiende a un mundo rural menos idealizado, pero
la sabiduría de la edad le permite eliminar algo
de la acritud de su juventud y poner de relieve, sin
embargo, las hondas raíces de algunos defectos
que justifican la crítica y que pueden amenazar
su futuro. Paz, piedad, perdón, un testamento
impagable para los españoles. Imperecedero.
Mientras avanzaba paso a paso, peldaño a peldaño,
las escaleras de Ayuntamiento de Valladolid, se iba
imponiendo al recuerdo de la obra literaria, la realidad
de esa otra faceta de su obra y de la de su esposa,
su familia. Como castellano siento un extraño
pudor por elogiar a los vivos, en este caso a los hijos.
Como si hacerlo fuese a ensombrecer la figura del padre,
cuando en realidad es lo contrario. De todos modos,
cedo ante ese pudor y termino. Por sus obras se los
conoce y por ella perdurarán también.
El largo fluir de personas de toda España y de
otras muy diversas partes del mundo espero que alivien
su dolor y el cansancio de esas horas, muchas mas de
cinco, que dura la despedida.
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