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Delibes y Leguineche, en Valladolid en 1995. :: R. GÓMEZ

  Manu Leguineche: «Delibes dirigía El Norte como Von Karajan»


El periodista vizcaíno asegura que el vallisoletano dirigía la Redacción con la elegancia del director austriaco


15.03.10 - 01:54 -
EL NORTE | VALLADOLID.


Se han profesado tanto cariño y respeto mutuo que cuesta creer que un día fueron jefe y subordinado. Sobre todo, con los dardos que suelen recibir los superiores de los que tienen por debajo, resulta hasta exótico oír hablar a Manu Leguineche del que fue su director en El NORTE, Miguel Delibes. En su libro 'El club de los faltos de cariño' (2007), el eterno enviado especial dice del novelista que dirigía la Redacción «con la elegancia de Von Karajan al frente de una orquesta». «No me gusta mandar y mucho menos ser mandado, salvo por Miguel Delibes y algún que otro genio más», confesaba Leguineche a Pepa Fernández, en RNE1 en junio del 2007.
Pues si para Leguineche fue un placer estar a las órdenes de Delibes, algo similar parece que sentía gran parte de la Redacción que rodeó el periodista-novelista, un equipo que sería incapaz de concebir el mismísimo Florentino Pérez de la prensa si alguna vez existiera: Francisco Umbral, José Jiménez Lozano, José Luis Martín Descalzo, Javier Pérez Pellón, César Alonso de los Ríos, Emilio Salcedo y el ya mencionado Leguineche. Una generación irrepetible, dignísimos vasallos que sí tuvieron buen señor, un señor que puso en marcha una Redacción de vanguardia en lo periodístico y en lo laboral: aprobó la paga extra de Navidad para la plantilla.
Ese equipo rezumaba juventud y talento, eso debía quitar el sueño de las autoridades del régimen, que no dejaron de luchar hasta ver a Delibes fuera del despacho de director. Pese a todo, le dio tiempo a poner en marcha proyectos cuyo calado hablan de la capacidad de Miguel Delibes para concebir el periódico como un espacio de debate, un foro de cultura. En 1964 Julián Marías inaugura la Sala de Cultura de EL NORTE, y en esa misma época ven la luz 'Los martes de EL NORTE', ciclos de conferencias, y el Cineclub, que se inauguró con 'Ciudadano Kane'. Casi al tiempo, Delibes es apartado de la Dirección del diario, pero no de la marcha del periódico.
Otro testimonio sobre el Delibes periodista lo ofrece Celso Almuiña, catedrático de Historia Contemporánea de la UVA, quien recuerda que cuando él empezó a frecuentar el periódico, Miguel ya no era director. «Había tenido que renunciar a la dirección precisamente al ponerse en marcha la ley Fraga (1966), de la cual se esperaba mucho más libertad y que el artículo 2ª, cual espada de Damocles, amenazaba constantemente la cabeza del director. A Delibes, que venía ejerciendo la dirección desde 1958, le sonaba todo aquello como la misma música de siempre con pequeños maquillajes en la letra. Dimitió, pero no se fue del periódico, con el cual le unían muchos lazos profesionales, económicos y desde luego afectivos», recuerda Almuiña.

A Madrid
La generación de los 60 que había salido de la escuela de Delibes ya había volado a Madrid buscando una audiencia nacional. Atrás quedaban suplementos como 'Ancha es Castilla' o 'El Caballo de Troya'. «Miguel llegaba generalmente a primera hora de la tarde al periódico. Visitaba al director, saludaba a los redactores, y normalmente venía a la sala de Consejos -donde habían tenido la deferencia de ubicarme (Almuiña trabajaba en su tesis doctoral, un completo análisis de la dinámica de la prensa vallisoletana durante el siglo XIX)- a ver cómo iba mi tesis y qué anécdotas o descubrimientos había hecho. En invierno, pero también en primavera y otoño, casi siempre llegaba quejándose del frío helador de la calle. Realmente es un friolero. He escrito algo sobre ello, no recuerdo cuándo. Luego se metía en la salita de teletipos y se ponía a escribir en unas amarillentas cuartillas de redacción, en las cuales, aparte de los correspondientes artículos o comentarios, se enfrascaba en la escritura -letra desgarbada y difícil- de la novela de turno. Así convivían, por cierto en aquel incómodo rincón y minúscula mesita, el periodista y el novelista; tal vez en aquel momento el novelista ya le había ganado la partida al periodista. No obstante, Miguel seguía la actualidad con gran atención e incluso en momentos determinados -cuando sonaba un estridente timbre ante noticias relevantes- con fruición como en sus mejores tiempos de responsable máximo del periódico. La reunión semanal del consejillo de notables era uno de los momentos de regustillo especial para Miguel y de expectación para la Redacción, puesto que de allí salían directrices generales, sugerencias, alabanzas, pero también llamadas de atención, cuenta Almuiña.