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Álbum de fotos del partido final de la Copa del Rey
ANÁLISIS

Justo Premio

Por MIguel A. Pindado

Todo comenzó hace seis años, en Magdeburgo. Desde entonces el regusto por los títulos ha perseguido a un club modesto pero trabajador infatigable. En aquellos años se miraban los trofeos como algo inalcanzable, como un sueño.

Y en ese sueño también participaba una afición entregada y maravillosa como guardián de los anhelos del club. Mientras los hinchas seguían fieles cada quince días a los partidos, o viajaban con su equipo a los desplazamientos, toda la plantilla se entregaba a un trabajo serio, disciplinado, científico y ordenado con el fin de conseguir sacar la quintaesencia de cada jugador.

Las semanas corriendo por el Pinar, los días y días de entrenamientos en Huerta del Rey para intentar asimilar un sistema tan particular como innovador en el balonmano mundial; las horas y horas de gimnasio en busca de una mejor musculatura y peso, los cientos y cientos de videos para escudriñar los defectos y virtudes de los rivales; los miles y miles de kilómetros en autocar y, sobre todo, la entrega, esfuerzo y dedicación de todos y cada uno de los jugadores, técnicos y directivos , así como de la afición del BM Valladolid, se merecían este título.

Siempre rozando la Copa, siempre llevándose el premio honorífico de revelación, ya era hora de dar la campanada, ganar al campeón de Europa y encima llevarse la Copa del Rey, para muchos de los jugadores morados el primer título de su vida, para la mayoría, el segundo.

Y no solo ha ganado la Copa del Rey, sino el título de ser considerado entre los mejores de España. Atrás queda aquello de «el quinto en discordia».

La copa, para Valladolid

Ficha técnica, plantilla, historia y foro >>

Miguel A. Pindado Enviado especial a Pontevedra


¡Campeones, campeones! Un grito tan deseado, tan anhelado y tan buscado que se ahogaba en la garganta de los cerca de un millar de aficionados vallisoletanos que presenciaron en Pontevedra la enésima gesta de su equipo y disfrutaron con la plantilla del título de la Copa del Rey.

Anunciaba Pastor tras el partido de semifinales ante el Ciudad Real que veía a sus chicos con ganas de hacer algo grande. No se equivocaba. El hecho de luchar por el título ya era de por sí algo grande, como en otras siete ocasiones, pero ahora tocaba ganar, era el momento de levantar los brazos cuando los árbitros señalasen el final del partido, de disfrutar con el regusto del premio al esfuerzo, de recibir los aplausos con la Copa en la mano, de hacer la ola, el gusanito y cualquier otra locura en medio de la euforia y la descarga sin limitaciones de la adrenalina acumulada durante sesenta impresionantes y eternos minutos.

La final respondió como un auténtico guión de cine a lo que de una lucha por un título se presume. Intensidad, emoción, juego a ráfagas, tensión, disputa, lucha y unas ganas enormes por parte de los dos equipos por llevarse la Copa a sus vitrinas a toda costa.

Quizás por eso mismo el juego preciosista de la jornada anterior del BM Valladolid ante el Ciudad Real se quedó en la caseta. Ahora era mucho más importante buscar la eficacia defensiva, evitar cometer cualquier error que permitiese al rival adquirir la más mínima ventaja, crearles dudas, mutilar su confianza, sesgar su afán de remontar.

Y esta misma medicina se aplicó también el Barcelona de Xesco Espar, un equipo que ya no defiende como antaño en busca del balón, sino simple y llanamente a parar el ataque rival con sus torres Jeppesen y Nagy como principales baluartes.
En estas condiciones, estaba claro que el hombre del marcador iba a trabajar poco. Con 6-0 en ambas defensas los huecos habría que encontrarlos con sacacorchos o bien aprovechar las ocasiones que se presentasen durante el partido en forma de exclusiones o pérdidas de balón.

Raúl intentaba hacer de abrelatas, pero apenas podía contactar con sus compañeros y cuando lo conseguía siempre la falta impedía dar continuidad a la jugada. La primera exclusión de Nagy dio con la clave, ya que un parcial de 2-0 ofreció la primera ventaja a los de Pastor (5-3, min. 13). Era un primer aviso, como también fue un aviso azulgrana los bloqueos de Nagy a los lanzamientos de Gull. Era evidente que si Pastor había exprimido los videos del Barcelona, su homólogo en el club azulgrana también se había aprendido la lección y controlaba los movimientos de ataque de los morados.

Parecía que el duelo no se iba a decidir con el balón en las manos. La igualdad sobre la cancha era tal, que un cuentagotas de goles exasperaba a los aficionados, ya que parecía que el reloj se paraba constantemente. Y así, si el equilibrio en el juego era evidente, faltaba por comprobar quién podría aguantar mentalmente mejor el paso de los minutos, quién iba a derrumbarse por nervios, por ansiedad.

El duelo parecía una partida de ajedrez. Después de estar veinte minutos con la ‘tranquilidad’ de llevar el mando en el marcador, el Barcelona rehace sus líneas y aprovecha un par de errores morados para colocarse por delante. Era un duro golpe para el BM Valladolid. Había perdido la iniciativa sobre la cancha y era consciente de que debía recuperarla cuanto antes.

Quizás ahí estuvo una de las claves del partido. Durante los diez minutos que faltaban para el descanso los de Pastor siguieron fieles a sus planteamientos, no hubo ni un solo intento de hacer la guerra por su cuenta. Solo el juego en bloque podría devolverle los galones. Ni siquiera la rueda de exclusiones señaladas por los colegiados en esos momentos interrumpieron la concentración de ambos equipos, pero la inspiración de Sierra –que luego convertiría en arte–, y el acierto de Davis permitieron al BM Valladolid marcharse a los vestuarios con un 14-13 a su favor.

De la importancia de este exiguo marcador habla la última jugada de esta primera mitad, donde los jugadores del Barcelona perdieron los nervios por sus propios errores, con Iker y Jerome como protagonistas de un conato de tángana. Estaba claro que el Valladolid iba por el buen camino. La guerra psicológica comenzaba a minar la confianza de los azulgrana.

Interminable
Los vestuarios devolvieron a los dos equipos renovados, aunque los azulgrana en inferioridad. De poco le sirvió al BM Valladolid, ya que una concatenación de decisiones arbitrales le impidió aprovecharla. Exclusiones, faltas en ataque, faltas no pitadas, goles anulados, triquiñuelas consentidas al Barcelona..., fueron cinco minutos para olvidar por parte de Permuy y Fernández, pero afortunadamente ni con esas el BM Valladolid bajó la guardia, y en especial el portero Sierra, que ya empezaba a demostrar que su convocatoria para la selección es incuestionable.

En el otro lado del campo, Espar sentó a Peric (13% de paradas) y volvió a poner a Barrufet. El partido estaba a punto de entrar en su recta final (22-22, min. 45), y el técnico azulgrana necesitaba a sus mejores hombres. También Pastor realizó una jugada similar, ya que Raúl mantuvo el tipo y la dirección del juego durante casi todo el partido y ahora sería Chema, con su velocidad el que iba a tomar las riendas. Había que tener todo a punto porque cualquier pequeño error podría resultar letal.

En esos momentos decisivos, emergió como un coloso la figura de Sierra. Con sus paradas amargó a los lanzadores azulgrana, diluyó sus esperanzas y además dio oxígeno y confianza a sus compañeros (24-22, min. 50).

Como una tortura china, el marcador se movía con una lentitud exasperante, aunque ciertamente cada gol se degustaban como si del último sorbo se tratase. Davis, Gull y Garabaya estrellan sus ataques en los palos. La mala suerte parece cebarse con los morados, tres errores son demasiados ante todo un Barcelona. En ese momento y solo en ese momento, en ese único instante tras el tercer error el fantasma de la derrota se paseó fugazmente por el club morado. Sierra evitó por dos veces que los azulgrana empatasen, pero a la tercera Dominikovic puso el 25-25 (min. 56) que obligó a Pastor a pedir un tiempo muerto.
En el conciliábulo, Pastor pidió a los suyos calma y confianza y sobre todo sujetar a Iker, que se iba a jugar todos los balones en los últimos minutos. Un penalti parado por el inconmensurable Sierra y un complicadísimo gol de Rentero sentenciaron el partido. Había poco más que hacer por parte del Barça salvo las rabietas de Iker, que esta vez no fue el talismán azulgrana.

En el último instante, Davis puso la guinda antes de que el pabellón explotará de alegría. ¡Si, si, si,la Copa a Valladolid!

 

 
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