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| El Real
Valladolid aprendió al fin a combinar ratos
de buen juego con una cierta solvencia defensiva.
Con el primero de los ingredientes se puso en ventaja
en el marcador, y con el segundo la supo conservar.
Todo gracias a que parece haber encontrado la forma
de asirse a un patrón de juego cuando las
fuerzas fallan. Cuando cada uno sabe lo que debe
hacer en el campo, y es consciente de que a sus
compañeros les ocurre lo mismo, se acaban
la presión y demás zarandajas. ¿Qué el
rival es mejor? Pues cada uno a su puesto y a hacer
las cosas fáciles. |
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