XXV años del cierre de la presa de Riaño
XXV años del cierre de la presa de Riaño XXV años del cierre de la presa de Riaño

El entierro de nueve pueblos de la montaña leonesa»

Riaño, La Puerta, Huelde, Escaro, Vegacerneja, Burón, Salio, Pedrosa del Rey y Anciles quedaron sepultados bajo el agua

SONIA ANDRINO

10/05/2012

RiañoEran las nueve de la mañana del martes 7 de julio de 1987 y las campanas de la iglesia anunciaban las llegada de máquinas. Una hora después ya estaba destruida una parte importante del pueblo. Los vecinos se arremolinaban en las inmediaciones de las viviendas; otros intentaban entrar a recoger sus últimas pertenencias e incluso a buscar a algún familiar al que no encontraban y que temían pudiera haber sido sorprendido por los cuezos de las excavadoras.


La tensión entre vecinos y guardias civiles se saldó con varias detenciones, incluida la del recién elegido alcalde (las elecciones habían sido en junio de 1987 y ganó un independiente aunque ligado al CDS), el joven Huberto Alonso cuando se colocó delante de las máquinas intentando hacer valer un acuerdo municipal aprobado en el pleno para detener las obras. No solo no lo consiguió sino que fue arrastrado de la zona de derribos junto a dos concejales que le acompañaban. Catorce casas del pueblo acabaron aquel día convertidas en escombros.


Esa imagen tardará en borrarse de la retina, igual que la tensa conversación entre una desesperada mujer intentando atravesar el cordón policial después de haber sabido que había aparecido un hombre muerto en una casa cuatro días después de arrancar los desalojos. Simón Pardo del Molino, de 53 años, se disparó con una escopeta de caza agobiado por la duda de no tener a dónde ir. Un sobrino suyo le encontró tendido en la cama ante la agónica sorpresa del resto de sus vecinos. El funeral se celebró dos días después y en medio de una tensa jornada de demoliciones que solo se callaron durante el entierro y a petición del alcalde, que ya había vuelto al pueblo. Se le había levantado el arresto un día después de su detención, aunque el edil trató de vengar su mala suerte denunciando a la Delegación del Gobierno por ese hecho.


RiañoMinando la moral


RiañoLa situación en el pueblo era cada día peor. A los escombros y la falta de alimentos se sumó, una semana después, la carencia de alumbrado público, con lo cual, la falta de servicios de primera necesidad iba minando la moral de los pocos riañeses que permanecían todavía en las chabolas.


Quedaban pocas casas. Lo que se mantenían aún en pie eran chabolas que aguantaban peor las lluvias que empezaron a despedir los últimos días del derribo. Solo 20 personas de las más de 1.000 que tenía entonces el padrón de Riaño aguantaron hasta el final. Ellas, la iglesia -que se voló con dinamita en ocho segundos-, el ayuntamiento -que tenía que aguantar hasta que se trasladara la centralita telefónica al nuevo Riaño para evitar la incomunicación de 30 pueblos de la comarca- y el Hotel Presa, que fue el último inmueble en sucumbir el viernes, 14 de agosto, enterrando para siempre al pueblo de Riaño.


RiañoVista la experiencia de los riañeses, los vecinos de Huelde optaron por desalojar sus viviendas sin oposició, aunque con el mismo dolor e impotencia que los primeros. Las máquinas y los efectivos de la Guardia Civil ya se habían presentado en la zona y, sin necesidad de dar más explicaciones, la mayor parte de los vecinos habían ido abandonado el pueblo. Unos fueron a sus casas de León, otros ocuparon las que estaban a medio construir en el nuevo Riaño y, los que más, apelaron a la solidaridad de amigos y familiares para que les acogieran. No obstante, tanto en estos pueblos como en Riaño, la Administración se encargó de los gastos de 15 días de estancia en un hotel para que los afectados pudieran buscar su sitio. Solo ocho familias permanecieron en Huelde hasta el momento crítico


En Pedrosa del Rey quedaban 37 casas y 131 personas aquel 20 de julio de 1987 cuando se dieron por concluidas las labores en Riaño y empezaba la nueva tarea en esta localidad. Y eso, a pesar de que en el Boletín Oficial de la Provincia de León del 19 de diciembre de 1986 se había publicado el plazo que había concedido la Confederación Hidrográfica del Duero para que los vecinos de La Puerta, Escaro, Pedrosa del Rey y Salio abandonaran sus viviendas como consecuencia de la anegación de parte de sus localidades. La fecha límite era la del 19 de enero de 1987, es decir, seis meses antes. Con anterioridad se había notificado, por el mismo conducto oficial, los desalojos de Anciles, Huelde y Burón.


RiañoLa intención del Ejecutivo de Felipe González (una de los aspectos más confusos para los vecinos del valle de Riaño fue que fuera precisamente un gobierno socialista el que ejecutara un proyecto franquista) era derribar todos los pueblos que quedaran bajo el agua. No ocurriría como en otros lugares en los que cuando el nivel del pantano baja se pueden ver los restos del pueblo. En este caso no. Las máquinas se encargarían de romper hasta el final las diez localidades que quedarían ahogadas: Riaño, La Puerta, Huelde, Escaro, Vegacerneja, Burón, Salio, Pedrosa del Rey y Anciles.


Solo en algunos casos se logró salvar parte del patrimonio cultural de la zona. Por ejemplo, la iglesia de Pedrosa del Rey que fue trasladada desde el anegado municipio para que no desapareciese bajo las aguas y que posee una portada románica que podría proceder de la Iglesia de Siero de la Reina donde, según algunas fuentes, podría haber sido trasladada finalmente. O la Iglesia de Nuestra Señora del Rosario, un templo del siglo XIII, que se trasladó piedra a piedra del ahogado pueblo de La Puerta y que se puede ver a la entrada, viniendo desde León.


Y así, mientras se iban enterrando los pueblos, se iba construyendo la presa que cerraría el valle para abrazar la masa de agua. La intención de la Administración era tenerla cerrada a finales de ese mismo año como había prometido el entonces ministro de Obras Públicas, Javier Sáenz de Cosculluela. Y se consiguió. El 30 de diciembre de 1987 se cerró la presa y el 2 de enero del año siguiente llegó el agua al valle de Riaño.


 
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