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Un millón de fieles despiden
a
Juan Pablo II al grito de «santo ya»
Muerte del
papa. El entierro de Karol Wojtyla congregó
un millón de almas, procedentes de noventa
países. Los Reyes encabezaron la delegación
española. Los fieles pidieron la beatificación
del Pontífice al grito de «santo ya».
Cada día visitan la tumba 30.000 fieles y,
por deseo de Benedicto XVI, ha comenzado el proceso
de beatificación.
V. M. N. / Valladolid
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| Los peregrinos,
envueltos en mantas después de pasar la
noche en la cola, esperan para visitar la capilla
ardiente del Papa. / D. Endlicher-ap |
Tras una agonía de casi un mes,
el sábado día 2 de abril, a las 21.37
horas, murió Juan Pablo II. El Papa, de 84
años, había ocupado el sillón
de San Pedro durante 28, protagonizando el tercer
pontificado más largo de la historia de la
Iglesia.
Primero fue una gripe, luego una laringotraqueítis
aguda que se fue complicando, después una infección
urinaria y, finalmente, un choque séptico acabó
con la vida de Karol Wojtyla. El mes de marzo, tiempo
de Cuaresma, constituyó un rosario de ausencias
de un Pontífice que hizo esfuerzos sobrehumanos
por continuar con sus apariciones públicas.
Su mano derecha, el cardenal Joseph Ratzinger, quien
le sucedió en el cargo bajo el nombre de Benedicto
XVI, hablaba y celebraba por él las misas y
encuentros de la Semana Santa. Los fieles, convocados
por miles en la explanada de San Pedro dada la fecha
de especial intensidad religiosa y la devoción
por la persona del Papa, empezaron a llamarle Juan
Pablo II ‘El Grande’.
Un emocionado Joaquín Navarro Valls fue informando
de la evolución de la salud del Pontífice.
Dos días antes de su muerte se especulaba con
su estado, si era o no de coma. Según las fuentes
oficiales no perdió el conocimiento en ningún
momento aunque permanecía en un duermevela
que el cardenal Ruini describió como que «ya
ve y toca a Dios», o según el cardenal
Edmund Szoken, «se está apagando lentamente».
El mundo rezó por el Papa, como pedían
sus emisarios y la agonía terminó al
comenzar la noche del sábado.
Durante tres días estuvo abierta
la capilla ardiente para todos los fieles que quisieran
acercarse a despedir al Papa viajero. Roma vivió
sus jornadas más populares siendo referencia
en todo el mundo. La cola de gente que pasó
por delante del catafalco que sostenía el cuerpo
de Juan Pablo II en la sala Clementina fue interminable.
Desde España se fletaron autobuses y aviones
para aquellos que quisieron ir al Vaticano.
Funeral de Estado
Tras la capilla ardiente, se organizó el funeral
de Estado. La misa se celebró en presencia
de más de dos mil personalidades del mundo
entero, jefes de Estado y de gobierno, embajadores,
ministros, responsables de instituciones internacionales,
miembros de Casas Reales, representantes religiosos
y ante cientos de miles de fieles congregados en la
plaza San Pedro y en varios lugares de Roma que la
vieron por pantallas gigantes. A la cita acudieron
George Jr. Bush y la gran mayoría de los mandatarios
europeos.
La delegación española la encabezaron
los Reyes, Don Juan Carlos y Doña Sofía
y contó con la presencia del presidente del
Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero.
Los funerales duraron tres horas y siguieron un ritual
preciso, cuyo punto culminante fue la misa concelebrada
ante la basílica de San Pedro por los cardenales
y los patriarcas de las Iglesias orientales. El cardenal
Joseph Ratzinger, decano del colegio cardenalicio,
presidió la eucaristía. Pero eso era
lo previsto y la ceremonia oficial. Mientras, en la
Plaza de San Pedro y aledaños una multitud
que llegó a ser de millón y medio de
almas gritaba «totus tuus» y «santo
ya».
Poco después de la gran cita abrían
el testamento espiritual de Wojtyla. No contenía
referencias a su sucesor y mostraba las dudas e inquietudes
de Juan Pablo II durante los años en los que
añadió párrafos al documento.
Wojtyla acarició la idea de renunciar en el
año 2000 a seguir ocupando el trono de Pedro.
Su testamento espiritual confirma que siempre creyó
que la Virgen le salvó de la muerte cuando
el turco Alí Agca le tiroteó en 1981.
Escrito en polaco con un lenguaje íntimo y
sencillo, Juan Pablo II empezó a pergeñar
el documento el 6 de marzo de 1979, tarea que prosiguió
en 1988, en el 2000 y el 2002 a través de anotaciones
y añadidos. En las páginas se desgranan
reflexiones sobre la iglesia y la política.
«Él me ayudará a reconocer hasta
cuándo debo continuar este servicio al que
me llamó el 16 de octubre de 1978», fecha
de su ascensión al solio pontificio, desvelaba
Juan Pablo II.
Proceso de beatificación
Juan Pablo II logró su deseo de introducir
a la Iglesia en el tercer milenio y de llevar el Evangelio
por el mundo. Visitó 127 países, aunque
no pudo pisar ni Rusia ni China, la primera por la
oposición del patriarca ortodoxo de Moscú,
Alejo II, y la segunda, por la negativa de las autoridades
comunistas de Pekín.
Considerado un conservador en dogma y moral y avanzado
en materia social, fue un defensor de los derechos
humanos, la paz y de los jóvenes. Juan Pablo
II reposa en las Grutas Vaticanas en el lugar donde
estuvo enterrado Juan XXIII. Cada día visitan
su tumba alrededor de treinta mil personas. El 28
de junio se abrió en Roma el proceso de beatificación,
solo tres meses después de su muerte. |