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Un deporte con Historia
Pocos deportes han evolucionado tanto en los últimos años como el golf. El número de licencias concedidas en España aumenta día tras días y el ocio alrededor de este deporte evoluciona en toda la península.

Pero este deporte no es nada nuevo. Aunque los historiadores difieren en cuál es su verdadero origen, lo cierto es que este deporte tal y como lo conocemos ahora nace en la costa este de Escocia a principios del siglo XV.

Algunos historiadores sostienen que el golf se originó en los Países Bajos (la palabra holandesa kolf significa palo), y otros que afirman que los verdaderos inventores de esta actividad deportiva fueron los romanos, que jugaban con palos curvados y una bola hecha de plumas.
Aunque puede que su origen más antiguo se sitúe en Roma, los escoceses son los que hicieron las reglas modernas.

Es más, alcanzó tanto auge en el siglo XV que el rey James II se vio obligado a promulgar un acta en 1457 que ponía límites a su práctica para evitar que la gente perdiera el tiempo y dejara de lado la práctica del tiro con arco, tan importante para la defensa en aquellos años.
Éste es el primer documento escrito que conocemos en el que se hace referencia al golf. Pero para fortuna de este deporte, los escoceses ignoraron esta ley y el golf siguió creciendo por todo el país, hasta que al rey Jacobo IV de Escocia, a principios del siglo XVI, no le quedo más remedio que reconocerlo como juego. Sin embargo la ley no tuvo mucho éxito.

El golf ya hacía furor en Escocia, pero el resto de Europa vivía ajena a una actividad que siglos más tarde cambiaría la forma de entender el ocio en muchos países.

Tuvo que ser una mujer, María I Estuardo, la que llevara este deporte fuera de las fronteras escocesas.
Francesa y educada en la corte de París, María I Estuardo trasladó las enseñanzas a Francia, donde fueron acogidas con verdadero furor por los nobles.

Los ayudantes de la reina en el campo de golf eran conocidos como cadetes (alumno), lo que llevó a que en Inglaterra y Escocia se les llamara con posterioridad caddy o caddie. Aunque Londres tuvo que esperar hasta el comienzo del siglo XVII para conocer el golf.

La aristocracia londinense se volvió loca con un deporte que entonces se practicaba tanto por los hombres como por las mujeres con trajes de gala. Pero ése no era el mayor problema de las autoridades.

El centro Londres no poseía las verdes praderas de los pueblos de Escocia, por lo que los aficionados lo practicaban por las calles de los barrios más céntricos. Las ventanas, cristales y cabezas de los transeúntes pagaron caro los duros comienzos, hasta que las autoridades tuvieron que obligar a jugar en el campo.

Ya en el siglo XVIII se establecieron las primeras asociaciones de golf en Inglaterra: la Honourable Company of Edinburgh Golfers (1744), la St. Andrews Society of Golfers (1754), el Royal and Ancient Golf Club of St.,y el Royal Blackheath (1766), cerca de Londres, donde se acordó fijar la fecha de la introducción del golf en Inglaterra en 1608.

España no caería bajo la seducción del golf hasta 1891, cuando se creó el primer club en Las Palmas de Gran Canaria.

También en el siglo XIX, se creó la Asociación Americana de Golf, para Estados Unidos y México.
A partir de ahí, la expansión de este deporte no ha tenido límites.

No solo no ha dejado de crecer, sino que su evolución ha sido constantes.
Los materiales, desde las bolas y los palos hasta los guantes, han ido evolucionando para facilitar el juego a sus aficionados.

Lo que no ha cambiado nunca ha sido el espíritu de una actividad capaz de aunar deporte, naturaleza y superación en un solo campo.

El golf ha seguido creciendo hasta convertirse en mucho más que un deporte. Pasó de ser imprescindible para cerrar negocios a hacer verdadero furor en Japón.
Ahora se entiende como una forma de vida. El campo de golf sirve para relajarse, hacer deporte y ocupar un precioso tiempo de ocio en contacto con la naturaleza.







EDITA: EL NORTE DE CASTILLA
COMERCIALIZACIÓN: Staff de Publicidad y Comunicación y CM Castilla y León
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