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La feria de 1981 se inició el domingo,
20 de septiembre, con un festejo del arte del
rejoneo. Con tiempo muy agradable, tres cuartos
de entrada y toros de Rodríguez de Arce,
que dieron buen juego, los caballeros rejoneadores
Luis Miguel Arranz, Joao Moura, Joaquín
Buendía y Emigdio Pinto, que sustituyó
a Riveiro Telles, no consiguieron llevar el entusiasmo
a los tendidos. Festejo lánguido en el
que sólo Joao Moura logró cortar
una oreja.
Casi se llenó la plaza en la segunda
corrida de la feria, que se inició con
lluvia intensa aunque remitió después.
Se lidiaron cinco toros de Ramón Sánchez
y uno de Antonio Pérez, tan bondadosos
como blandos. Palomo Linares, desvaído
y desangelado en sus dos toros. Paquirri, vulgar
toda la tarde, y Luis Francisco Esplá,
que cortó la única oreja del festejo,
no pasó de estar superficial.
En la tercera del abono, los toros de Gavira
no pasaron el reconocimiento y fueron sustituidos
por cinco ejemplares de Sánchez Fabrés
y uno de Galache. Muy bien presentados y de excelente
juego los seis. La plaza registro tres cuartos
de entrada en una tarde fresca y con intervalos
de lluvia. Antoñete estuvo con muchas ganas
y sus faenas tuvieron momentos muy felices, pero
mató mal a los dos y tuvo que conformarse
con saludar en ambos toros. Rafael de Paula comenzó
animoso en sus dos enemigos para terminar a la
deriva entre las broncas del respetable. Roberto
Domínguez hizo una faena memorable a su
primer oponente. El público le concedió
las dos orejas y le pidió con mucha fuerza
el rabo. En su segundo y último de la tarde
dio la vuelta al ruedo y fue despedido triunfalmente
en su salida de la plaza a hombros.
En la cuarta de abono casi se llenó la
plaza en una tarde soleada y de agradable temperatura.
Se lidiaron cinco toros de Antonio Pérez
y uno, quinto, sobrero de otro de la ganadería
titular que se inutilizó nada más
saltar a la plaza. El encierro fue un saldo vergonzoso,
desigual de presentación, pobres de cabeza,
sin casta e inválidos, ofrecieron un deplorable
espectáculo. El de Arce, grande, escurrido
y descompuesto. Nada de nada pudo hacer Ángel
Teruel a su primero, un toro que no se tenía
en pie. A su segundo, que fue condenado a banderillas
negras, el diestro le realizó una faena
de aliño. Emilio Muñoz puso voluntad
en su primero y realizó una faena sin relieve
a su segundo. Tomás Campuzano fue una sombra
del torero valiente y decidido de otras tardes.
La corrida, que terminó con el ruedo inundado
de almohadillas, fue una de las peores que se
recuerdan en esta plaza.
Se puso el cartel de ‘no hay billetes’
en la quinta corrida del abono, que se celebró
en una tarde de agradable temperatura. Se lidiaron
cuatro toros de Francisco Galache, sosos y sin
fuerza, uno, cuarto, de Lisardo Sánchez,
bravo y noble, y otro, sexto, de Antonio Pérez,
manso y peligroso. Niño de la Capea saludó
en su primero e hizo una gran faena en su segundo
del que cortó las dos orejas. Se silenció
la desconfiada labor de Julio Robles en el segundo
de la tarde y se premió con una oreja algunos
enjundiosos muletazos de la faena del quinto.
Espartaco estuvo porfión y valiente en
sus dos enemigos. Saludó en ambos.
Con suave temperatura y cielo nublado se inició
la sexta corrida del ciclo ferial. Después
llovió en varios momentos de la lidia para
desencadenarse un aguacero en el último.
Se lidiaron ocho toros de Molero Hermanos. Bien
presentados, dieron un extraordinario juego. La
excepción fue el sexto, el garbanzo negro
de un encierro en el que casi todos los toros
recibieron tres puyazos, hecho ya casi insólito
en aquellos tiempos, y llegaron con una enorme
nobleza a la muleta. Excepto el mencionado sexto,
todos fueron aplaudidos en el arrastre. Ante la
obligada ausencia, por cogida, de Manuel Benítez
‘El Cordobés’, se añadieron
dos toros al festejo y entraron, en sustitución
de Benítez, Roberto Domínguez y
Julio Robles. Manolo Vázquez tuvo una tarde
aciaga. Su balance fue de pitos y bronca. Muy
desafortunado estuvo también Julio Robles,
quien recibió pitos tras un aviso en su
primero y fue silenciada su labor, deslabazada
y desmotivada, en el otro. Roberto Domínguez,
artista, valiente y entregado toda la tarde, cortó
una oreja de cada uno de sus oponentes. Fernando
Martín ‘Sacromonte’ cortó
las dos orejas de su primero, tras una faena tan
templada como valiente. En su segundo y último
de la tarde, salió atropellado y conmocionado
al dar una larga cambiada en los chiqueros. Se
repuso y llevó a cabo una faena temeraria
entre un diluvio. Mató mal y se le despidió
con una gran ovación.
Desechadas las reses anunciadas de Juan Mari
Pérez Tabernero en la séptima del
abono, se lidiaron cuatro toros de Amalia Pérez,
blandos y sosos, uno de Lisardo Sánchez,
manso y sin peligro, y otro, de Molero Hermanos,
bueno pero apagado. Lleno completo en tarde fría,
ventosa y con lluvia. Paco Camino tuvo momentos
aislados de buen toreo, pero mató mal.
Fue silenciada su labor en ambos. José
Mari Manzanares escuchó pitos tras un aviso
después de una faena larga en la que recorrió
todo el anillo. También tuvo largo metraje
el muleteo a su segundo enemigo, pero estuvo salpicado
de exquisitos detalles que le hicieron cortar
una oreja después de recibir otro aviso.
Roberto Domínguez, en su tercera actuación
en la feria, volvió a salir a hombros,
tras cortar una oreja de cada uno de los toros
que le correspondieron.
Lleno a rebosar, en tarde fría, en la
octava y última corrida de la feria. Se
lidiaron cinco toros de Victorino Martín
y uno, tercero, de Molero Hermanos. Los ‘victorinos’,
mal presentados y algunos justos de fuerza, embistieron
con raza y bravura y todos murieron en el centro
del ruedo con la boca cerrada. El de Molero, lidiado
en tercer lugar, fue manejable. Miguel Márquez
recibió la oreja de su primero después
de una faena muy valiente. En el otro estuvo colosal
y cortó las dos orejas con fuerte petición
del rabo y fue obligado a dar dos vueltas al ruedo.
Ruiz Miguel cortó las dos orejas del
segundo y dio la vuelta al anillo en el quinto.
Ortega Cano aliñó, sin exponer un
alamar, a su primero, y anduvo desarbolado en
el último toro de la tarde y de la feria.
Su balance fue de pitos y aplausos. Márquez
y Ruiz Miguel salieron de la plaza a hombros.
Antes dieron una vuelta al ruedo a pie, a la que
invitaron a Victorino Martín, al mayoral
y a Ortega Cano, no sin voces disidentes en los
tendidos.
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