02/04/05  
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El escritor Gustavo Martín Garzo.
El protagonista de ‘El patito feo’, visto por Antonio Santos, premio Nacional de Ilustración.

Por el camino de Andersen

El escritor Gustavo Martín Garzo reescribe tres famosos cuentos del autor danés para conmemorar el centenario de su nacimiento

ÁNGÉLICA TANARRO

Sus obras siempre se han llevado bien muy bien, así que no era de extrañar que el nombre del escritor vallisoletano Gustavo Martín Garzo quedara de alguna forma unido al de su admirado Hans Christian Andersen, el año que se cumple el doscientos aniversario del nacimiento del escritor danés. Oscurecido en España por los actos del centenario del Quijote, el autor de ‘El patito feo’ tiene, sin embargo un lugar de honor en las celebraciones con vitola centenaria, sobre todo en lo que tiene que ver con el libro infantil y juvenil, un sector en auge que el año pasado produjo más títulos, tuvo mayor difusión en los medios de comunicación, un mayor reconocimiento de sus autores y una ligera mejora de los niveles de lectores.

Las ediciones conmemorativas de uno de los más celebrados autores infantiles comenzaron a ver la luz el año pasado. Anaya editó los ‘Cuentos completos’, en varios volúmenes, uno de los cuales estaba prologado por Martín Garzo. Pero el encargo que más ilusión le ha hecho al autor de ‘La princesa manca’ ha venido de la mano de la editorial S. M. que ha realizado una preciosa edición conmemorativa en la que han participado, además, tres premios nacionales de Ilustración.

«Cuando recibí el encargo lo acepté encantado pues es conocida mi admiración por Andersen, pero una vez que me puse manos a la obra, me asusté y pensé que había cometido una osadía. ¿Cómo podría llevarla a cabo sin traicionar la delicadeza que Andersen mostró siempre en sus historias?».
El encargo consistía en volver a contar tres de sus famosos cuentos, los que él quisiera. «Primero pensé en ‘La sirenita’, que es mi preferido, pero luego me dio miedo, quizá por esa cercanía. Tenía total libertad de elección, así que finalmente me decanté por ‘El patito feo’, ‘La princesa y el guisante y ‘Los cisnes salvajes’». Las dudas sobre cómo llevar a buen puerto el proyecto las resolvió con un método que nunca le falla: la admiración. «Sí me dejé llevar por la admiración que siento por el autor. El amor te da alas. A partir de ahí, todo surgió con facilidad. Solo he intentado resolver algunas preguntas que él no contesta en sus historias».

Con ‘El patito feo’ (ilustrado por Antonio Santos) lo tenía claro desde el principio: había que cambiarle el final. «Siempre me había parecido un final triste porque aunque el protagonista se convierte en cisne y es aceptado en ese mundo tan incontaminado y perfecto, creo que se perdía muchas cosas que tenía en la granja. Me planteé reivindicar ese mundo imperfecto que, en el fondo, es una metáfora de la vida, que es lo único que tenemos. Un mundo lleno de contradicciones, con cosas muy duras pero también con momentos maravillosos».

Diferencia
La segunda elección fue ‘La princesa y el guisante’ (con ilustraciones de Pablo Amargo). «Ese cuento lo elegí porque siempre pensé que encerraba un misterio, que no se comprendía muy bien. Ese guisante que la verdadera princesa es capaz de notar a pesar de los doce colchones encerraba un secreto que solo podía ser el secreto del amor. Cuando uno se enamora no puede dormir. Y, si lo pensamos detenidamente, todos los personajes de Andersen son unos desvelados, buscan algo, están afectados por la enfermedad de la imaginación».

En ‘Los cisnes salvajes’ (que lleva dibujos de Ajubel) Martín Garzo es fiel a sí mismo al centrarse en un personaje que tiene una aparente deficiencia física y como hace en sus obras como ‘La princesa manca’ o ‘El lenguaje de las fuentes’ sublima ese supuesto defecto para convertirlo en la excelencia del personaje. «Esa diferencia, esa especie de maldición es la de los artistas, la de los poetas, la de aquellos que parecen venir al mundo a cumplir una misión».

El resultado, tres pequeños cuentos encerrados en un estuche que es a su vez un pequeño cofre del tesoro apto para todos los que no han renunciado a su infancia. Ni lo piensan hacer.