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| El escritor
Gustavo Martín Garzo. |
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| El protagonista
de ‘El patito feo’, visto por Antonio Santos,
premio Nacional de Ilustración. |
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Por el camino de Andersen
El escritor Gustavo Martín Garzo
reescribe tres famosos cuentos del autor danés para
conmemorar el centenario de su nacimiento
ÁNGÉLICA TANARRO
Sus obras siempre se han llevado
bien muy bien, así que no era de extrañar que
el nombre del escritor vallisoletano Gustavo Martín
Garzo quedara de alguna forma unido al de su admirado Hans
Christian Andersen, el año que se cumple el doscientos
aniversario del nacimiento del escritor danés. Oscurecido
en España por los actos del centenario del Quijote,
el autor de ‘El patito feo’ tiene, sin embargo
un lugar de honor en las celebraciones con vitola centenaria,
sobre todo en lo que tiene que ver con el libro infantil y
juvenil, un sector en auge que el año pasado produjo
más títulos, tuvo mayor difusión en los
medios de comunicación, un mayor reconocimiento de
sus autores y una ligera mejora de los niveles de lectores.
Las ediciones conmemorativas de uno de los más celebrados
autores infantiles comenzaron a ver la luz el año pasado.
Anaya editó los ‘Cuentos completos’, en
varios volúmenes, uno de los cuales estaba prologado
por Martín Garzo. Pero el encargo que más ilusión
le ha hecho al autor de ‘La princesa manca’ ha
venido de la mano de la editorial S. M. que ha realizado una
preciosa edición conmemorativa en la que han participado,
además, tres premios nacionales de Ilustración.
«Cuando recibí el encargo lo acepté encantado
pues es conocida mi admiración por Andersen, pero una
vez que me puse manos a la obra, me asusté y pensé
que había cometido una osadía. ¿Cómo
podría llevarla a cabo sin traicionar la delicadeza
que Andersen mostró siempre en sus historias?».
El encargo consistía en volver a contar tres de sus
famosos cuentos, los que él quisiera. «Primero
pensé en ‘La sirenita’, que es mi preferido,
pero luego me dio miedo, quizá por esa cercanía.
Tenía total libertad de elección, así
que finalmente me decanté por ‘El patito feo’,
‘La princesa y el guisante y ‘Los cisnes salvajes’».
Las dudas sobre cómo llevar a buen puerto el proyecto
las resolvió con un método que nunca le falla:
la admiración. «Sí me dejé llevar
por la admiración que siento por el autor. El amor
te da alas. A partir de ahí, todo surgió con
facilidad. Solo he intentado resolver algunas preguntas que
él no contesta en sus historias».
Con ‘El patito feo’ (ilustrado por Antonio Santos)
lo tenía claro desde el principio: había que
cambiarle el final. «Siempre me había parecido
un final triste porque aunque el protagonista se convierte
en cisne y es aceptado en ese mundo tan incontaminado y perfecto,
creo que se perdía muchas cosas que tenía en
la granja. Me planteé reivindicar ese mundo imperfecto
que, en el fondo, es una metáfora de la vida, que es
lo único que tenemos. Un mundo lleno de contradicciones,
con cosas muy duras pero también con momentos maravillosos».
Diferencia
La segunda elección fue ‘La princesa y el guisante’
(con ilustraciones de Pablo Amargo). «Ese cuento lo
elegí porque siempre pensé que encerraba un
misterio, que no se comprendía muy bien. Ese guisante
que la verdadera princesa es capaz de notar a pesar de los
doce colchones encerraba un secreto que solo podía
ser el secreto del amor. Cuando uno se enamora no puede dormir.
Y, si lo pensamos detenidamente, todos los personajes de Andersen
son unos desvelados, buscan algo, están afectados por
la enfermedad de la imaginación».
En ‘Los cisnes salvajes’ (que lleva dibujos de
Ajubel) Martín Garzo es fiel a sí mismo al centrarse
en un personaje que tiene una aparente deficiencia física
y como hace en sus obras como ‘La princesa manca’
o ‘El lenguaje de las fuentes’ sublima ese supuesto
defecto para convertirlo en la excelencia del personaje. «Esa
diferencia, esa especie de maldición es la de los artistas,
la de los poetas, la de aquellos que parecen venir al mundo
a cumplir una misión».
El resultado, tres pequeños cuentos encerrados en un
estuche que es a su vez un pequeño cofre del tesoro
apto para todos los que no han renunciado a su infancia. Ni
lo piensan hacer.
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