Pasado y futuro, unidos en el espacio
 

 
La historia de un monasterio
 
 

Las obras de la Colección Arte Contemporáneo se expondrán y guardarán en el Patio Herreriano, dentro del antiguo Monasterio de San Benito.

El equipo de arquitectos formado por Juan Carlos Arnuncio, Javier Blanco y Clara Aizpún ha respetado las salas más singulares y significativas del nuevo museo.

Las 851 obras de la Colección Arte Contemporáneo comparten sus secretos con las paredes de un viejo edificio, el antiguo Monasterio de San Benito –fundado en el siglo XV–, y más concretamente con las piedras más antiguas del Patio Herreriano, uno de los tres patios que componen esta bella joya de la arquitectura renacentista y clasicista.

Para dar cobijo a la colección fue necesaria la rehabilitación del Patio Herreriano y la construcción de un nuevo edificio, anexo al primero, con el que se ha conseguido enriquecer el conjunto arquitectónico, potencia la fachada original y genera un jardín de entrada al museo de amplias dimensiones.

Los arquitectos responsables de la rehabilitación y construcción del nuevo edificio, Juan Carlos Arnuncio, Javier Blanco y Clara Aizpún,  explican cómo la «intervención ha tratado de responder al doble objetivo de, por un lado, respetar la arquitectura original y poner en valor todos los elementos de interés que han llegado hasta nosotros, y por otro, no renunciar a las exigencias del nuevo uso de museo».

Flexibilidad entre las salas de exposiciones permanentes y eventuales, neutralidad y claridad para la mejor contemplación de las obras exhibidas –sin olvidar las necesidades museísticas de conservación– constituyen las tres premisas bajo las que han trabajo este equipo de arquitectos, que aclaran, a su vez, que el Patio Herreriano va completamente cerrado, «por razones de control de las condiciones climáticas de las obras, tanto la humedad, como la temperatura; lo hemos cerrado con cristal y finos marcos de acero, donde la hoja se abre completamente», para que el diseño sea los más neutro posible», señala Juan Carlos Arnuncio.

Los arquitectos han mostrado en su trabajo un respeto absoluto por las salas más singulares y significativas del monasterio, la proyectada por Rodrigo Gil de Hontañón y la capilla de los Condes de Fuensaldaña. En la primera de ellas, «se ha mantenido escrupulosamente su configuración y la intervención se ha limitado a dotarla de los elementos necesarios para su funcionamiento –climatización, iluminación y acabados–, y se ha recuperado en parte un fresco de las primeras décadas del siglo XVI, que por su situación no interfiere en el espacio expositivo», subraya Arnuncio. En cuanto a la segunda, arruinada al inicio de la intervención, «se ha tratado de que el nuevo volumen ‘dibuje’ la ruina a través de una luz indirecta que le confiere al lugar unas características particulares».

El Patio Herreriano y el nuevo edificio, que resuelve los problemas de capacidad del propio museo, se enlazan a través de un jardín de entrada y una plaza. «Las circulaciones se centralizan en torno al nuevo núcleo de escaleras y aparatos elevadores, que se dispone en el punto de unión del monasterio y la nueva construcción; ese punto viene a constituir el ‘centro de gravedad’ organizativo del edificio, mientras que el Claustro se utiliza como espacio de tránsito y forma parte del recorrido museístico».

Este edificio anexo, que cuenta con tres salas grandes y diáfanas, «se resuelve con un gran lienzo de hormigón blanco, ya que por necesidades museográficas debía de ser ciego, y además se prevé utilizar el muro como lugar donde anunciar los diferentes eventos de las actividades del centro».

El museo sigue teniendo menos capacidad que el tamaño de la colección, «pero no nos preocupa porque queremos que sea vivo y cambiante», explica la directora, María Jesús Abad.

 
 

El origen de San Benito el Real de Valladolid se remonta a 1390, cuando Juan I dona a los monjes benedictinos un solar para la fundación de un monasterio, situado entonces en el borde de la ciudad, donde se alzaban los Reales Alcázares.

El monasterio fue creciendo a partir del antiguo Alcázar con la construcción de la Capilla de los Condes de Fuensaldaña (1453), diseñada en su origen por Juan Gómez, arquitecto de la Catedral de Palencia y de la iglesia de San Benito, cuyas obras fueron iniciadas en 1499 por Juan de Arandia y García de Olave.

Entre los años 1559 y 1573, Rodrigo Gil de Hontañón acomete reformas que suponen la construcción de nuevos claustros para lo que se demuelen parte de las antiguas estructuras.

Pero el proyecto de mayor envergadura lo lleva a cabo Juan de Rivero Rada entre 1582 y 1584 con la realización de un nuevo claustro, el llamado Patio Herreriano, sede actual del museo, que cuenta con influencias del prestigioso arquitecto italiano Palladio.

Después de la desamortización de Mendizábal, en 1835, el monasterio se cierra y el ejército ocupa sus dependencias, que albergarán un cuartel hasta 1963. Pero el deterioro del edificio se acusa año tras año, hasta que el Ayuntamiento de Valladolid pasa a ser propietario del mismo.