En medio de una tragedia humana de proporciones dantescas y mientras la comunidad internacional permanecía ajena a tanta muerte y sufrimiento, los cuatro hermanos decidieron permanecer al lado de los refugiados ruandeses, fieles a su compromiso cristiano de servicio a los más pobres. La orden de los Hermanos Maristas ha expresado su deseo de que sus cadáveres reposen en el Zaire, por «el sentido misionero que tiene para los hermanos maristas africanos el hecho de guardar estos restos como testimonio de una vida que por amor y fidelidad corrió el riesgo de la propia muerte».