| |
|
|
El regreso de la emigración
«Lo que son las cosas. Nuestra
gente emigró a la capital porque no tenía
medios para vivir en el pueblo. La gente empezó
a trabajar en fábricas, en Renfe o como porteros
en esas casas de torreones de pisos, tan diferentes
a las que existen en el pueblo». Años después,
Fuensaldaña se ha convertido en un municipio
que recibe la llegada de nuevos vecinos procedentes
de la capital, como reflejo de ese permanente viaje
de ida y vuelta que es la Historia. La Oficina de Turismo
de Fuensaldaña ha participado en el concurso
con un breve pero emotivo recuerdo a los años
pasados y las tradiciones perdidas. «Las actividades
diarias han cambiado. Ya no se va a por agua a la fuente
de la plaza del Cardenal Parrado, pues el agua llega
hasta nuestras casas. Y tampoco se lava en el lavadero
municipal».
«Hace 25 años los vecinos intercambiaban
sus ideas en el tele club, que hoy es la Casa de Cultura,
y los niños jugaban en las eras. Ahora lo hacen
en los parques del municipio, con columpios y toboganes».
La mirada nostálgica también se dirige
hacia el consultorio médico, las antiguas escuelas
o los veranos. «Entonces, nos divertíamos
ayudando en los quehaceres del campo o cazando gatos.
Las piscinas provinciales no existían y los baños
se realizaban en los corrales, donde las abuelas preparaban
los baldes de agua».
Ya no quedan apenas mulas, cerdos, vacas o rebaños
de ovejas, comentan, y reservan un recuerdo especial
para «las cantinelas de la abuela, que han cambiado
mucho. Ya no se escucha el Antón, Antón,
Antón pirulero o jardinera tú
que entraste en el jardín del amor, aunque
cuando llegan las fiestas todo el pueblo entona Fuensaldaña
tira pá lante, Fuensaldaña tira pá
trás».
|
|