09/01/2008

Almenara de Adaja, la receta del pasado

El municipio de Tierra de Pinares alberga una villa romana restaurada para el disfrute del turista

En el vértice de las tierras de Ávila, Segovia y Valladolid resiste, con la receta del pasado, una pequeña localidad cuyo nombre lo dice todo, Almenara de Adaja, más conocida en la actualidad por albergar en su feudo el Museo de las Villas Romanas, de la Diputación de Valladolid. Le apellida el río que baña sus fértiles tierras de labor y que le regala una magnífica zona de baño y juegos para el verano.

Iglesia de la Asunción, de estilo románico-mudéjar. / FRAN JIMÉNEZ

Su nombre nace de la unión de dos voces árabes, Al y Menara, que viene a significar candelabro de muchas luces, haciendo referencia a su torre de dos cuerpos en ladrillo, que primero fuera románica y después mudéjar. Desde esta atalaya se divisaban a los enemigos y mediante señales de humo y un sencillo sistema de comunicaciones con otras torres como la de Coca, Alcazarén e Íscar, se avisaban de los ataques. Adherida a ésta se encuentra el templo parroquial en honor a la Asunción, iluminada con la imagen en hornacina rococó de la virgen gótica de la Olmedilla, de mediados del siglo XIII, sedente, con el niño sobre sus rodillas.

Se trata de un pequeño edificio de principios del siglo XVI de ladrillo, pendiente de restauración, con una sola nave cubierta con bóveda de arista y sencillas yeserías. Los ornamentos y platerías fueron expoliados por el ejército inglés tras la Batalla de Arapiles, en 1812. Destaca al lado del Evangelio, bajo un retablo barroco del siglo XVIII, la imagen de San Isidro de finales del XVII.

El recurso de la resina

Pero el esplendor reciente de la villa llegó de manos de la resina de sus ricos pinares, que a mediados del siglo pasado fue importante fuente de riqueza en una zona que contaba con todos los ingredientes para ser grande; agua en abundancia, madera, caza y tierras adecuadas para la siembra. Cuando llegó el declive de la industria resinera y únicamente quedó el campo, muchos vecinos emigraron fundamentalmente a Madrid en busca de un futuro menos duro que el que se avecinaba, y ahora son los madrileños, los que hartos de ver pasar la vida de forma fugaz, buscan otra forma de vivir, más sosegada y placentera.