El
Norte de Castilla
22/04/2006
La
magia del agua
Enclavado
en el valle
del río
Bajoz y en
la ruta jacobea,
Castromonte
ofrece a
sus visitantes
historia
y naturaleza
P. Pérez
Salán / Castromonte
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Iglesia
de la Purísima Concepción.
/ P. P. Salán
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Situada en la paramera de los Montes Torozos, sobre el lugar que en su
día ocupara un antiguo castro romano, se alza la villa de Castromonte
junto al fértil valle regado por el Bajoz. Este río que
nace en los alrededores del municipio ha proporcionado una abundante
flora y fauna a lo largo de su recorrido. Es un regalo ver por sus campos
el correteo de conejos, jabalíes, zorros y lobos u observar aves
como mirlos, garzas, fochas, lechuzas y halcones.
La villa, disputada a lo largo de los siglos por distintos señores,
finalmente perteneció a los Enríquez, quienes tenían
la sede de su almirantazgo en la cercana Medina de Rioseco, lo que supuso
una época de esplendor de la que son testigo algunos edificios
civiles como una casa blasonada en la plaza de la Constitución
y otras tres en la calle Almirante. Dentro del caserío cabe destacar
la iglesia parroquial de la Purísima Concepción, construida
en el siglo XVI y que consta de una torre de planta cuadrada, tres amplias
naves
y un retablo barroco que preside la imagen de la Inmaculada.
Castromonte cuenta también con dos ermitas, una dedicada al Cristo
de las Eras, de época barroca, y otra más moderna en el
cementerio En su término municipal existen importantes acuíferos,
que en su día fueron explotados por la industria embotelladora.
De las muchas fuentes naturales del entorno cabe mencionar las de Sayud,
Toro y Fresquito, que el Ayuntamiento pretende promocionar a través
de la señalización de rutas de senderismo. Las mimbreras,
los juncos y las generosas huertas cautivan al viajero que decida adentrarse
en este territorio, donde se topará con modelos arquitectónicos
que han sobrevivido pese a su inactividad, como los molinos harineros
o los lavaderos y abrevaderos.
A ocho kilómetros del municipio, siguiendo la carretera hacia
San Cebrián de Mazote, se eleva el imponente monasterio de la
Santa Espina, de origen cisterciense y gran importancia en la zona en
el siglo XIV. Doña Sancha de Castilla, hermana del rey Alfonso
VII, donó al convento una espina de la corona de Cristo que dio
origen su nombre. El edificio cuenta con dos reseñables claustros
realizados entre los siglos XVI y XVII y conserva la Sala Capitular.
En el siglo XVIII, un incendio obligó a realizar modificaciones
en el cenobio, como la fachada monumental a los pies de la iglesia. Tras
la desamortización del XIX, el monasterio perdió las obras
que atesoraba y a finales de siglo se convirtió en una granja
agrícola regentada por los Hermanos de La Salle. Posteriormente
acogería la Escuela de Capataces Agrícolas, donde también
es posible visitar uno de los mejores museos etnográficos de aperos.
Oferta gastronómica
Cerca del monasterio está la pequeña balsa del embalse
del río Bajoz, que riega el valle. Seis hectáreas de extensión
protegidas que ofrecen al visitante la contemplación de un paisaje
rico en flora y fauna que invita al paseo.
Castromonte es uno de los pueblos por donde pasa la ruta peregrina desde
Madrid a Sahagún para llegar a la catedral compostelana. Peregrinos
y viajeros pueden reponer fuerzas para continuar el camino degustando
sus ricos productos gastronómicos. En la villa es famoso su queso
puro de oveja en sus variantes ‘Tomás’, con una curación
de dos meses, y ‘Castromonte’, de color pajizo, sabor fuerte
y con una curación mayor, ambos fabricados por una empresa familiar
de la localidad. La miel de La Santa Espina, de tomillo o encina, es
otro de los productos de calidad.
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