El
Norte de Castilla
10/06/2006
Entre
pinos y viñedos
El término
municipal de Villanueva de Duero incluye
las ruinas del antiguo monasterio de Aniago
Diodoro Calvo / Villanueva
de Duero
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Ruinas
del monasterio de Aniago. / D. C.
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Como otras muchas localidades con el topónimo Villanueva de…,
a esta también se la conoce como el pueblo de las tres mentiras,
porque se dice que ni es villa ni es nueva ni el Duero pasa por ella,
aunque esto último no es exacto, pues este río pasa por
su término municipal a tan solo unos 600 metros del casco urbano.
A 18 kilómetros de la capital castellana, Villanueva de Duero
es un pueblo tranquilo, silencioso y limpio. Su situación al lado
de una fértil vega en la margen izquierda del Duero, que se extiende
desde la desembocadura del Adaja a lo largo de todo el término
municipal, y rodeado de pinares y viñedos, convierte a esta
villa en un lugar privilegiado.
Sus orígenes están muy ligados a la historia de Aniago,
antigua cartuja situada en la confluencia de los ríos Duero y
Adaja, de la que solo se conservan algunas ruinas, incluida la torre
de espadaña de la iglesia, fiel testigo del esplendor de otros
tiempos. Aunque el monasterio de Aniago no se fundó hasta los
inicios del siglo XV, se tienen indicios de un núcleo poblacional
con el nombre de Las Cabañuelas ya por el siglo XI, que posteriormente
pasó a llamarse Aldeanueva de Aniago. Fue en el año 1.630,
por privilegio del rey Felipe IV, cuando se convirtió en villa
y fue dada en señorío a Sebastián Contreras y Mitarte,
primer señor de Villanueva. En 1.740, Felipe V concedió a
Pedro José de Rojas y Contreras el título de Marqués
de Villanueva, y bajo el reinado de Isabel II, en 1.845, empezó a
ser ayuntamiento independiente.
Arquitectura religiosa
La iglesia parroquial, dedicada a Santa María la Mayor hasta 1.852,
fecha en que comenzó a llamarse parroquia de Nuestra Señora
de la Visitación, estuvo en sus orígenes regida por los
monjes de Aniago. Data del siglo XV y es de estilo mudéjar. Su
estructura solo se ve en la torre de tres plantas, debido a un pórtico
añadido posteriormente, y a las sucesivas revocaciones con cal,
arena y cemento que tapan el ladrillo. Actualmente se están acometiendo
obras en dos muros laterales por las que se está descubriendo
el ladrillo que permitirá recuperar su primitivo estilo.
Su interior consta de tres naves separadas por arcos de medio punto
donde lucen importantes obras escultóricas presididas por un retablo
barroco de 1.702 atribuido a Blas Martínez de Obregón,
coronado en el artesonado por un alfarje de lacería mudéjar.
De la imaginería que se conserva en el interior del templo destaca
una Piedad de arenisca policromada, de la primera mitad del siglo XV
procedente de la escuela de Baviera, y un Cristo Yacente de 1.634 del
taller del vallisoletano Gregorio Fernández.
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