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Monasterio
de La Santa Espina
Su
fundación fue allá por el año 1.147,
año en el que llegaron los monjes cistercienses bajo
el auspicio de Doña Sancha de Castilla, hermana de
Alfonso VII.
La
iglesia se construyó en el siglo XIII, con posteriores
renacentistas del siglo XVI y la fachada del XVIII, obra
de uno de los discípulos de Ventura Rodríguez,
donde sobresalen sus dos altas torres culminadas por interesantes
linternas. En el centro del altar mayor está ubicado
el retablo de madera policromada procedente del Monasterio
de Retuerta.
Una
de las capillas de la iglesia es la de Los Vegas, lugar
en el que reposan los restos de sus fundadores. Está
construída en el siglo XIV en estilo gótico
con una preciosa bóveda estrellada y obras como la
de la Virgen y San Juan del siglo XVIII. Otra capilla es
la del Arcángel San Rafael, donde residen los restos
de la familia del promotor de la última restauración,
Rafael Cabestany.
Por
último está la Capilla de la Reliquia, donde
se guarda una de las espinas que Jesucristo portó
en su corona el día de su Pasión y Muerte,
que Doña Sancha donó tras conseguirla del
rey francés Luis el Joven, que era quien tenía
la mitad de la corona.
El
monasterio tiene una impresionante sala capitular del siglo
XII, una de las mejores del Císter en España.
Son de destacar también la sacristía y la
biblioteca claustral, ambas del XII.
Imprescindible
es la visita a sus dos claustros. El primero fue realizado
en el siglo XII, si bien sufrió reformas en el XVII
de estilo neoclásico. El otro, dedicado a la hospedería,
es del XVI.
Este
monasterio fue considerado en otra época como el
monasterio de San Pedro de Espina, de ahí que el
escudo de la puerta lleve una corona de espinas y las llaves
de Pedro. Fue abandonado definitivamente por los cistercienses
tras la Desamortización de Mendizábal.
Completan
la visita la enorme muralla exterior que rodea el recinto
y que fue levantada en el 1.550. La visita cuesta 200 pesetas.
En los aledaños del monasterio se encuentra el Museo
de Aperos, donde se muestran utensilios domésticos
y de labranza de los siglos XIX y XX. Hay que concertar
visita
Embalse de
La Santa Espina
La
manera de encontrarlo es muy sencilla: viniendo de Castromonte,
al finalizar un prolongado descenso, sale un camino a la
derecha que tras kilómetro y medio nos lleva al embalse.
Lugar que nadie debería perderse por la tranquilidad
de sus aguas y su vegetación, abundante en especies
típicas de la geografía mediterránea
como los robles, las encinas y los pinos.
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