El Norte de Catilla.
4 de junio de 2005
Entre el verde y el amarillo
Varios monumentos, un bello paisaje y mucha calma son los principales atractivos que ofrece Torrecilla de la Abadesa
Texto de M. García. Fotografía de M. J. Cachazo.
Se trata del típico pueblo de Valladolid, según palabras de su alcalde: rural, agrícola, con tres o cuatro monumentos que reflejan su pasado histórico, y tranquilo, muy tranquilo. A primera vista, Torrecilla de la Abadesa, situado entre la fértil ribera del Duero y el desértico paisaje de los campos de trigo, no parece esconder ninguna sorpresa. Pero si el viajero se adentra sin prejuicios en sus cortas calles, puede descubrir algunas cosas interesantes.
Incluido en el espacio natural protegido de las Riberas de Castronuño, Torrecilla, declarado zona protegida de aves, presenta una belleza no muy habitual para la árida naturaleza vallisoletana, con el río Duero escoltado por largas hileras de chopos. En esta cara verde de la localidad se encuentra Torre Duero, una granja dedicada al cultivo de la vid y desde donde se puede obtener una buena panorámica de todo el valle, así como visitar el ábside de una desaparecida iglesia mudéjar del siglo XII.
Un poco de historia
Hasta el siglo XIX, Torrecilla de la Abadesa fue posesión del monasterio de Santa Clara de Tordesillas, y sobre él ejercían jurisdicción las abadesas del mismo. Estas construyeron en el pueblo un convento –posiblemente como residencia de descanso–, del que recibe su nombre el pueblo. Se trata de la Casa de la Abadesa, hoy residencia particular, en la que se afirma estuvo Napoleón. La historia, que siempre ofrece sus cinco minutos de fama a los más pequeños, cuenta que la abadesa de Tordesillas entabló amistad con Bonaparte y, ya dentro del territorio de la leyenda, alojó un invierno al dictador francés, como huésped de honor. Por su parte, los de Tordesillas defienden que donde Napoleón se alojó fue en el monasterio de su localidad. Como ninguna de las versiones está documentada, cada cual puede elegir la que más le plazca y quedar satisfecho.
Otros edificios históricos destacables son la Ermita del Cristo del Humilladero, con la imagen del mismo nombre, y el caserío, edificio de adobe atravesado por el canal de Tordesillas.
Por último, está la Iglesia barroca de San Esteban, el edificio más importante del pueblo. Construida en piedra, ladrillo y tapial durante los siglos XVI y XVII, destaca por su bonito retablo mayor y por una historia reciente sorprendentemente convulsa y nada piadosa, más propia de una página de sucesos. Hace pocos años, el cura de esta parroquia fue asesinado, y no hace un mes que el edificio fue asaltado por una banda de ladrones que robaron varias piezas pequeñas, en la que, además, no ha sido la primera intrusión de este tipo que sufre la iglesia.
Fiestas y reposo
Pero en realidad Torrecilla de la Abadesa vive inmersa en una calma que solo se ve rota por las fiestas de la localidad: las de San Antonio, el 13 de junio. Son cuatro días de juegos, música y convivencia en los que el pueblo se volcó totalmente, llenando las calles de un modo que hacía mucho que no se veía.
Otros eventos especiales son las fiestas de San Esteban, el 26 de Diciembre, de carácter más religioso e íntimo, y las fiestas de San Roque, el 16 de Agosto, organizada por la reciente asociación socio-cultural de Torrecilla, compuesta en su gran mayoría por las mujeres del pueblo.
El resto del año, quedan el trabajo y el silencio de la vida en el campo. Pero Torrecilla no agoniza, al contrario que tantos pueblos castellanos, y su población hace tiempo que ha dejado de disminuir. Es más, la gente reforma las viviendas, y hay incluso foráneos interesados en construirse allí una casa. Y es que en estos tiempos tan ruidosos, la gente busca, cada vez más, un pequeño rincón donde reposar.
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