El Norte de Catilla.
10 de septiembre de 2005
El pueblo de los cucuyos
Desde un tenue valle de la Tierra de Campos, Villacid conserva aún algunos rincones cargados de historia
Texto de M. García. Fotografía de M. J. Cachazo.
El cucuyo es un pájaro parecido a la buhilla. Con ese nombre se conoce también a los vecinos de Villacid, y así lo atestigua un dicho de la comarca de Tierra de Campos: ‘Aguilar se quemó, Ceinos se ahumó y Villacid se acucó’. Acucarse viene a ser agacharse, pero este verbo no aparece en el diccionario de la Real Academia de la Lengua. De cualquier forma, este pueblo terracampino, situado en un valle en la carretera de Benavente a Palencia, no se quiere doblegar ni perder en el tiempo, y aunque ya hay pocos vecinos que lo habitan, el municipio conserva vestigios de un rico pasado en historia y patrimonio.
A pesar de su sugerente nombre, la villa nada tuvo que ver con el ‘Campeador’. Al parecer, más bien está relacionado con su fundador o repoblador, posiblemente algún comerciante mozárabe de cierto poderío económico. Se conservan documentos de los años 1013 y 1040, en los que se habla de Villa de Zahid o Villa Ceid. Se sabe que la Villa adquirió pronto gran importancia, convirtiéndose en Señorío.
Habitantes ilustres
Durante el reinado de Enrique II de Trastámara (1133-1189), tuvo por señora a Doña Urraca Ponce de León. Familias de alto linaje como los Girón y los Osorio ostentaron también el señorío de Villacid. Precisamente, Álvaro de Osorio y Guzmán, fue el II Señor de Villacid, y sin duda el personaje más relevante de su historia. Este caballero estuvo al servicio de los Reyes Católicos, y posteriormente fue uno de los cuatro mayordomos del emperador Carlos I. Junto con su esposa, está enterrado en la capilla mayor de la iglesia de Santa María. La invasión napoleónica, se dejó sentir en la localidad cuando los franceses se apoderaron de la cercana Medina de Rioseco, el 14 de julio de 1808. El saqueo y expolio de palacios, casas señoriales e iglesias por parte de las tropas galas fue de gran calado. En esta época, se excavaron numerosas cuevas, refugios subterráneos y pasadizos, de los que hoy apenas se conservan en alguna casa como merenderos o despensas.
Tuvo Villacid dos iglesias más, de las que únicamente queda constancia en los legajos: la de San Mamés y Santa María de las Eras; pero la iglesia parroquial es Santa María la Nueva, un edificio gótico de tres naves, del siglo XVI, construido en ladrillo con la excepción de la cabecera que es de sillería.
El rostro del Cid
A un kilómetro del pueblo, en medio de dos caminos, se encuentra la ermita dedicada a la Virgen de Bustillino, cuya imagen románica se guarda en la iglesia parroquial. La romería al santuario se celebra en el mes de septiembre.
Pero si hay un monumento emblemático en el pueblo, es el torreón, conocido por varios nombres: el cubo, la torre de Ita o del Cid. Se trata de una construcción de ladrillo de planta circular, y es una especie de atalaya o resto de una antigua fortaleza. Fruto de la leyenda o la imaginación de los vecinos, se cuenta que cuando la lluvia se adueña de los campos, desde el soportal de la iglesia parece divisarse bajo el cubo una cara que se parece al rostro del Cid. Los chicos del pueblo, cuando la nieve cuaja, se deslizan por la cuesta del torreón montados en los sacos de arpillera a modo de trineo. El resto del año, bajan la cuesta haciendo filigranas sobre las bicicletas o las motos.
Es precisamente junto a la torre del Cid donde se disfruta de las mejores vistas. Los palomares se alzan orgullosos en el horizonte, que parece incendiarse con la puesta de sol entre el amarillo pajizo de los campos. En estas planicies se dan cita algunas comunidades ornitológicas muy importantes. Así, la tranquilidad del lugar y el paisaje son algunos de los tesoros de este pequeño pueblo de Tierra de Campos.
|