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El
pueblo de las letras
Urueña, convertida en la Villa
de los Libros, supera los
diez mil visitantes en sus tres primeros fines de semana,
con un público de turistas tradicionales y bibliófilos
Cristina Vasco / Valladolid
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| Dos niños, ante el escritorio
de un copista, en la exposición. / Fran Jiménez |
La Villa del Libro es una realidad. Ya lo
han podido comprobar los primeros visitantes que se han
acercado a Urueña
desde que el nuevo proyecto se inauguró, hace tres
semanas. Algunos de ellos han pasado por el pueblo en su
camino al norte de España, como un descanso en su
viaje. Otros se han acercado ex profeso, para conocer las
librerías y el centro e-Lea. En estos días
en Urueña se ha podido ver a bibliófilos
buscando un tipo muy concreto de libros, y a turistas con
ganas de conocer un sitio nuevo. Cada fin de semana, más
de 3.000 personas visitan el pueblo. Desde que abrió sus
puertas el Valle, los números dicen que más
de diez mil personas conocen ya un proyecto único
en España: el del turismo basado en los libros.
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Aún no son las once de la mañana y la calle
está casi desierta. Una mujer, sentada en la puerta
de la librería Almadí, juega con su perro.
Es Marta, la dueña del establecimiento. Ha venido
desde Valencia, porque la idea de la Villa le pareció «muy
bonita». Para ella, es el único proyecto «completo
y con respaldo» que hay en esta materia. Desde luego
es el primero que existe en España. Su tienda está especializada
en libros de todo el Mediterráneo: Egipto, Italia,
Grecia... Su libro estrella, expuesto en un lugar bien
visible de la exposición, es una edición
de ‘La Celestina’, en facsímil, editada
en Valencia. Otro de los productos que más llaman
la atención de los visitantes son unas láminas
que muestran la evolución de la imprenta, desde
que nació, con Guttemberg, hasta el offset.
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| José Antonio coloca los
desplegables de ‘La boutique del cuento’.
/ Fran Jiménez |
Atracción por el libro
Marta también destaca el espacio que dedican a la
poesía y al teatro para «intentar resarcirlos
y que ya no sean géneros menores». Y las ventas
de la poesía escrita por mujeres afganas, unos textos
difíciles de conseguir en una librería normal.
Entre su clientela destaca dos grupos: «los que vienen
a ver el pueblo y los bibliófilos».
José Antonio Largo, de La Boutique del cuento, librería
vallisoletana con una ‘delegación’ en
Urueña, también habla de sus clientes. «Aquí son
diferentes. Vienen, miran y eligen. En Valladolid hay que
asesorar más». Su local está lleno
de libros infantiles desplegables, ya que lo que pretenden
es «presentar algo en el que lo estético sea
el primer plato, para los que se inician en esto de las
letras», pero también tienen cosas para adultos,
bellas ediciones de cartas de Miguel Hernández,
de casas de muñecas...
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| Uno de los carteles explicativos
de la Villa.
/ Fran Jiménez |
A las once abre el centro e-Lea y la exposición
ya tiene visitantes. La primera es Amparo Paniagua, que
ha venido desde Valladolid y que, además de las
librerías y el centro e-Lea, quiere visitar el museo
de las campanas y el clásico museo etnográfico
de Joaquín Díaz. Aunque lo que le ha llevado
hasta Urueña es su atracción por «el
libro, la letra, la literatura... y el buen comer».
La localidad cuenta con dos restaurantes –pronto
serán tres– que se han visto sorprendidos
por la afluencia de público: 3.600 visitantes en
su primer fin de semana, muchos de los cuales tuvieron
que esperar para comer, porque los salones estaban abarrotados.
Una pareja y sus dos hijos llegan al museo. Los niños
son pequeños, aún no saben leer y miran la
pantalla con otros ojos. «¡Una medusa!»,
exclaman cuando ven un caracter oriental. No parecen muy
aburridos mientras recorren la sala mirandolo todo –sin
pararse demasiado–. Sus padres, que ya conocían
el pueblo, lo han encontrado cambiado. «Ha mejorado,
hay más casas rehabilitadas, ¡y con gusto!».
Su interés se centra en la librería Lex Nova,
especializada en ediciones facsímiles de textos
jurídicos y, por supuesto, en La boutique del cuento,
parada obligada cuando se visita la Villa con los más
pequeños de la casa.
En la entrada del e-Lea las azafatas ayudan al visitante
y atienden la pequeña tienda de regalos, con peluches
que representan a Don Quijote y Sancho Panza, tazas, gorras
y diferentes objetos para escribir. Pero también
hay lápices de 30 centímetros de longitud,
de colores chillones y muy flexibles. «Son los que
compran los niños cuando les traen de excursión
con el colegio. Se lo pasan muy bien, sobretodo en la zona
de los ordenadores». Parece que el museo se ha transformado,
ya no es ese lugar aburrido al que te obligaban a ir. Ahora,
quizás gracias a la incorporación de las
nuevas tecnologías, se ha convertido en un lugar
de ocio más.
« Una maravilla»
Laura González, que trabaja en la oficina de información,
en la que también está la librería
institucional, comenta que algunas personas se acercan
hasta allí y le preguntan qué es eso de la
Villa del Libro, porque no saben muy bien en qué consiste. «Les
explico que es un proyecto de un pueblo que hace turismo
sobre libros», comenta.
Entre los turistas predominan las parejas, los grupos de
amigos, pero la mayoría no suelen venir con niños.
Ellos llegan con las visitas escolares.
«
Es una maravilla. Puede que la exposición sea básica,
pero es muy ilustrativa». María Carrasco procede
de Madrid y afirma que el proyecto «ha tenido una
publicidad impresionante, pero a partir de ahora lo que
va a funcionar es el boca a boca», asegura. Por eso
le parece importante «terminar la infraestructura
que aún se está creando. El restaurante,
por ejemplo, está deseando que acaben con las obras
para poder abrir».
El optimismo de Marta, José Antonio, Amparo, Laura
y María, y su confianza en el proyecto –aunque
remarcan que la publicidad debe seguir, que la gente tiene
que ir y comprar–, choca de frente con la opinión
de Florencia Negro. Esta vecina de Urueña –«de
Urueña de toda la vida»–, asegura que
ya ha entrado al museo, aunque había mucha gente
ese día y apenas pudo verlo. «Volveré,
pero dudo mucho de que todo esto vaya a dar más
vida al pueblo». |