06/04/2007

  El pueblo de las letras

Urueña, convertida en la Villa de los Libros, supera los
diez mil visitantes en sus tres primeros fines de semana,
con un público de turistas tradicionales y bibliófilos

Cristina Vasco / Valladolid

 

Dos niños, ante el escritorio de un copista, en la exposición. / Fran Jiménez

La Villa del Libro es una realidad. Ya lo han podido comprobar los primeros visitantes que se han acercado a Urueña desde que el nuevo proyecto se inauguró, hace tres semanas. Algunos de ellos han pasado por el pueblo en su camino al norte de España, como un descanso en su viaje. Otros se han acercado ex profeso, para conocer las librerías y el centro e-Lea. En estos días en Urueña se ha podido ver a bibliófilos buscando un tipo muy concreto de libros, y a turistas con ganas de conocer un sitio nuevo. Cada fin de semana, más de 3.000 personas visitan el pueblo. Desde que abrió sus puertas el Valle, los números dicen que más de diez mil personas conocen ya un proyecto único en España: el del turismo basado en los libros.

 

Aún no son las once de la mañana y la calle está casi desierta. Una mujer, sentada en la puerta de la librería Almadí, juega con su perro. Es Marta, la dueña del establecimiento. Ha venido desde Valencia, porque la idea de la Villa le pareció «muy bonita». Para ella, es el único proyecto «completo y con respaldo» que hay en esta materia. Desde luego es el primero que existe en España. Su tienda está especializada en libros de todo el Mediterráneo: Egipto, Italia, Grecia... Su libro estrella, expuesto en un lugar bien visible de la exposición, es una edición de ‘La Celestina’, en facsímil, editada en Valencia. Otro de los productos que más llaman la atención de los visitantes son unas láminas que muestran la evolución de la imprenta, desde que nació, con Guttemberg, hasta el offset.

José Antonio coloca los desplegables de ‘La boutique del cuento’. / Fran Jiménez

Atracción por el libro

Marta también destaca el espacio que dedican a la poesía y al teatro para «intentar resarcirlos y que ya no sean géneros menores». Y las ventas de la poesía escrita por mujeres afganas, unos textos difíciles de conseguir en una librería normal. Entre su clientela destaca dos grupos: «los que vienen a ver el pueblo y los bibliófilos».

José Antonio Largo, de La Boutique del cuento, librería vallisoletana con una ‘delegación’ en Urueña, también habla de sus clientes. «Aquí son diferentes. Vienen, miran y eligen. En Valladolid hay que asesorar más». Su local está lleno de libros infantiles desplegables, ya que lo que pretenden es «presentar algo en el que lo estético sea el primer plato, para los que se inician en esto de las letras», pero también tienen cosas para adultos, bellas ediciones de cartas de Miguel Hernández, de casas de muñecas...

Uno de los carteles explicativos de la Villa. / Fran Jiménez

A las once abre el centro e-Lea y la exposición ya tiene visitantes. La primera es Amparo Paniagua, que ha venido desde Valladolid y que, además de las librerías y el centro e-Lea, quiere visitar el museo de las campanas y el clásico museo etnográfico de Joaquín Díaz. Aunque lo que le ha llevado hasta Urueña es su atracción por «el libro, la letra, la literatura... y el buen comer». La localidad cuenta con dos restaurantes –pronto serán tres– que se han visto sorprendidos por la afluencia de público: 3.600 visitantes en su primer fin de semana, muchos de los cuales tuvieron que esperar para comer, porque los salones estaban abarrotados.

Una pareja y sus dos hijos llegan al museo. Los niños son pequeños, aún no saben leer y miran la pantalla con otros ojos. «¡Una medusa!», exclaman cuando ven un caracter oriental. No parecen muy aburridos mientras recorren la sala mirandolo todo –sin pararse demasiado–. Sus padres, que ya conocían el pueblo, lo han encontrado cambiado. «Ha mejorado, hay más casas rehabilitadas, ¡y con gusto!». Su interés se centra en la librería Lex Nova, especializada en ediciones facsímiles de textos jurídicos y, por supuesto, en La boutique del cuento, parada obligada cuando se visita la Villa con los más pequeños de la casa.

En la entrada del e-Lea las azafatas ayudan al visitante y atienden la pequeña tienda de regalos, con peluches que representan a Don Quijote y Sancho Panza, tazas, gorras y diferentes objetos para escribir. Pero también hay lápices de 30 centímetros de longitud, de colores chillones y muy flexibles. «Son los que compran los niños cuando les traen de excursión con el colegio. Se lo pasan muy bien, sobretodo en la zona de los ordenadores». Parece que el museo se ha transformado, ya no es ese lugar aburrido al que te obligaban a ir. Ahora, quizás gracias a la incorporación de las nuevas tecnologías, se ha convertido en un lugar de ocio más.

« Una maravilla»

Laura González, que trabaja en la oficina de información, en la que también está la librería institucional, comenta que algunas personas se acercan hasta allí y le preguntan qué es eso de la Villa del Libro, porque no saben muy bien en qué consiste. «Les explico que es un proyecto de un pueblo que hace turismo sobre libros», comenta.
Entre los turistas predominan las parejas, los grupos de amigos, pero la mayoría no suelen venir con niños. Ellos llegan con las visitas escolares.

« Es una maravilla. Puede que la exposición sea básica, pero es muy ilustrativa». María Carrasco procede de Madrid y afirma que el proyecto «ha tenido una publicidad impresionante, pero a partir de ahora lo que va a funcionar es el boca a boca», asegura. Por eso le parece importante «terminar la infraestructura que aún se está creando. El restaurante, por ejemplo, está deseando que acaben con las obras para poder abrir».
El optimismo de Marta, José Antonio, Amparo, Laura y María, y su confianza en el proyecto –aunque remarcan que la publicidad debe seguir, que la gente tiene que ir y comprar–, choca de frente con la opinión de Florencia Negro. Esta vecina de Urueña –«de Urueña de toda la vida»–, asegura que ya ha entrado al museo, aunque había mucha gente ese día y apenas pudo verlo. «Volveré, pero dudo mucho de que todo esto vaya a dar más vida al pueblo».