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Reunión
de soledades
El poeta Antonio Colinas y el pintor
y grabador José Noriega unen su trabajo en la exposición inaugural
Angélica Tanarro / Valladolid
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| Antonio Colinas
y José Noriega frente a sus obras. / Ramón Gómez |
Como pasar de la utopía a la realidad. De la poesía
a la contundencia de un espacio pensado para celebrar la
vigencia del libro. Así valoraba ayer el poeta Antonio
Colinas un proyecto en el que su palabra tiene especial
protagonismo. Y lo decía momentos antes de que la
exposición en la que ha trabajado con el pintor
José Noriega abriera oficialmente sus puertas con
la presencia de las autoridades presentes en Urueña.
‘
Luz que llora luz’. Así se titula este lugar
en el que se han unido las palabras del poeta con los grabados
del artista.
En el principio, fueron las palabras. Todo comenzó hace
dos años cuando Colinas escribió un poema
inspirado en el paisaje y la luz de Urueña en el
que se preguntaba «¿Conocéis el lugar
donde van a morir/ las arias de Haendel?» y se respondía «Está aquí,
en el centro del centro de Castilla,/ donde por los linderos
morados/ se tensa, como un arco, la luz;».
Esa luz fue la que le llegó a José Noriega
y puso en marcha una serie de grabados que han dado lugar
a una exposición y a un libro conmemorativo, de
esos libros-objeto que salen de su taller de Velliza.
«
Cuando me llegó el poema –relata Noriega– me
impactó la luz que está en su interior y
empecé a trabajar en torno a ella. El resultado
son cuatro miradas sobre el tema, que de ninguna manera
considero una ilustración, pues los poemas no pueden
ilustrarse. Son un acompañamiento».
Cuatro miradas
Esas cuatro miradas se resumen en cuatro series ‘Niebla’, ‘Noche’ –como
la negación de la luz–, ‘Agua’ –como
lugar donde se acumula la luz– y ‘Fuego’ –como
la pasión de esa luz–. «Y todo ello
con la mirada puesta en el paisaje de Urueña, entendiendo
el paisaje no como la piel sino como zumo de ese lugar».
Si Antonio Colinas comentaba que este proyecto era una
buena prueba de cómo palabra e imagen pueden convivir
en perfecta armonía, para Noriega el libro que ha
resultado de su trabajo es la casa donde se juntan dos
soledades. «Dos personas crean en soledad y juntan
su soledad en una casa que les alberga. Esa casa es el
libro».
El artista destaca cómo en un lugar donde se rememora
la historia del libro y los cambios que la tecnología
ha impuesto en su producción, él ha unido
las más novedosas técnicas infográficas
como la manera tradicional de grabar que supone la técnica
de la xilografía. Al fin, una manera de escribir
sobre los tacos de madera.
La relación de Antonio Colinas con la villa la explica
el poeta en un bello texto del catálogo de la exposición.
En él recuerda sus primeras visiones de Urueña,
desde la carretera, durante sus idas y venidas de estudiante
desplazado a Madrid. Y el primer día que la visitó. «Luego,
se convirtió en una realidad el día en que
rompí la distancia y el misterio, y entré en
sus piedras, y contemplé el paisaje inmenso desde
arriba, y comprendí la sensación leopardiana
de ‘infinitud’».
Narra después su alejamiento de estos paisajes,
su residencia en Italia y su reencuentro con el lugar tras «años
de peregrinaje y de alejamiento radical». «¿Cómo
definir todas estas sensaciones, este reencuentro con el ‘lugar
secreto’ de que he comenzado hablando? Se imponía
el silencio. O acaso, había que imaginar músicas. ¿Las
de quién?».
Sensaciones
Las sensaciones de Noriega en torno al poema se explicitan
en ‘Lágrimas de ortiga’. «Y no
fue diferente lo que me sucedió cuando leí por
primera vez el poema de Antonio Colinas ‘¿Conocéis
el lugar?’: se me hizo mosto entre las manos; bebí cuanto
pude y tardé en darles jabón y agua para
que no perdieran el aroma, para que, como al andar con
aguarrás me gusta que perdure en mí el perfume
del alma de los pinos y los alerces, me quedara del poema
su aceite por más tiempo...»
Todo esto sucede en la planta baja del centro e-Lea donde
la exposición permanecerá abierta hasta el
final de mayo. En «el centro del centro de Castilla» y
en el centro-motor de un proyecto que ayer echó a
andar con muchas complicidades.
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