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Colegiata de
San Luis Sobre
el casco urbano de Villagarcía de Campos destaca
la fábrica de la Colegiata de San Luis, uno de los
más importantes noviciados de la Compañía
de Jesús. Fue fundación de Magdalena de Ulloa,
esposa del ya mentado Quijada. La iglesia conventual es
un edificio renacentista del siglo XVI que fue obra del
arquitecto Rodrigo Gil de Hontañón. Está
construida en piedra en el más puro estilo jesuítico,
con una sola nave dividida en cinco tramos y con capillas
entre contrafuertes, que se cubre con bóvedas de
cañón con lunetos, excepto en el crucero que
lleva cúpula vaída. Coro alto a los pies.
Puerta adintelada. Espadaña de cuatro cuerpos de
piedra a la cabecera. El retablo del altar mayor es obra
de Juan de Herrera y dentro de la cripta de esta Colegiata
se alberga un interesante museo, donde se muestran excelentes
ejemplos del patrimonio artístico y cultural de la
misma, destacando su buena colección de esculturas,
tapices y pinturas, así como de ornamentos sacerdotales.
En los jardines de esta Colegiata también se puede
ver un curioso acueducto.
Museo Colegiata de San Luis. Tel.: 983 717 032
Iglesia parroquial de San Pedro
La iglesia parroquial de Villagarcía de Campos se
dedica a San Pedro y es un edificio mudéjar del siglo
XV, de piedra, con tres naves separadas por pilares que
sostienen arcos rebajados, dividido en dos tramos que se
cubren en la nave central con techo plano y en las laterales,
con cubierta de madera a una vertiente, el coro en alto,
se sitúa a los pies del templo. La puerta de ingreso
se localiza en el lado de la Epístola, conformada
por un arco de medio punto, y la torre es de tres cuerpos,
construida en piedra y ladrillo. En su interior conserva
un interesante relieve de Cristo descendiendo de la cruz.
Otros datos de interés
Del que fuera palacio del mayordomo de Carlos V, don Luis
de Quijada (s. XVI), poco queda. Tan solo el recuerdo histórico
de que en él residió y fue educado el hijo
bastardo de Carlos I, don Juan de Austria, conocido popularmente
como “Jeromín”, y al cual reconocería
como hermano Felipe II en 1559 después de una cacería
celebrada en el próximo monasterio de La Santa Espina.
No ocurre lo mismo con su castillo del siglo XV, que aún
conserva parte de su antigua prestancia. A todo esto se
unen varias buenas casonas señoriales repartidas
por su casco urbano como las que se pueden ver en las calles
del General Mola y San Luis, junto con el Hospital, hoy
convertido en Casa de Cultura de la villa, y la ermita barroca
del Ecce Homo.
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