El Norte de Catilla.
16 de julio de 2005
La verdad de las tres mentiras
Situado en la Tierra de Campos, Villanueva de los Caballeros afronta los típicos problemas de un pueblo pequeño
Texto de M. García. Fotografía de M. J. Cachazo.
Le llaman ‘La ciudad de las tres mentiras’, porque ni es villa ni es nueva ni tiene caballeros. Sin embargo, Villanueva de los Caballeros es un lugar que no engaña en la primera impresión que deja al viajero: es pequeño, bonito, limpio y silencioso.
Todo un verdadero pueblo, por tanto, con derecho a rechazar la definición que la Real Academia ofrece de esta palabra: «población de menor categoría».
La localidad está situada al norte de la provincia de Valladolid, en la comarca de Tierra de Campos, que en la Edad Media fue una de las más prósperas del país, comercial y económicamente, pero que hoy día sufre un lento proceso de decadencia marcado por la sequedad y el despoblamiento. Pero no todo son tragedias, y Villanueva conserva su belleza verde y ocre, bañada por el río Sequillo y las extensas llanuras cerealistas.
Peculiaridades
Una vez en el pueblo, lo más destacable es sin duda la iglesia de San Pedro Apóstol, construcción típica de la comarca, es decir: del siglo XVII, barroca y con muros de piedra. Y no obstante, lo más especial es su torre, un extraño híbrido edificado a lo largo de los siglos, y de la que se afirma que solo hay una parecida en toda España.
Como toda pequeña localidad que se precie, Villanueva de los Caballeros tiene sus leyendas. Los lugareños afirman que en las bodegas que hay en la entrada del pueblo hay un túnel que comunica con la villa vecina de Tordehumos, pero aún no ha aparecido el intrépido explorador que se aventure a comprobarlo.
Lo que sí es seguro es que, cerca de allí, en el pago conocido como ‘Molino de las Cuatro Rayas’, se han descubierto unos restos arqueológicos de la Edad del Hierro, un bronce de la época romana, que representa las puertas de la ciudad, y varias cerámicas medievales. Todo un testimonio de la antigüedad y la historia de la región.
La vida en el pueblo es tranquila, con una población muy mayor –el curso que viene contará con solo cinco niños en la escuela– pero abierta y sociable. Y a pesar del lento goteo de personas que se marchan, cada casa que se pone a la venta encuentra comprador: gente que busca tranquilidad para el fin de semana y las vacaciones.
Las fiestas del verano
Primavera y verano son, precisamente, las épocas del año en las que más animación hay en el pueblo. El 15 de mayo son las fiestas patronales de San Isidro, y del 17 al 20 de agosto se desarrollan las ‘Fiestas del Veraneante’, organizadas por los jóvenes de Villanueva de los Caballeros, que se ponen en movimiento y mueven cielo y tierra para dar al pueblo cuatro días de alegría, música y buen humor. Entre las actividades que realizan, destacan los fuegos artificiales, la parrillada, la fiesta de la espuma, los juegos infantiles o el concurso de
‘playback’.
Además, el pueblo ha sido seleccionado por el Proyecto Verano Activo del servicio de deportes de la Diputación, y recibirá a los niños de San Cebrián de Mazote y Villalbarba en un intento por promocionar las actividades entre las localidades de menos de 250 habitantes.
Porque el resto del año el pueblo se queda vacío. A falta de industria –aunque ha presentado, con otros municipios, un proyecto para establecer un micropolígono– la gente emigra a ciudades más grandes, y no son muchos los alicientes que la vida allí presenta entonces.
La responsabilidad de mantener la respiración de Villanueva de los Caballeros queda pues en los propios habitantes, en su iniciativa e implicación para que las bellas casas de la localidad alojen algo más que piedra antigua.
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