El Norte de Castilla.
19 de septiembre de 2005
Al son de la música matinal
Ribota trabaja en la creación de las normas subsidiarias que ayuden a atender la demanda de suelo urbanizable
Texto y fotografías de Isabel Jimeno
Un monumento en piedra labrada durante años por un vecino del pueblo, Pablo, cuando le llegó la jubilación recibe al visitante a su llegada al pueblo. Aún sin terminar, llama la atención.
La carretera sigue y se adentra en las calles de Ribota, que ya se han callado y recuperan la rutina del día a día. Habrá que esperar al año que viene para que lleguen otra vez las fiestas en honor de Nuestra Señora de la Antigua, que este fin de semana han consumido una nueva edición. El sonido de la dulzaina y el tamboril se ha ido. Y es que la música que ameniza las mañanas es uno de los actos más característicos y más multitudinarios de Ribota.
Gregorio Santamaría Azuara, hijo predilecto del pueblo, a la caja, es el encargado de llevar la música por las calles del pueblo desde las nueve de la mañana con el pasacalles. Los músicos recorren Ribota y paran en cada casa para recibir la invitación de los vecinos. «Los músicos que vienen se quedan un poco asombrados de la hospitalidad de este pueblo», destaca el alcalde, Francisco Javier Fernández Fernández.
De ahí a la misa y la procesión sin dejar de escucha el sonido de la música que se prolonga durate el vermú. «Por la mañana hay un ambiente fabuloso», subraya Francisco Javier Fernández.
Estos días y, sobre todo en verano, la población se multiplica. Lejos de la cifra que refleja el censo, cincuenta habitantes, Ribota llega a congregar a seiscientas personas. También experimenta un gran cambio la pedanía de Aldealázaro, que sin habitantes censados, durante los fines de semana y el estío abre sus casas para llenarse con medio centenar de personas.
Un nuevo depósito
Este drástico cambio hace que en épocas puntuales los problemas se agraven. Así, el pequeño depósito de Aldealázaro no puede hacer frente al crecimiento de la demanda y «cuando llega el verano no tenemos más remedio que dar servicio a través de cisternas», advierte el regidor, que espera que con el nuevo depósito y conducción hasta la pedanía se acaben los problemas.
Otra de las dificultades a las que debe hacer frente Ribota es la escasez de terreno urbanizable. «Estamos a la espera de que se terminen las normas subsidiarias y, luego, ver cómo se puede desarrollar», advierte el regidor. Y es esta carencia limita la construcción en el pueblo ya que la demanda, incluso de gente de fuera que nada tiene que ver con el pueblo, existe. «Prácticamente tardamos lo mismo a Madrid que a Segovia», apunta Francisco Javier Fernández como uno de los motivos para que los veraneantes fijen sus mirada en Ribota, con un frondoso paisaje y la sierra de Ayllón como marcos.
Incluso el pueblo puede presumir de haber conseguido asentar población joven de fuera que trabaja en la zona. Junto a ellos, los jubilados que desean regresar en busca de la tranquilidad de su pueblo permiten contener ligeramente el descenso del padrón.
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