El Norte de Castilla.
25/08/2006
Los sonidos
del día
El pasacalles
y la música durante
el vermú, los mejores momentos
de las fiestas de Ribota
Texto y fotografías de Isabel Jimeno
Desde por la mañana hasta por la noche, la música no
para de sonar durante las fiestas en Ribota, que llenan el pueblo
de un ambiente especial.
El sonido del pasacalles despierta a los vecinos en la mañana
del sábado del tercer fin de semana de mayo, con motivo de
los festejos en honor de la Virgen de la Antigua. Los acordes de
la charanga comienzan a sonar pronto. La Orquesta Amigos, como así se
llama el grupo, recorre las calles de Ribota y se detiene en casi
todas las casas del pueblo para cumplir con el ritual.
Los músicos, entre los que se encuentra alguno de la localidad,
son muy bien recibidos por los vecinos, que les invitan a entrar
en sus casas para desayunar o almorzar, dependiendo de la hora, pues
el pasacalles se prolonga durante buena parte de la mañana.
Las campanas marcan que se acerca el final del recorrido musical
para dar paso a la Eucaristía. Unos minutos de silencio en
las calles y de nuevo la charanga sale del templo con su música
para acompañar los bailes durante la procesión.
Acaban en los actos litúrgicos, pero el ambiente musical,
no. Y es que comienza el vermú y la Orquesta Amigos continúa
tocando sus instrumentos hasta la hora de comer, que se retrasa hasta
más tarde de lo habitual.
La actuación de un grupo de danzas por la tarde y la orquesta
por la noche permiten que la música continúe sonando
por las calles de Ribota hasta que, de nuevo, el domingo por la mañana,
la Orquesta Amigos recorre las calles con su tradicional y animado
pasacalles.
La historia se repite el tercer o cuarto fin de semana de septiembre,
cuando los riboteños vuelven a honrar a su patrona, la Virgen
de la Antigua.
Hijo predilecto
Y buena parte del buen ambiente y espíritu festivo que respira
durante el día en Ribota se debe a Gregorio Santamaría
Azuara, un vecino del pueblo al que el Ayuntamiento nombró el
año pasado hijo predilecto del pueblo por su trabajo altruista
tocando la caja durante los días grandes en la localidad.
También Gregorio Santamaría y su grupo Orquesta Amigos
son los encargados de dar un toque diferente a la Semana Santa desde
hace unos años con las saetas que interpretan durante la procesión
del Viernes Santo.
La asociación El Yugo organiza
una fiesta y una comida en verano
Isabel Jimeno.
El verano, la época
en la que más gente hay en Ribota,
quedaba un poco huérfano de fiesta
hasta que hace unos años la asociación
cultural El Yugo decidió organizar
unos festejos para animar el mes de agosto.
Fue la semana pasada cuando los acordes festivos
volvieron a entonar gracias a este colectivo.
Además del grupo musical que amenizó la
noche del sábado, una comida también
sirve de excusa para reunir a vecinos y veraneantes
de Ribota. Y es que si el censo no llega
al medio centenar de habitantes, durante
el verano la población del municipio
se dispara. De hecho, la agrupación
cuenta con cerca de trescientos socios. Lo
mismo ocurre en Aldealázaro, una pedanía
de Ribota, que desde hace más de un
cuarto de siglo está deshabitada.
Nadie vive en sus casas a diario, pero los
fines de semana y en verano sí se
abren para albergar a unas cincuenta personas
que también se suman a las fiestas
de Ribota, separada por poco más de
dos kilómetros.
Entre fiesta y fiesta, la actividad en el
municipio se centra en el trabajo y en el
local de la asociación, que también
hace las veces de bar. Aunque hay poca gente,
el centro abre todos los días para
hacer más amena la vida a los vecinos,
que acuden a diario a tomar un café o
echar la partida en las duras y bastante
solitarias noches de invierno en este pequeño
pueblo del nordeste segoviano.
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