| ASin alguien
está especialmente feliz por la
consecución del ascenso a Primera
División, ese es José Luis
Pérez Caminero. Con él en
la plantilla, en su último año
como profesional, el conjunto vallisoletano
descendió al infierno de la Segunda
División. Esa es una herida que
ha llevado abierta durante estas tres
temporadas en la categoría de plata.
Ahora, en su segunda campaña al
frente de la dirección deportiva
del club blanquivioleta, el ex futbolista
–«aunque yo todavía
me siento jugador», asegura–
ve que el equipo regresa a la categoría
que se merece por historia y ciudad.
‘Cami’ fue también
protagonista del penúltimo ascenso
a Primera División, allá
por la temporada 1992-93. Era integrante
de la plantilla que, a las órdenes
de Felipe Mesones, devolvió al
equipo a la máxima categoría
del balompié nacional. Uno de los
mejores recuerdos de su brillante carrera
deportiva, máxime cuando dejaba
el Real Valladolid para iniciar su apogeo
profesional en las filas del Atlético
de Madrid, club desde el que retornaría
al vallisoletano para acabar con su carrera.
De aquel ascenso en el campo del Palamós,
el director deportivo del Real Valladolid
guarda bonitos recuerdos. «Fue un
partido complicado. Nos jugábamos
todo el año en un solo encuentro,
en noventa minutos. La gran racha que
conseguimos en los últimos diez
partidos fue la que nos hizo llegar a
ese partido con opciones. Recuerdo que
la noche anterior del partido no pegué
ojo. Tampoco pude dormir en la siesta
previa al encuentro. La tensión
era enorme. Sabíamos que venía
mucha gente desde Valladolid y no queríamos
defraudarles», recuerda el ex jugador.
José Luis Pérez Caminero
tampoco olvida «la alegría
de la gente tras la victoria. Recuerdo
a la gente llorando de alegría
en aquel campo. Fue muy emotivo. En el
hotel más de uno fue a la piscina.
Tiramos al agua al entrenador, Felipe
Mesones, y al presidente, Marcos Fernández».
El ex futbolista reconoce que «quizá
es mucho más intenso vivir un ascenso
como jugador que como director deportivo.
Allí lo logramos en el último
partido y eso te aporta una dosis extra
de satisfacción. Nos parecía
que habíamos ganado la final de
la Copa de Europa. Era mi último
partido como jugador del Real Valladolid
y quizá también por eso
fuese más emotivo en mi caso».
El responsable del área deportiva
del Real Valladolid destaca que esta temporada
«todo ha salido rodado, aunque es
verdad que como secretario técnico
se sufre mucho, pues desde la grada poco
puedes hacer. Hemos tenido la fortuna
de contar con un entrenador de garantía
y una plantilla que, a pesar de su juventud,
ha estado implicada en todo momento para
conseguir el ascenso. Y eso que este proyecto
estaba diseñado para dos años,
pero en el primero ha llegado el premio».
Caminero resalta que la suerte siempre
es bienvenida para conseguir un ascenso,
«pero no se consigue sin trabajo.
La suerte influye, pero hacen falta muchas
más cosas para conseguirlo».
Este ascenso ha supuesto un alivio para
‘Cami’. «Para mí
ha significado el cierre de una herida
que tengo desde el último descenso.
Con esto hemos podido devolver a mucha
gente algo de lo que perdieron hace tres
años. Yo le debo mucho a este club
y la entidad regresa por fin a una categoría
que nunca debió perder por ciudad
e historia».
No tiene duda a quién dedicar este
ascenso. «Es para toda la gente
del club que está detrás
de las cámaras y que lo ha pasado
muy mal durante estos tres años
en el pozo de la Segunda División.
La gente de las oficinas, las personas
que se ocupan de los campos o de la lavandería,...
Para todos ellos y, por supuesto, para
los aficionados está dedicado este
logro del primer equipo».
¿Qué es lo primero que va
hacer Caminero tras lograr el ascenso?
Lo tiene claro. Cortarse el pelo. Lleva
seis mese sin hacerlo por superstición.
Lo hizo antes de la derrota ante el Salamanca.
Como el equipo lleva desde entonces sin
perder, el director deportivo optó
por no cortárselo. «Lo primero
que voy hacer es cortarme el pelo. Mi
peluquero, Ángel Sebastián,
ya me echa de menos, pues son seis meses
sin pasar por sus tijeras».
Un buen proyecto
Caminero reconoce que las supersticiones
son un realidad en el fútbol. «Vas
cogiendo las de otras personas cuando
las rachas son buenas. Los jugadores y
también los ex futbolistas, por
lo general, somos muy supersticiosos».
El club ya trabaja en la planificación
del equipo para la próxima temporada.
Resalta que los ojeadores se han fijado
en algunos de los futbolistas de la primera
plantilla blanquivioleta. «Somos
un club vendedor y con buenos futbolistas.
Contamos con un equipo joven y con un
técnico que sabe lo que quiere.
Vamos a intentar conformar un bloque competitivo
y homogéneo, siempre teniendo en
cuenta las limitaciones económicas
que arrastra el club».
Ahora, el teléfono de José
Luis Pérez Caminero echa humo.
Los representantes llaman con frecuencia
para tratar de colocar su ‘mercancía’.
«El cambio ha sido brusco. Ahora
te llaman bastante. La Liga española
es una de las más importantes del
mundo y el escaparate perfecto para un
futbolista. Esto atrae a muchos representantes
que quieren colocar aquí a sus
representados. Sobre todo hay muchos extranjeros
interesados en colocar aquí a sus
jugadores».
El ascenso es una realidad. Como en la
temporada 1992-93, el equipo volverá
a recibir el entusiasta apoyo de los aficionados.
Caminero ya conoce la sensación.
Ahora le tocará vivirlo como responsable
del área deportiva. Tiene su parte
de ‘culpa’ en este logro.
El duro descenso de hace tres temporadas
escocerá algo menos. Y el peluquero
de Caminero volverá a cortarle
el pelo seis meses después. Ojalá
que no pierda la fuerza como Sansón
y sea capaz de diseñar un equipo
que permita un retorno sin sobresaltos
al olimpo del fútbol español.
Y es de esperar que no tenga que celebrar
más ascensos porque el club consiga
quedarse para siempre entre los mejores
del balompié español. Caminero
y el Real Valladolid han vuelto... para
quedarse. |