He visto
cosas que vosotros no creeríais.
He visto a Fenoy disparando como un pistolero,
a Míchel tocándole los coquitos
a Valderrama y a Gonzalo Alonso subastar
coches. He visto a Beckenbauer resucitado
en la figura de Caminero, a Cardeñosa
acariciar el esférico con un guante
en su borceguí y a un presidente
destituyendo a un entrenador por la radio.
He visto a un recién llegado Fernando
Hierro debutar con el primer equipo, a
Gail despidiendo al viejo Zorrilla y a
Jorge dando la bienvenida al Nuevo Estadio.
He visto a Higuita haciendo el escorpión,
al Pato Yáñez convertido
en Correcaminos y a Óscar Wirth
(portero y rey de las camisetas extravagantes)
jugar de defensa central. He visto a Marcos
Fernández defender con uñas
y dientes al Pucela, a Rusky, Moré
y Costa llegar desde Barcelona y a Antón
jugar con peluquín. He visto míticos
cuadrangulares del Ciudad de Valladolid
más allá de la medianoche,
he visto el marcador simultáneo
Dardo y he visto a un jeque kuwaití
bajar al estadio a detener un partido.
He visto a Da Silva ser el pichichi de
la liga, a Jacquet mandar en el área
como un mariscal y a César Sánchez
debutar contra el “dream team”.
He visto el no penalty de Ravnic a Butragueño,
a Cantatore salvar a un equipo medio desahuciado
y a Peña meterle tres goles al
Barça en el Camp Nou. He visto
a Aravena lanzar faltas casi desde el
medio campo, a Gilberto romper el balón
con sus cañonazos y a Mágico
González hacer diabluras con el
esférico. He visto a Amarillo firmándome
un autógrafo en el mismo césped
del viejo Zorrilla antes de empezar un
partido, a Edú hacer de las rabonas
un arte y a Landáburu colar un
gol desde el centro del campo en el último
minuto. He visto al Pucela jugar la final
de la Copa del Rey, meterle ocho goles
al Oviedo en el Tartiere y a cientos de
coches bajar del estadio haciendo sonar
el claxon y celebrando la victoria en
la Copa de la Liga. Todos esos momentos
se perderán en el tiempo como lágrimas
en la lluvia. Es hora de.... resucitar
y engancharnos a la MENDILINA: el mejor
fármaco del mundo, ideal para alargar
esta temporada gloriosa llena de récords.
La mendilina, comercializada en exclusiva
por Laboratorios Mendilíbar, es
una sustancia con acción estimulante,
fortalecedora, esperanzadora y levemente
alucinante. Es un derivado adrenalítico
con pequeñas dosis de citrato de
cafeína para levantar el ánimo.
La mendilina se compone de sales de rehidratación
futbolera que ayudan a reducir los estados
de apatía, somnolencia y tiki-taka
fuera de lugar. Recomendado para el tratamiento
de heridas abiertas por fracasos recientes,
alivia el dolor, previene el conformismo
y activa la competitividad. El uso de
la mendilina está indicado en equipos
que presentan síntomas de ansiedad,
tensión, nerviosismo, depresión
y que tienen dificultades para hacer campañas
victoriosas. Un chute de mendilina diario
ayuda a potenciar la autoestima y el orgullo
blanquivioleta. INCOMPATIBILIDADES: no
se han descrito incompatibilidades aunque
se recomienda a los pacientes pucelanos
con madriditis aguda o barcelonitis acusada
que aumenten su dosis. REACCIONES ADVERSAS:
la utilización prolongada de altas
dosis de mendilina puede llevar al paciente
a verse en la final de la Champions. Si
se observa ésta o cualquier otra
reacción adversa no descrita anteriormente,
compártalo con sus amigos. EMBARAZO:
si usted está embarazada o cree
que pudiera estarlo, el consumo de mendilina
durante el embarazo puede provocar un
sentimiento blanquivioleta de carácter
irreversible. Consulte con su médico
aunque es recomendable hacer socio al
bebé nada más nacer. SOBREDOSIS:
Es poco probable que se produzca sobredosis
con este medicamento. En caso de sobredosis,
haga socio al cuñado que se presenta
a comer todos los domingos. La sintomatología
por sobredosis incluye euforia desatada,
impulsos irrefrenables de ponerse calzoncillos
blanquivioletas y unos ciertos aires de
superioridad que se bajan de inmediato
contemplando una fotografía de
Marcos Alonso o Fernando Vázquez.
CADUCIDAD: no se le reconoce caducidad
a este medicamento en Valladolid. RECOMENDACIÓN
FINAL: Suban al Zorrilla sin dilación,
que hasta el doctor House es un yonqui
de la mendilina y ya se ha hecho del Pucela.
Dos años y un ascenso:
objetivo cumplido
javier yepes
.
Con el
resultado alcanzado el domingo en el
Heliodoro Rodríguez, el Real Valladolid
es oficialmente equipo de Primera División,
aunque oficiosamente hace ya bastantes
jornadas que lo era.
Pero no por ello debemos olvidarnos de la forma en la que se ha conseguido. Y
tampoco quedará en el olvido, y el tiempo se encargará de valorarlo
en su justa y correcta dimensión, el récord de resultados obtenidos.
Y eso que aún falta un trecho importante por jugar y las cifras pueden
ser, y yo pienso que lo serán, auténticamente históricas.
Que la plantilla confecccionada por el cuerpo técnico, con José Luis
Pérez Caminero como máximo responsable, era buena, suficiente y
compensada ya se dijo hace bastantes meses. Y que entre todos los aciertos el
de contratación de José Luis Mendilibar como entrenador había
sido el mayor de todos, también. El refrendo de los aficionados coreando
su nombre el último domingo es la prueba definitiva del cariño
que se ha granjeado.
Los nombres de Alberto, Bea, Borja, Rubio, Sisi, Suárez, De la Cuesta
o Manchev han sido el valor añadido sobre la plantilla del pasado año,
y han terminado por rebustecerla; y por ello es muy probable que baste con un
par de retoques, o tres como máximo pero de garantías, para afrontar
la próxima temporada en Primera División. Ese ha sido el gran acierto
de los técnicos: el haber confeccionado una plantilla para dos años
y un ascenso. La temporada venidera, en la que hay que empezar a trabajar desde
ahora mismo, aunque me consta que ya se está en ello, deberá enseñarnos
la realidad de nuestra cantera con valores consagrados como Álvaro, Rafa,
Javier Baraja, Asier o Jacobo y deberán dar entrada a otros como Sergio
Asenjo, Jesús Rueda, Javier Modrego o Cristian Martín (cinco temporadasa
en el filial siendo el mejor) entre otros que están ahí; amén
de valorar el trabajo de los cedidos que, como Sisi, por ejemplo, están
demostrando con sus actuaciones y goles las condiciones que les deberían
hacer acreedores a una nueva oportunidad. Y en ese equipo que ya nos imaginamos
los Marcos, García Calvo o Víctor deberán aportar la tranquilidad
y equilibrio a un vestuario joven y bueno. Con ello empieza a poner fin a una
carrera llena de éxitos con alguna frustración de la última época.
Todo esto si la cabeza se antepone al corazón y la adrenalina cede ante
el poder de la razón. Y esta será la tarea de los tres, a mi modo
de ver, principales artífices del éxito: Carlos Suárez,
José Luis Mendilibar y José Luis Pérez Caminero. A José Luis
Mendilibar esto le ha rehabilitado y de que manera, ante los que dudaban tras
su paso por el Athletic. Y de paso le consagra como técnico de primer
nivel. No olvidará fácilmente Mendi su paso por Pucela.
José Luis Pérez Caminero ha conseguido con este ascenso que se
le abran las puertas del fútbol grande, en el cual, y a no mucho tardar,
acabará por demostrar sus condiciones. Tiene conocimientos, contactos
y don de gentes. Pará Suárez el año del ascenso ha sido
el de su vuelta al despacho; ahí, en su hábitat natural, este sí y
no otros, ha trabajado y deberá seguir haciéndolo. Tiene una gran
tarea inmediata y pendiente como es la de hacer buena la foto del Zorrilla con
la construcción definitiva del Arena, y otra latente como la de frenar
esa deuda de más de 30 millones que nos come vivos. De cualquier forma
a Carlos le veo diferente, no sé, menos flequillo y menos banquillo. Más
presidente.
Una
larga carrera de futbolista
miguel delibes
extractos de ‘mi vida al aire libre. memorias
deportivas de un hombre sedentario’
.
Yo creo
que mi primera afición deportiva,
asumida como pasión, como auténtica
pasión desordenada, fue el fútbol.
Antes aprendí a nadar, a montar
en bicicleta y, como se ha visto, acompañaba
a mi padre de morralero en sus excursiones
cinegéticas, pero ni la natación,
ni la bicicleta, ni la caza tiraron de
mí con la fuerza con que lo hizo
el fútbol a los ocho o nueve años.
Un fútbol en principio teórico,
periodístico, de resultados y clasificaciones;
un poco lo que fue el ciclismo hasta que
la televisión nos acercó
las imágenes de los routiers y
pudimos admirar su esfuerzo. Y ¿cómo
nació esta pasión tan grande
en una criatura tan pequeña? Yo
sospecho que estas pasiones infantiles
brotan, en principio, de un amor desmedido
por la patria chica, hacia los que estima
sus representantes, y una gratuita actitud
de hostilidad hacia el forastero. Una
especie de xenofobia pueblerina nos poseía
a los párvulos del primer tercio
de siglo. Esto quiere decir que yo fui
hincha antes que aficionado. Anteponía
al espectáculo el triunfo de mi
equipo, el Real Valladolid Deportivo.
Y hasta tal punto vivía sus peripecias
de corazón que, de muy niño,
hacía solemnes promesas al Todopoderoso
si el Real Valladolid salía victorioso
en Las Gaunas o El Infierniño.
En cambio, cuando jugaba en casa, me parecía
que bastaban mi aplauso y mis voces de
aliento para triunfar y no iba con embajadas
al Todopoderoso. Pero mi pasión
futbolística no se detuvo ahí.
El Real Valladolid era un equipo modesto
de tercera división, y mi afición
desbordada no respetó estos límites
y se extendió a las divisiones
superiores. No creo haber sido nunca un
memorión (...). En cambio, de mis
conocimientos futbolísticos todavía
quedan vestigios cincuenta y cinco años
después. Hubo un tiempo en que
yo recitaba al dedillo las alineaciones
de los equipos de primera, segunda y tercera
división. Conocía el nombre
de sus campos, de sus entrenadores, de
los jugadores reservas e, incluso, recordaba
perfectamente los resultados de los encuentros
jugados durante las tres últimas
temporadas en las tres divisiones españolas.
Esto demuestra las posibilidades de un
niño de diez años cuando
pone empeño en un asunto, pero
mis facultades dejarán de admirar
a nadie, si añado que mis hermanos
José Ramón y Federico, varios
años menores que yo, eran capaces
de los mismos alardes de memoria.
Antes de empezar a frecuentar el fútbol
como espectáculo, nos recuerdo
a los tres las tardes de los domingos
yendo a ver los resultados de los partidos
a Casa Baticón, en los soportales
de Cebadería, en la Plaza Mayor.
Nos bastaba un vistazo a la pizarra para
retener las cifras. Luego regresábamos
comentando las sorpresas de la jornada
y, de nuevo en casa, nos entreteníamos
preguntándonos uno a otro los tanteos
de esos mismos resultados en las dos temporadas
anteriores, con la particularidad de que
en rarísimas ocasiones fallábamos
la respuesta. Es claro que si yo hubiese
puesto la mitad del interés que
puse en el fútbol en la química
o las matemáticas, otro gallo me
hubiera cantado, pero no fue así.
A mí lo que me exaltaba era el
fútbol y ávido de darle
una categoría científica,
inventé la primera teoría,
que formulé con terminología
de ley en 1932: el equipo que después
de perder en casa visita a otro que viene
de ganar fuera, si no se alza con el triunfo
sumará al menos uno de los dos
puntos en litigio. Consideraba esta ley
fruto de la observación, como todas
las grandes leyes científicas que
rigen la vida y el universo, y me jactaba
de ella. El fútbol era una cosa
muy seria puesto que admitía su
vertebración en leyes. Y como esta
formulación encerraba buena parte
de verdad, en el colegio me dio nombradía
y, diez años más tarde,
el cronista deportivo de El Norte de Castilla,
al hacer los pronósticos del sábado
mencionaba la ley Delibes como un físico
mencionaría a Newton al hablar
de la gravitación universal (...).
Los años no me enfriaban. Me empezó
a enfriar el hecho de ver a mi alrededor
hinchas tan fanáticos como yo lo
había sido en el antiguo campo
aunque de más edad. Y ya, definitivamente,
dejé de asistir al fútbol
como espectáculo al aire libre,
el día que se decidió que
los espectadores, o los futbolistas, o
los árbitros o quizá todos
deberíamos estar enjaulados como
reclusos para evitar agresiones. No obstante,
el veneno queda. Y hoy día, cada
vez que se anuncia un partido por televisión,
procuro resolver mis asuntos para tener
libres las dos horas de transmisión.
Y hasta tal punto me he habituado a ver
el fútbol en pantalla, que el par
de veces que me he acercado después
a un estadio no me he enterado de nada;
en la pradera hay demasiada gente, se
mueven todos a la vez, los goles me pillan
de sorpresa y cuando espero la repetición
desde otro ángulo y ésta
no llega, me pongo de mal humor.