Desde 1897, año del que se
tiene constancia de la existencia de la Junta
Pro Semana Santa de Zamora, los zamoranos
han vivido como nadie estos días de Pasión.
Desde finales del siglo XIX hasta estos primeros
del XXI, han pasado muchos años y en ellos
la devoción de los zamoranos por su Semana
Santa, declarada de Interés Turístico Internacional,
ha experimentado un reforzamiento extraordinario.
La austeridad y religiosidad con la que se
vive, así como el realismo de las tallas que
procesionan, son los valores determinantes
que personalizan esta Semana Santa, junto
a sus aportaciones propias como es el caso
del Merlú, una pareja de congregantes que
con una corneta y un tambor convoca a los
cofrades, o, cómo no, el Barandales quien,
portando unas grandes campanas, encabeza las
procesiones, avisando de su llegada.
Volviendo a la estética de las tallas y sin
ánimo de ofender a las demás, destacan grupos
escultóricos como ‘La Lanzada’, de Ramón Álvarez.
La grandeza de esta Semana Santa es posible
gracias a sus 17 cofradías. Cada una con su
momento especial. Sólo hay que recordar a
la Hermandad Penitencial del Santísimo Cristo
del Espíritu Santo, en el atrio de la Catedral;
la Hermandad Penitencial del Santísimo Cristo
de la Buena Muerte a su paso por la Cuesta
de Balborraz, cuando entonan su ‘Jerusalem,
Jerusalem’, o la Cofradía de Jesús de Nazareno
‘Congregación’ en la madrugada del viernes
con el ‘Cinco de Copas’, al son de la marcha
de ‘Thalberg’, convertido en e