Los
colores
del vino
La Pasarela exhibe el maridaje entre
los caldos
de la región y la alta costura
Sonia
Quintana
 |
| Raquel Marcos,
con su vestido de hojas de vid, y César
Muñoz..
/ F. Ordóñez |
Nada desentonaba en la pasarela. El vínculo
del vino como producto cultural se fundió con
la moda. Fue el aliado del diseño. Un perfecto
coupaje, bodeguero y diseñadora. La uva, la
cepa, la etiqueta fueron más que un complemento.
Pisaron juntos la pasarela regional. Un lenguaje común
permitió descifrar las claves de la relación
del vino con la alta costura. La gama de colores se
engarzó a las texturas, al movimiento, a la
elegancia. El lenguaje de la cata no fue ajeno a la
seda, al terciopelo, a las transparencias y a los encajes.
Las jóvenes diseñadoras encontraron en
el vino la inspiración para las creaciones que
abrieron el desfile de sus colecciones en la última
jornada de la pasarela de la Moda de Castilla y León.
Un José Moro convincente aplaudió el
diseño de la vallisoletana Eugenia Ortiz, que
logró el punto de cohesión, el tacto
y la elegancia a la hora de interpretar el tinto Cepa
Veintiuno. El bodeguero zamorano, Juan Antonio Fernández
que lucía su impecable pajarita, destacó el
buen maridaje del vestido que Jimena Rilova eligió para
interpretar el tronco de la vid en un liberalia adornado
de organza.
Esther Noriega entró en el monasterio para inspirarse
en las piedras de la abadía y trasladar desde
la espadaña al claustro el tinto Abadía
Retuerta, la elegancia mezclada con la sobriedad.
Á
lvaro Pérez, de la bodega de Sardón de
Duero, descubrió otra cara de los Retuerta.
Di de Sant, el leonés Santiago García,
convirtió al vino Castro Ventosa en un diseño
realista con corpiño de etiqueta sobre fondo
fucsia y un tocado de racimos colgando de la cepa.
Lidia Coca, de la bodega Castro Ventosa, definió: «La
mencía está de moda».
Javier Zaccagnini, de bodegas Aalto, en un perfecto
inglés, matizó el acierto del vestido
del seda natural metalizada en plata que la diseñadora
Natacha Arranz firmaba inspirada en el tinto Aalto.
Eulalia Mateos, la joven diseñadora burgalesa,
eligió la gasa y la tonalidad beige para destacar
la silueta de la botella de un Viña Berganza.
Ramón Gómez, de esta bodega de Fuente
Cen, recordó el otoño, los ocres de la
tierra en el vestido de la joven diseñadora.
César Muñoz asistía atónito
a la interpretación que la leonesa Raquel Marcos
había elegido para vestir a su tinto Leda Viñas
Viejas. Marcos trasladó un diseño que
recordaba los racimos de uva que dejaban entrever las
hojas de la vid laminadas al estilo papiroflexia. El
negro y el granate pusieron la paleta de color. Martiniano
Palomero, el célebre hostelero de los asadores,
sonreía ante la silueta delicada y elegante
del diseño que la burgalesa Raquel Tomillo decidió para
su tinto Palomero de la bodega Uva Guilera.
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| Javier Pérez
de Andrés, con los jóvenes diseñadores./
F. Ordóñez |
Javier Santamaría complació a Santiago
Arroyo, de la bodega de Sotillo de la Ribera, impactando
en un vestido que simbolizaba los procesos de la elaboración
del vino, inspirado en el color de la tierra. El tinto
Luna Beberide fusionó el canto a la naturaleza
y el amor al arte en el vestido que María Lafuente
eligió para describir al Bierzo.
Rafael Ramos y su hijo Jesús, de bodegas Castillo
de Peñafiel, asistieron al paso elegante de
la modelo luciendo un vestido de noche creado pensando
en la textura, el color y el movimiento que la diseñadora
de alta costura Feli Campo trasladó inspirada
en el movimiento del vino al caer en la copa.
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