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NOTICIAS
09/03/07

Los colores del vino

La Pasarela exhibe el maridaje entre los caldos de la región y la alta costura

Sonia Quintana


Raquel Marcos, con su vestido de hojas de vid, y César Muñoz.. / F. Ordóñez

Nada desentonaba en la pasarela. El vínculo del vino como producto cultural se fundió con la moda. Fue el aliado del diseño. Un perfecto coupaje, bodeguero y diseñadora. La uva, la cepa, la etiqueta fueron más que un complemento. Pisaron juntos la pasarela regional. Un lenguaje común permitió descifrar las claves de la relación del vino con la alta costura. La gama de colores se engarzó a las texturas, al movimiento, a la elegancia. El lenguaje de la cata no fue ajeno a la seda, al terciopelo, a las transparencias y a los encajes. Las jóvenes diseñadoras encontraron en el vino la inspiración para las creaciones que abrieron el desfile de sus colecciones en la última jornada de la pasarela de la Moda de Castilla y León.
Un José Moro convincente aplaudió el diseño de la vallisoletana Eugenia Ortiz, que logró el punto de cohesión, el tacto y la elegancia a la hora de interpretar el tinto Cepa Veintiuno. El bodeguero zamorano, Juan Antonio Fernández que lucía su impecable pajarita, destacó el buen maridaje del vestido que Jimena Rilova eligió para interpretar el tronco de la vid en un liberalia adornado de organza.
Esther Noriega entró en el monasterio para inspirarse en las piedras de la abadía y trasladar desde la espadaña al claustro el tinto Abadía Retuerta, la elegancia mezclada con la sobriedad.

Á lvaro Pérez, de la bodega de Sardón de Duero, descubrió otra cara de los Retuerta.

Di de Sant, el leonés Santiago García, convirtió al vino Castro Ventosa en un diseño realista con corpiño de etiqueta sobre fondo fucsia y un tocado de racimos colgando de la cepa. Lidia Coca, de la bodega Castro Ventosa, definió: «La mencía está de moda».

Javier Zaccagnini, de bodegas Aalto, en un perfecto inglés, matizó el acierto del vestido del seda natural metalizada en plata que la diseñadora Natacha Arranz firmaba inspirada en el tinto Aalto.

Eulalia Mateos, la joven diseñadora burgalesa, eligió la gasa y la tonalidad beige para destacar la silueta de la botella de un Viña Berganza. Ramón Gómez, de esta bodega de Fuente Cen, recordó el otoño, los ocres de la tierra en el vestido de la joven diseñadora.

César Muñoz asistía atónito a la interpretación que la leonesa Raquel Marcos había elegido para vestir a su tinto Leda Viñas Viejas. Marcos trasladó un diseño que recordaba los racimos de uva que dejaban entrever las hojas de la vid laminadas al estilo papiroflexia. El negro y el granate pusieron la paleta de color. Martiniano Palomero, el célebre hostelero de los asadores, sonreía ante la silueta delicada y elegante del diseño que la burgalesa Raquel Tomillo decidió para su tinto Palomero de la bodega Uva Guilera.

Javier Pérez de Andrés, con los jóvenes diseñadores./ F. Ordóñez


Javier Santamaría complació a Santiago Arroyo, de la bodega de Sotillo de la Ribera, impactando en un vestido que simbolizaba los procesos de la elaboración del vino, inspirado en el color de la tierra. El tinto Luna Beberide fusionó el canto a la naturaleza y el amor al arte en el vestido que María Lafuente eligió para describir al Bierzo.

Rafael Ramos y su hijo Jesús, de bodegas Castillo de Peñafiel, asistieron al paso elegante de la modelo luciendo un vestido de noche creado pensando en la textura, el color y el movimiento que la diseñadora de alta costura Feli Campo trasladó inspirada en el movimiento del vino al caer en la copa.

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