El
vestido ideal
para el día
más importante
La Pasarela de Castilla y León
ha acogido tres desfiles de
moda nupcial de diseñadores vallisoletanos
El adiós del blanco y el renacer de los tejidos
cien por cien naturales
son las claves de la temporada
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| La modelo María
José Gallego, con una propuesta de Imelda
de Pablos./ Félix
Ordóñez. |
Elegir las flores, las invitaciones,
el restaurante, el menú, la música, la
ornamentación, los zapatos, los complementos
y, sobre todo, el vestido. Porque si hay un día
en el que no se puede fallar en la elección
del vestuario es el día de tu boda. Y para las
que aún no lo hayan comprado y se sientan perdidas
en un mar de tul o de seda, un consejo: nada de blanco
novia. Ese tono deslumbrante ha sido desterrado de
las pasarelas y los crudos se abren paso. Claro, que
ya hace unos años que las más atrevidas
incluso han apostado por el color, con el rosa palo
en cabeza, aunque siempre en tonos pastel. Eso sí,
solo es aconsejable para las más vanguardistas.
La Pasarela de Castilla y León no se queda fuera
de las últimas tendencias y también entierra
el blanco novia para dar paso a los beige, los cobres,
los rosas, e incluso, a algún verde palo, que
destacó en medio de todos los colores crudos
que inundaron Burgos.
Eso sí, la moda nupcional tiene sabor vallisoletano
en la Pasarela de Castilla y León. Las tres
firmas que mostraron sus diseños para esta temporada
pertenecen a la ciudad del Pisuerga. Imelda de Pablo,
Villais y Carlos Moya pusieron sobre las modelos su
visión del vestido de novia ideal.
Imelda de Pablo apostó por líneas sobrias
y por la mujer clásica. La misma diseñadora
afirmó que se había inspirado en el siglo
XVIII para crear unos vestidos de líneas rectas
en los que destacaban las aplicaciones de encaje. Una
apuesta muy sobria para las que prefieren no arriesgar
y apostar sobre seguro. Los colores variaron siempre
dentro de los tonos beiges.
Para las atrevidas, Carlos Moya propuso una novia teñida
de cobre viejo. El diseñador vallisoletano rescató algunos
de los vestidos de su primeras creaciones en una clara
inspiración vintage, entre los que destacó un
vestido con cuello cisne y encaje de color oro viejo.
Tendencia
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| Modelo de Imelda
de Pablos./ Félix Ordóñez. |
Entre las propuestas más arriesgadas del diseñador
destacó, por encima del resto de sus modelos,
un vestido muy voluminoso, acolchado, con mangas de
farol, de clara inspiración oriental.
Y es que los creadores también se dejan influir
por el lejano oriente para poner al día sus
propuestas y procurar que las novias vayan a la última,
a la par que estén impecables todo el día.
Los vuelos imposibles y los vestidos con colas interminables
han desaparecido de las pasarelas dando paso a una
sencillez que se fija en lo básico, con ornamentos
delicados, aplicaciones de seda o encaje, que hacen
que las novias adopten un aire ligero y etéreo.
Y es que los tejidos cien por cien naturales han desbancado
al blanco novia, que se consigue con un tratamiento
químico, para dar paso a colores más
pastel.
Un poco más barrocas resultaron las novias de
Villais. La firma vallisoletana hizo una apuesta fuerte
y exitosa por los colores metalizados en tonos maquillaje,
todo una innovación sobre la Pasarela de Castilla
y León. Los vestidos de la colección
destacaron por la superposición de flores, en
una clara referencia a la primavera que se nos avecina
y en la que tantas bodas se celebran. El efecto de
mezclar las flores, un elemento clásico, con
los colores innovadores, dieron como resultado unos
vestidos a medio camino entre lo más tradicional
y las últimas tendencias.
Así que las novias de toda España tienen
en la moda nupcional de Castilla y León multitud
de propuestas entre las que elegir. Desde las más
clásicas, hasta las más atrevidas.
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