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LA serenidad
con la que Héctor Calvo habla de las reuniones
de su grupo ‘scout’ contrasta con la dinámica
de las mismas. Veinte niños de entre ocho y once
años autogestionan el grupo, aunque siempre bajo
la supervisión de tres monitores entre los que
se encuentra este estudiante de Educación Infantil.
–¿Qué implica para ti llevar
puesta la pañoleta?
–La pañoleta es simplemente una
seña de identidad, pero eso sí, a nivel
internacional. Cuando la llevo puesta, tengo muy claro
que estoy representando a más de 28 millones
de personas repartidas por todo el mundo, aunque también
cuando no la llevo continuó siendo ‘scout’
.
–¿Qué te llevó hace
tres año a cambiar tu condición de participante
a monitor de un grupo?
–Principalmente el compromiso y las
ganas de mejorar las cosas. Antes de ser monitor, probé
otros tipos de voluntariado en varias asociaciones como
Asprona, pero al final me decanté por esta.
–¿Qué edades tienen los
niños de los que eres monitor?
–Son chicos, entre ocho y once años.
–¿Cuál es la dinámica
dentro del grupo de veinte personas y tres monitores?
–Lo más característico
de nuestras actividades, es que son los propios chavales
los que las eligen y gestionan. Ellos proponen las actividades
que más le pueden motivar.
Una vez elegias se dividen en comisiones de trabajo
para que cada uno realice una misión determinada.
–¿Cómo son las reuniones
semanales?
–Depende de la edad de los chavales,
con los más pequeños procuramos que sean
muy dinámicas y atrayentes, hacemos juegos y
talleres, entre otras muchas actividades. La idea es
que se diviertan a la vez que aprenden.
–¿Te ha influido tu condición
de ‘scout’ a la hora de elegir de tus estudios
universitarios?
–Por supuesto, ante todo somos un movimiento educativo,
y no es casualidad que muchos ‘scouts’ estudien
o se dediquen a la docencia de manera profesional.
–¿Tienes alguna afición
más?, ¿cómo puedes compatibilizarlas?
–Me gusta mucho hacer cine y, a veces,
lo uso como complemento de mi labor en los ‘scouts’.
Ahora mismo estamos montando un corto documental, sobre
un campamento de más de mil personas, que organizamos
el pasado julio con motivo de nuestro centenario.
–En los ‘scout’ se suele denominar
a las personas con los nombres del Libro de la Selva,
¿tenéis denominaciones específicas
entre vosotros?
–Una de nuestras dinámicas dentro
del método educativo se basa en el marco simbólico.
A los chavales con edades comprendidas entre ocho y
once años les llamamos lobatos y los más
pequeños son castores, por ejemplo.
–¿Qué le dirías a
alguien que no sabe que es un ‘scout’ para
definirlo?
–Un ‘scout’ es una persona
que tiene una visión crítica de la realidad
en la que vive, y trata constantemente de mejorarla.
Puede ser el niño de seis años que recoge
su basura cuando va al campo o un adolescente que prepara
proyectos de cooperación de desarrollo en Bolivia.
–¿En qué se diferencia la
visión del mundo de alguien que haya pertenecido
a los ‘scouts’ de la del resto?
–Un ‘scout’ trata de mejorar
la sociedad, pero eso no quiere decir que seamos los
únicos que lo intentamos.
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