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LA Olimpiada
Filosófica es la excusa perfecta para que los
estudiantes se acerquen a esta disciplina. Si bien es
cierto que este ámbito del conocimiento aparece
en nuestras conversaciones diarias sin darnos cuenta,
los profesores de la Universidad de Valladolid Sixto
Castro y Alfredo Marcos coorganizan desde hace tres
años esta iniciativa con el fin de que los jóvenes
aprendan a través de la competición.
–¿Por qué dos profesores
universitarios organizan una iniciativa educativa como
la Olimpiada Filosófica?
–Alfredo Marcos: La iniciativa partió
hace tres años de algunos profesores de instituto.
Nos pareció una buena idea y les dimos enseguida
nuestro apoyo. Contaron ya desde la primera edición
con la colaboración del departamento de Filosofía
de nuestra universidad.
–Sixto Castro: En realidad, la iniciativa partió
del profesor de Secundaria Miguel Santa Olalla, que
fue alumno de nuestro departamento. Por supuesto, nosotros
la apoyamos desde el principio por varias razones. Lo
principal es que es una iniciativa que ayuda a salvar
el abismo existente entre la Secundaria y la Universidad.
–Uno de los objetivos fundamentales de
la actividad es acercar este campo a los estudiantes.
¿Creen que se observa la Filosofía de
una forma tan lejana como el tiempo de Sócrates
o Platón?
–A.M.: En realidad, la filosofía
es algo muy cercano. Todos somos un poco filósofos.
De hecho, todos nos interesamos a diario por debates
filosóficos: discutimos en casa sobre la moralidad
del aborto o sobre el modo en que tratamos la naturaleza.
Por eso, es importante que la filosofía se estudie
en el Bachillerato.
-S. C.: En tiempo de Sócrates y Platón,
la filosofía era algo cotidiano. Y hoy lo sigue
siendo. Las ideas que nos mueven y que aprendemos en
la escuela son ideas gestadas por filósofos,
aunque se nos presenten como anónimas. Siempre
pongo como ejemplo a mis alumnos aquello que nos enseñaban
en la escuela de que las narraciones constan de planteamiento,
nudo y desenlace.
–Fomentar el pensamiento crítico
y el diálogo es otro de los fines, ¿no
hay suficientes debates en los institutos para llevarlos
a cabo?
–A.M.: Sí, por supuesto. Pero
en un acto como éste nos encontramos alumnos
y profesores de enseñanza media y de universidad.
Constituye un foro único para que nos conozcamos
y aprendamos unos de otros los profesionales de la filosofía
de nuestra región, para que nuestros alumnos
también se reúnan y debatan sobre cuestiones
filosóficas, actuales y eternas.
–S. C.: No sé lo que se hace en los institutos,
pero me temo que, dadas las urgencias de los programas
que hay que impartir, les quedará poco tiempo
para florituras. Mas estas florituras, estas discusiones,
son la esencia misma de la filosofía, que no
es algo que haga un tipo sentado en su silla en su torre
de marfil. La filosofía es dialéctica,
se hace dialogando, bien con personas de carne y hueso,
buen con libros, con obras de arte, etc.
–¿Qué ventajas tiene para
la enseñanza el crear una visión profesional
a nivel provincial y autonómico?
– A. M.: Actualmente, un buen número de
asuntos se dirimen en centros de decisión regionales,
las competencias de educación hace años
que están transferidas. Sé de sobra que
existe un debate abierto sobre la conveniencia de armonizar
los sistemas educativos en Europa y en España
y compensar la dispersión y el localismo actuales.
Además, la filosofía siempre ha tenido
un espíritu universalista.
–S. C.:Esa división es puramente práctica.
De hecho, ya nos han pedido participar institutos de
Madrid y Valencia. Sería estupendo que la olimpiada
alcanzase un nivel nacional. Porque en español
se puede pensar filosóficamente.
–Tres años después de la
primera Olimpiada, ¿nota una diferencia en los
participantes de algún tipo?
–A. M.: Sí, ha ido creciendo
el número de alumnos y
centros participantes. En la medida de nuestras posibilidades,
iremos abriendo la convocatoria a centros de otras regiones.
–S. C.: No tengo bastantes elementos de juicio.
Son pocas ediciones aún. Lo que sí hay
que destacar es que algunos alumnos son brillantes escritores,
otros buenos oradores y retóricos y algunos aúnan
ambas virtudes. Serían excelentes filósofos,
aunque no sé si sus padres les dejarán
estudiar filosofía (es broma).
–¿Cuál es la relación
de la Universidad de Valladolid y la de Salamanca para
llevar a cabo la Olimpiada?
–A. M.: Hemos encontrado que existe
un buen entendimiento entre las dos universidades de
la Región en las que se imparte la titulación
de filosofía. La Universidad de Salamanca y la
de Valladolid mantienen una estrecha colaboración
en todo lo que tiene que ver con la filosofía,
por ejemplo, organizamos cursos de posgrado conjuntos,
y también nos estamos entendiendo muy bien con
los profesores de instituto de la región y con
la AOF.
–S. C.: Son las dos sedes. Colaboramos en la organización
y cada año se celebra en uno de los dos lugares.
Son las dos universidades en las que se imparte la licenciatura
en filosofía, y esa es la razón de que
sean los lugares en los que se celebra.
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