|
|
|
 |
Xabier San Martín
«El truco es seguir
sin mezclar la amistad con los negocios»
|
Además de ser el teclista, es el
compositor de gran parte de los temas de
La Oreja de Van Gogh. Xabier San Martín
(San Sebastián, 1977) cumplirá
30 años sobre el escenario del Estadio
José Zorrilla el próximo 20
de mayo. «Iré con 29 años
a Valladolid y me iré con 30»,
reseña el músico donostiarra,
autor también de ‘Ni una sola
palabra’, primer sencillo del nuevo
álbum de Paulina Rubio; y de ‘Adelante’,
canción consigna de la última
edición de ‘Operación
triunfo’.
–Desde junio
del 2006 no han parado. Salamanca fue testigo
del primer concierto de su gira ‘Guapa’,
que terminó a principios del pasado
mes de marzo en Bogotá (Colombia),
¿no entra en sus planes tomarse un
descanso?
–Técnicamente habíamos
terminado la gira y habíamos dicho
‘hasta aquí’; pero, de
repente, nos propusieron esto y nos apetecía.
Los festivales te permiten ‘colarte’
y sorprender. Un grupo te gusta cuando lo
has visto en directo. En el disco escuchas
las canciones, pero en directo oyes al grupo
y ahí decides definitivamente si
éste merece la pena o no. Si lo que
te gustaba en el disco sigue en el directo,
quiere decir que es verdad, que no te han
engañado con tanta parafernalia.
En un festival igual hay mucha gente que
no iría a ver solo a La Oreja pero,
solamente porque ha pagado la entrada, va
y te escucha y te da una oportunidad.
–¿Canciones
de siempre o ‘Guapa’?
–Es un debate que tenemos
todos los días. Siempre intentamos
llevar una mezcla realista. Por un lado,
no van a faltar ninguna de las canciones
conocidas, pero también vamos sustituyendo
viejas glorias por canciones del último
disco, si no nos quedamos un poco estancados.
–¿Mezclar
la amistad con los negocios?
–Ese es el truco: seguir sin
mezclar la amistad con los negocios. La
verdad es que nosotros nunca hemos visto
esto como un negocio. La biografía
de este grupo parte de una realidad y es
que éramos amigos de la Universidad
antes de La Oreja de Van Gogh. Éramos
unos estudiantes que teníamos el
típico grupillo que tocaba en los
bares y, de pronto, se ha profesionalizado.
Desde fuera se puede ver como un negocio,
y técnicamente lo es, pero, para
bien y para mal, hemos sabido mantener entre
los cinco el mismo ambiente del principio.
Supongo que si viéramos esto como
un negocio surgirían temas de celos
y una funcionalización que no sé
si a la creatividad le vendría bien.
–¿Pero
cada uno tendrá una función?
–Más o menos. Cada
uno somos como somos y la suma de las cinco
personalidades forman un cóctel absolutamente
dispar que es La Oreja de Van Gogh. A medida
que pasa el tiempo sí que se va perfilando
más y unos valemos para unas cosas
y otros valen más para otras; pero
las decisiones, a nivel político,
que es lo importante, las toman cinco personas,
al 20%. Siempre ha sido así.
–¿Todos
componen?
–Musicalmente, Amaia y yo
tiramos más del carro; Pablo ha hecho
más letras... Pero aunque tomen la
iniciativa unos, en mayor o menor medida,
las canciones pasan por el local. Las manoseamos
todos y, al final, todos le damos el toque
de cada uno. Entre todos se discute y no
en plan buen rollo como en ‘Médico
de Familia’; nos agarramos unos rebotes...
Eso también forma parte de la creación.
«Todavía no nos lo
creemos»
–El
año pasado celebraron su décimo
aniversario. Si echan la vista atrás,
¿se arrepienten de algo?
–Nos reímos, sobre
todo, de nuestros videoclips; son de juzgado
de guardia. Pero como decía Fernando
Savater: ‘Las opiniones tienen fecha’.
‘Dile al sol’, nuestro primer
disco, claro que no lo haríamos hoy
así porque cuando lo escribimos teníamos
veinte años. No lo cambiaríamos,
pero todo tiene su momento. Si con veinte
años nos hubiéramos puesto
a hablar de cosas de los treinta, seríamos
unos repipis.
–¿Cuándo
pasó de ser un hobby a una forma
de ganarse la vida?
–Durante la grabación
del segundo disco, estábamos de exámenes
en la Universidad, y yo me recuerdo perfectamente,
junto con Haritz, estudiando por las noches
Contabilidad Analítica. Ha sido todo
absolutamente eventual. Todavía no
nos lo creemos. Nunca habíamos buscado
esto. Hemos sido como intrusos en todo este
mundillo y eso nos ha permitido reirnos
mucho y relativizar todo mucho, lo bueno
y lo malo. Nos pasa con los premios; ni
te mueres de la ilusión cuando te
lo dan ni de la frustración, y te
pones a llorar, cuando no te lo dan.
–Hablando de
premios. Ondas, de la Música, Amigo...
y hasta un Grammy Latino por su último
álbum, ‘Guapa’. ¿Alguno
les habrá hecho más ilusión
con otro?
–Como ilusión, ilusión,
el Concurso Pop-Rock ‘Ciudad de San
Sebastián’, que ganamos en
el año 1997. El año anterior
nos habíamos clasificado y estuvimos
todo el verano ensayando mogollón
de horas. Teníamos unos nervios el
día anterior... Había unas
veinte personas de público. Y ganamos.
Eso nos hizo una ilusión que yo creía
que nos moríamos. Ni con el Grammy
ha vuelto eso. Luego los demás...,
que no nos los quiten, pero ilusión
primitiva como ese recuerdo no tenemos.
–¿Son
tan románticos como parece en sus
letras o es puro márquetin?
–Es más fácil
hablarle a un folio que a alguien directamente.
Cuando uno escribe se envalentona más
que en la vida real. Supongo que somos normales
y, como todo el mundo, cursis en la intimidad;
lo mismo que cualquiera.
–‘Dile
al sol’, ‘El viaje de Copperpot’,
‘Lo que te conté mientras te
hacías la dormida’ y ‘Guapa’,
¿cómo ha crecido La Oreja
de Van Gogh?
–Hay dos visiones. La más
inmediata es que suena muy distinto. La
voz de Amaia, que canta más técnicamente;
la arquitectura musical de las canciones,
que son más complejas... Pero, en
una segunda lectura un poco más profunda,
te das cuenta de que todas las canciones
de La Oreja son la misma. La filosofía
sigue intacta. Son cinco personas que, sin
ser músicos profesionales, están
contando historias cotidianas con melodías
sencillas y directas; con una sofisticación
medida y comedida. Está claro que
ha cambiado la manera de escribir, las inquietudes,
pero, en esencia, inevitablemente, vamos
siguiendo la misma línea.
–Y ha resultado
ser la receta del éxito.
–Si la supiéramos...,
sacaríamos un disco cada año.
El secreto es ser natural y confiar en lo
que estás haciendo. Cuando uno busca
el éxito, la gente no es tonta y
lo cala. Un mínimo necesario es ser
honesto contigo mismo.
–Entre tantas
historias, habrá alguna más
especial.
–Para nosotros detrás
de cada canción de veinte líneas
hay diez folios de cosas que queremos decir.
Citar una es pensar automáticamente
en todas las demás. |