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En solitario
Manuel Quijano se atreve
a lanzar
‘Vidas y venidas’
sin sus hermanos.
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SI el buen café puede tomarse solo
y sin azúcar, la buena música
también puede tocarse en solitario.
Manuel Quijano debió pensar algo
parecido cuando decidió sacar su
nuevo disco ‘Vidas y venidas’
sin Raúl y Óscar sus hermanos
y compañeros en su aventura musical.
Aunque el leonés ha reseñado
desde el primer momento que esta separación
es solo «momentánea»,
las letras de sus temas son más íntimas
que nunca. Eso sí, el sonido Quijano
continúa inamovible. A pesar de tener
ritmos más poperos que los trabajos
anteriores, la rumba o el mambo sigue influyendo
al vocalista de Café Quijano. Ya
sea en solitario o con sus hermanos, Manuel
representa mejor que nadie la mezcla latina
en la música.
Desde el café que regenta su padre,
profesor de música, en León
–y que se llama La Lola, como su primer
gran éxito dentro del mercado musical–
esta familia se ha empapado de todas las
melodías posibles para crear un sonido
propio, diferente y siempre reconocible.
Precisamente, esta originalidad fue la que
llevó a Café Quijano a dar
el salto a la fama. Tras recorrerse muchas
discográficas, la maqueta con los
primeros acordes del sonido Quijano llegó
a manos de la Warner Music, que se atrevió
a apostar por ellos. Su primer disco llegó
al mercado en 1998 y llevaba el mismo nombre
que el grupo ‘Café Quijano’
fue la presentación en sociedad de
la familia y de su particular sonido. Y
también, el comienzo de la leyenda
canalla de los Quijano, que Manuel se ha
encargado de desmentir desde entonces. Sus
letras hablan de la noche y de aquellos
que la frecuentan con asiduidad, pero los
hermanos aseguran que no son canallas «por
lo menos en el sentido de vividores».
‘La Lola’
El disco lanzó a los leoneses
de lleno al mercado español y preparó
al público para su gran éxito,
‘La Lola’, single de su segundo
disco, que apareció tan solo un año
después, ‘La extraordinaria
paradoja del Sonido Quijano’. En él,
la familia se destapó en España
y fuera de ella. Consiguieron un disco de
platino y optaron al Grammy como mejor banda
de rock latina. Todo un éxito que
les abrió muchas puertas. Siempre
ha entendido cada canción como una
historia completa, con su principio y su
final, aunque aseguran que ellos no son
los protagonistas de sus letras sino que
se dedican «a fotografiar la realidad
que vemos».
En 2001, lanzaron su tercer disco ‘La
Taberna del Buda’, que repetía
la fórmula de su anterior trabajo.
Los sonidos rock seguían dejando
hueco a los latinos. Una fusión que
ha estado presente desde el comienzo de
su carrera y que en el disco ‘Qué
grande es el amor’, el cuarto, compartían
con otros artistas como Celine Dion o Joaquín
Sabina. Y luego este pequeño silencio
que ha conducido a Manuel a lanzar ‘Vidas
y venidas’ en solitario.
En este último trabajo, el vocalista
de los Quijano habla de sí mismo,
de los demás y del amor, tema omnipresente
en sus letras, para dejar un pequeño
hueco a una de sus pasiones frustradas,
la de ser futbolista. Junto a sus hermanos,
el vocalista ya había dedicado un
tema, ‘Sírvame una copita’,
al deporte rey. Esta canción, la
de España en la Eurocopa 2004, y
aunque no ayudó a romper el maleficio
patrio en los grandes campeonatos sí
demostró que el Sonido Quijano se
adapta a todo, aunque sea en solitario.
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