MUNDO

POLÍTICA LATINOAMERICANA

· Emerge la izquierda en Latinoamérica [>>]

· Fidel Castro delega en su hermano Raúl [>>]

· Pinochet falleció sin saldar sus cuentas con la Justicia [>>]

· Morales obliga a las petroleras extranjeras a renegociar sus contratos [>>]

· En pocas palabras [>>]

IRAK

· La masacre que no cesa [>>]

· Un año decisivo en el enjuiciamiento del ex dictador, condenado a muerte [>>]

· Bush admite que EE.UU. no está ganando la guerra y se replantea su estrategia [>>]

· Gates sustituye a Rumsfeld en el Pentágono tras la derrota del Partido Republicano [>>]

· En pocas palabras [>>]

ORIENTE MEDIO

· Israel siembra el horror en el Líbano [>>]

· La llegada al poder de Hamas agrava aún más el conflicto de Oriente Medio [>>]

· Tel Aviv abandona su proyecto unilateral y pretende negociar [>>]

· En pocas palabras [>>]

SUCESOS

· Las viñetas de Alá [>>]

· Benedicto XVI caldea los ánimos con un discurso pronunciado en Ratisbona [>>]

· Londres investiga la muerte de un ex espía ruso en extrañas circunstancias [>>]

· Arrestado un camionero de 48 años, acusado del asesinato de cinco prostitutas en Ipswich [>>]

· En pocas palabras [>>]

 

 

La masacre que no cesa

La violencia empeoró en Irak agravada por los enfrentamientos entre chiíes y suníes en una espiral que se ha cobrado más de 600.000 las víctimas civiles desde la invasión de marzo del 2003

Agencias / Bagdad

Funerales cotidianos. Familiares de una víctima de un atentado lloran sobre su ataúd en Bagdad. / ahmad al rubaye-afp

La violencia en Irak se recrudeció aún más si cabe en el año que termina, y cobró además claros tintes sectarios, y ello pese a la formación del primer gobierno estable de la posguerra dirigido por el chií Nuri al Maliki.

Durante todos los días de este año se han producido en Irak muertes a causa de la violencia que sacude al país. El atentado más mortífero ocurrió en Ciudad Sadr el 23 de noviembre, el peor de la posguerra, en el que murieron 202 personas.

La insurgencia comenzó el año anunciando la fusión de todos los grupos islamistas suníes en un Consejo de la Shura de los Muyahidín, con mando único, pero se ignora hasta qué punto los atentados responden a directivas unificadas o siguen siendo obra de grupos sin coordinación. Sin duda, ha habido un atentado que ha marcado un antes y un después en la posguerra iraquí: el perpetrado contra un mausoleo chií en la ciudad de Samarra el 22 de febrero. El bombardeo en sí no dejó ningún muerto, pero las matanzas a sangre fría desatadas posteriormente entre suníes y chiíes dejaron 379 cadáveres en una sola semana.

Ese clima de odio confesional no se ha relajado desde entonces, y a los recuentos de víctimas de los atentados con explosivos hay que sumar ahora casi a diario el secuestro de decenas de personas y su posterior asesinato por razones sectarias.

Los cadáveres aparecen invariablemente abandonados en cunetas, maniatados y con los ojos vendados y con claras señales de tortura, y donde más se repite este fenómeno es en ciudades ‘mixtas’, como Bagdad o Baquba. Si está admitido generalmente que los atentados con explosivos son obra casi exclusivamente de grupos suníes radicales, los secuestros y asesinatos son atribuidos en su mayoría a grupos chiíes radicales, ya sean milicias de partidos o escuadrones de la muerte que actúan con nocturnidad y formados por policías o militares. La organización independiente estadounidense icasualties.org calculó que la violencia sectaria generada por el atentado de Samarra había dejado no menos de 12.000 muertos en seis meses, pero la cifra más comentada fue el cálculo hecho por la publicación médica británica ‘The Lancet’. Esta revista publicó en octubre que la violencia desatada en el país desde la invasión en marzo del 2003 había causado ya la muerte a 600.000 civiles, una cifra que rebasaba todos los cálculos hechos por el gobierno iraquí o el de Estados Unidos, aunque imposible de verificar.

El Gobierno de Nuri al Maliki se ha visto impotente para frenar la violencia, y dentro de él han surgido numerosas voces discrepantes y hasta enfrentadas sobre quién es el responsable de los ataques y las agresiones.

Y es que ese Gobierno, cuya formación costó cuatro meses de negociaciones, está compuesto por ministros de todas las tendencias –suníes, chiíes y kurdos–, pero la tensión es muy alta entre ellos cada vez que se discute un proyecto importante para el país.

Proyecto federalista
El más controvertido ha sido el proyecto de federalismo, que los suníes rechazan con vehemencia por ver en él el germen de la partición del país en tres regiones: una kurda en el norte, una chií en el sur, ambas con petróleo, y una tercera suní, en el centro, que se quedaría sin el preciado oro negro.

El kurdo Jalal Talabani, fue reelegido por el nuevo Parlamento iraquí presidente de la República para una segunda legislatura, con lo que se convierte en el primer jefe de Estado permanente en la era pos Sadam. Talabani encomendó la formación del nuevo Gobierno al chií Yauad al Maliki y agradeció a Ibrahim Yafari, jefe del Gobierno saliente, su renuncia a la candidatura.

Yauad Al Maliki, miembro de la Alianza Unida Iraquí (AUI), la mayor fuerza parlamentaria,tuvo que que enfrentarse a la dura tarea de negociar los miembros del nuevo ejecutivo iraquí.