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La
masacre que no cesa
La violencia empeoró en Irak agravada
por los enfrentamientos entre chiíes y suníes
en una espiral que se ha cobrado más de 600.000 las
víctimas civiles desde la invasión de marzo
del 2003
Agencias / Bagdad
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| Funerales cotidianos. Familiares
de una víctima de un atentado lloran sobre su ataúd
en Bagdad. / ahmad al rubaye-afp |
La violencia en Irak se recrudeció aún más
si cabe en el año que termina, y cobró además
claros tintes sectarios, y ello pese a la formación
del primer gobierno estable de la posguerra dirigido por el
chií Nuri al Maliki.
Durante todos los días de este año se han producido
en Irak muertes a causa de la violencia que sacude al país.
El atentado más mortífero ocurrió en
Ciudad Sadr el 23 de noviembre, el peor de la posguerra, en
el que murieron 202 personas.
La insurgencia comenzó el año anunciando la
fusión de todos los grupos islamistas suníes
en un Consejo de la Shura de los Muyahidín, con mando
único, pero se ignora hasta qué punto los atentados
responden a directivas unificadas o siguen siendo obra de
grupos sin coordinación. Sin duda, ha habido un atentado
que ha marcado un antes y un después en la posguerra
iraquí: el perpetrado contra un mausoleo chií
en la ciudad de Samarra el 22 de febrero. El bombardeo en
sí no dejó ningún muerto, pero las matanzas
a sangre fría desatadas posteriormente entre suníes
y chiíes dejaron 379 cadáveres en una sola semana.
Ese clima de odio confesional no se ha relajado desde entonces,
y a los recuentos de víctimas de los atentados con
explosivos hay que sumar ahora casi a diario el secuestro
de decenas de personas y su posterior asesinato por razones
sectarias.
Los cadáveres aparecen invariablemente abandonados
en cunetas, maniatados y con los ojos vendados y con claras
señales de tortura, y donde más se repite este
fenómeno es en ciudades ‘mixtas’, como
Bagdad o Baquba. Si está admitido generalmente que
los atentados con explosivos son obra casi exclusivamente
de grupos suníes radicales, los secuestros y asesinatos
son atribuidos en su mayoría a grupos chiíes
radicales, ya sean milicias de partidos o escuadrones de la
muerte que actúan con nocturnidad y formados por policías
o militares. La organización independiente estadounidense
icasualties.org calculó que la violencia sectaria generada
por el atentado de Samarra había dejado no menos de
12.000 muertos en seis meses, pero la cifra más comentada
fue el cálculo hecho por la publicación médica
británica ‘The Lancet’. Esta revista publicó
en octubre que la violencia desatada en el país desde
la invasión en marzo del 2003 había causado
ya la muerte a 600.000 civiles, una cifra que rebasaba todos
los cálculos hechos por el gobierno iraquí o
el de Estados Unidos, aunque imposible de verificar.
El Gobierno de Nuri al Maliki se ha visto impotente para frenar
la violencia, y dentro de él han surgido numerosas
voces discrepantes y hasta enfrentadas sobre quién
es el responsable de los ataques y las agresiones.
Y es que ese Gobierno, cuya formación costó
cuatro meses de negociaciones, está compuesto por ministros
de todas las tendencias –suníes, chiíes
y kurdos–, pero la tensión es muy alta entre
ellos cada vez que se discute un proyecto importante para
el país.
Proyecto federalista
El más controvertido ha sido el proyecto de federalismo,
que los suníes rechazan con vehemencia por ver en él
el germen de la partición del país en tres regiones:
una kurda en el norte, una chií en el sur, ambas con
petróleo, y una tercera suní, en el centro,
que se quedaría sin el preciado oro negro.
El kurdo Jalal Talabani, fue reelegido por el nuevo Parlamento
iraquí presidente de la República para una segunda
legislatura, con lo que se convierte en el primer jefe de
Estado permanente en la era pos Sadam. Talabani encomendó
la formación del nuevo Gobierno al chií Yauad
al Maliki y agradeció a Ibrahim Yafari, jefe del Gobierno
saliente, su renuncia a la candidatura.
Yauad Al Maliki, miembro de la Alianza Unida Iraquí
(AUI), la mayor fuerza parlamentaria,tuvo que que enfrentarse
a la dura tarea de negociar los miembros del nuevo ejecutivo
iraquí.
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