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Un
año decisivo en el enjuiciamiento del ex dictador,
condenado a muerte
La UE se sumó a los grupos de derechos
humanos contrarios a la pena capital dictada contra Husein,
que fue acogida con satisfacción desde Washington
EFE / Bagdad
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| Husein increpa al juez
tras conocer su sentencia a muerte. / reuters |
El tirano fue sentenciado el pasado 5 de noviembre a morir
en la horca por su papel en la matanza de 148 chiíes
en la aldea iraquí de Dujail en represalia por un atentado
fallido contra el convoy en el que viajaba en 1982. Además,
Husein estaba siendo juzgado en otro proceso junto con otros
seis ex dirigentes de su régimen por haber ordenado
y ejecutado las campañas militares de Anfal, en el
Kurdistán, entre 1987 y 1988 que, según la acusación,
acabaron con la vida de más de 180.000 kurdos.
El hermanastro de Sadam Husein, Barzan al-Tikriti, ex jefe
de los servicios de información, y el ex presidente
del tribunal revolucionario, Awad al-Bandar, también
condenados a muerte, serán igualmente ejecutados.
El nuevo sistema judicial iraquí, recién creado
por las nuevas autoridades tras la guerra, se puso a prueba
en uno de los juicios con mayor atención mediática
mundial en los últimos años.
Pronto quedaron de manifiesto las presiones que sufrían
todos los actores de este complejo proceso: tres de los abogados
defensores fueron asesinados en distintos momentos del proceso,
lo que llevó a sus compañeros a boicotear temporalmente
las sesiones por la falta de protección gubernamental.
El primer juez que presidió el tribunal fue obligado
a dimitir por el Gobierno iraquí, que consideraba que
estaba siendo demasiado blando en sus interrogatorios al dictador,
y fue reemplazado por un hombre que ha cortado por lo sano
las numerosas salidas de tono de Sadam.
Colectivos de derechos humanos han criticado la injerencia
del Gobierno en este juicio, así como «los fallos
administrativos y de procedimiento que minan la credibilidad
del proceso», según el informe de Human Rights
Watch. La UE también se sumó a las críticas
contra la condena a muerte.
Fusilado, no ahorcado
El juicio, que fue retransmitido en circuito controlado por
un canal iraquí, permitió a Sadam ‘lucirse’
internacionalmente y demostrar que no ha perdido un ápice
de su orgullo. Vestido con un pulcro traje negro y camisa
blanca y con una poblada barba que nunca tuvo cuando ejerció
el poder, Sadam jamás dio muestras de abatimiento,
ni siquiera cuando escuchó la sentencia que lo condenaba
a morir colgado.
Había pedido que, en caso de ser condenado a muerte,
lo fuera ante un pelotón de fusilamiento, pero nunca
en la horca. Sadam ha aprovechado las sesiones del juicio
para proclamar que se sigue considerando presidente de Irak
y que el gobierno iraquí no es legítimo por
ser fruto de la ocupación, ideas ambas que han encontrado
amplio eco entre los suníes de Irak y en numerosos
países árabes.
La condena a Sadam fue acogida de forma muy distinta dentro
de Irak, marcando una vez más las profundas discrepancias
que separan a las distintas comunidades: los chiíes
y los kurdos han mostrado su alegría, mientras que
los suníes han salido a la calle a manifestar su rabia.
La Casa Blanca calificó de «hito importante»
la ratificación de la condena a muerte a Husein. Uno
de sus portavoces aseguró que «marca un hito
importante en los esfuerzos de los iraquíes para reemplazar
las reglas de un tirano por las normas de la ley». La
ejecución de la pena se anunciaba inminente.
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