Agradezco los esfuerzos que
se hacen en favor de la gastronomía
y en concreto los de la Asociación Provincial
de
Empresarios de Hostelería de Valladolid
y de la Cámara
Oficial de Comercio e Industria de Valladolid
por publicar
esta recopilación de las tapas presentadas
en alguna de las seis ediciones
del Concurso de Pinchos de Valladolid.
Reconozco, como artesano que soy, el trabajo
que tiene cocinar
muchas de las elaboraciones que se preparan
a diario en los bares
y restaurantes a lo largo y ancho del país.
Yo soy cocinero y sé lo
que me digo. No es tarea fácil el estar ágil
y despierto a temprana
hora de la mañana, con el mandil puesto.
Y hacerlo bien es muy complicado
Me gusta el tapeo, como lo disfruté y
lo disfruto ahora en esas tascas
tan castizas que nos encontramos aún
hoy en muchas ciudades.
Esos pinchos de oreja cocida, ese chorizo al
rescoldo, la ensaladilla
rusa, la tortilla de patatas, las albondiguillas
con tomate, las gildas,
las croquetas, el jamón ibérico,
el gazpacho o los encurtidos, que
son todos ellos la gloria de la gastronomía
popular de este país. Y
desde luego también alabo el gusto y
saludo a todos aquellos colegas
que han sabido actualizar ese recetario popular
y lo han modernizado,
puesto al gusto de hoy, vamos.
Yo creo que al igual que hago todas las mañanas,
los buenos profesionales
se ganan honestamente el jornal, “su” ración
de tortilla de
patatas, con mejor o peor humor. Son muchísimos
los que lo saben
hacer bien, afortunadamente. En cuestión
de barras y tapeos, la oferta
de nuestro país no tiene comparación
con la de ningún otro que
yo conozca, hecho que me enorgullece y nos
distingue como garantes
de una tradición tan saludable como
sabrosa, la del tapeo.
Ojalá podamos seguir disfrutando durante
mucho tiempo de la cocina y
las tapas de toda la vida, un verdadero filón
de cultura gastronómica. |