AMOR
JUVENIL
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| Fotograma de la película
alemana ‘El primer beso’, de
Kai Wessel. / El Norte |
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MARÍA
AURORA VILORIA/ VALLADOLID
Una película
sobre el amor y la amistad en la adolescencia
y una sátira sobre la familia y la corrupción
política demostraron la calidad del cine
europeo
El protagonista de la película alemana
‘El primer beso’ dice que saber
que la felicidad es posible consuela de haberla
perdido. Acaba de morir su mujer, que fue su
primero y único amor, en un accidente
de tráfico y recuerda cuando se enamoró
de ella. Tenía entonces 15 años
y su mundo se estaba derrumbando. Sus padres
se habían separado, las notas eran horribles
y tenía que abandonar a sus compañeros
y el lugar en que había vivido hasta
entonces para acompañar a su madre. Sin
embargo, su relato, como corresponde a esa etapa
de la vida, no es triste, aunque haya el inevitable
punto de nostalgia, sino una mezcla agridulce
de nuevas experiencias vistas siempre a través
del humor.
El guionista, Sathyan Ramesh, explicó
después de la proyección que se
había basado en sus recuerdos, que estaban
repartidos por todos los personajes -–el
era una mezcla del chico gordo y el tímido–.
Quizá eso da su autenticidad al filme
de Kai Wessel, ya que todo lo que en él
ocurre tiene algo en común con los adolescentes
de cualquier época. Al menos eso debieron
pensar los numerosos jóvenes que asistieron
a la proyección y que la recibieron con
fuertes aplausos.
Luego, un excelente reparto de actores noveles,
elegidos en los colegios e institutos, da un
toque de naturalidad y espontaneidad a la cinta
y hace todavía más reales a los
protagonistas de esta historia que es, además
de la búsqueda del primer amor, un canto
a la amistad.
La siguiente película de la sección
paralela, que vivió ayer un día
de buen cine europeo, es en principio totalmente
diferente, aunque muy al fondo tiene como lazo
de unión el que también demuestra
que la felicidad es posible, aunque se llegue
a ella por retorcidos caminos.
Aire tragicómico
Dirigida, escrita e interpretada por Jerzy Stuhr,
quien participó hace seis años
en Punto de Encuentro con ‘Historias de
amor’, es la peripecia de un hombre que
fue feliz tocando la pandereta y cantando al
estilo de los años sesenta. Luego, la
situación política de su país
en la etapa comunista le obliga a encerrarse
en un monasterio y a abandonar a su familia.
Cuando la recupera, por casualidad, 17 años
después, no solo han crecido sus hijos
sino que han elegido caminos a todas luces equivocados.
Así que decide intervenir para llevarlos
al buen camino con unos resultados de auténtica
tragicomedia.
Todo ello sobre un fondo de corrupción
política y de candidatos para los que
todo vale con tal de ganar las elecciones, aunque
sea montando falsos espectáculos teatrales,
así como de ‘reality shows’
televisivos que dejan chiquitos a los que tenemos
por aquí.
Sin embargo, todo se presenta siempre sin perder
un humor lleno de ironía, lo que da lugar
a unas situaciones muy divertidas que rozan
en muchas ocasiones el esperpento. Además,
aunque, por supuesto, no hay moralina final,
sí es cierto que los ‘malos’
reciben su peculiar castigo –el candidato
a diputado acaba cortando el tráfico
para que salgan los niños de la escuela
y el amante de la mujer del protagonista sentado
en el banquillo de los acusados–, mientras
que los ‘buenos’ tienen una nueva
oportunidad, aunque sea la de poder tocar la
pandereta con un singular grupo.
La película, que ofrece continuas sorpresas
al espectador, tiene un excelente reparto que
encabeza Jerzy Stuhr, como ese hombre aparentemente
tranquilo pero capaz de tomar las más
inesperadas decisiones sin perder por ello la
calma. Por supuesto, también fue muy
aplaudida.