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EL
CINE Y EL ARTE
FERNANDO
HERRERO
NOMBRES específicos, creadores de la
música, de la pintura, de la arquitectura,
testimonios del pasado cultural… El cine
pudo ser –y en ocasiones ha sido–
la plasmación del sueño wagneriano
de la obra de arte total. En el cúmulo
de películas presentes en las distintas
secciones del Festival, otras artes coetáneas
se integran en el lenguaje fílmico, sea
de forma directa o como signos específicos
de cada película. Por ejemplo, en el
documental de Phil Grabsky ‘El niño
que juega sobre los Budas de Bamiyar’
o en los filmes musicales sobre Simon Rattle
y su experiencia con la Orquesta Filarmónica
de Berlín y ‘La Consagración
de la Primavera’ de Stravinsky, la historia
de la Orquesta Sinfónica de Filadelfia,
o el curioso personaje que quiere poner una
ópera de Mozart en su cuarto de estar…
Aquí los protagonistas son los hechos
culturales o aculturales, según se mire.
El cine y el lenguaje fílmico los recogen,
nos hace pensar en lo que fueron esos gigantescos
budas, las mayores estatuas del mundo, 35 y
55 metros, desde el Siglo III hasta que fueron
destruidos estúpidamente. Estas ruinas
son el testimonio perfecto de la barbarie y
la irracionalidad, lo que contrasta con el reto
de Rattle y la Filarmónica de Berlín,
que consiguen que más de 250 niños
y jóvenes bailen la famosa obra de Stravinsky.
También notas culturales forman parte
de una serie de filmes. La música, por
ejemplo. Arvo Part en la última película
de Gitai, las bellas arias de ‘Norma’
y ‘El Pirata’ que dan profundidad
y belleza a unas imágenes de la última
obra maestra de Wong-Kar-Wai ‘2046’,
o Mozart, en ese excepcional hombre de cine
que tuvo siempre en la música, desde
‘A bout de soufflé’, un esencial
punto de apoyo. La música y los músicos,
más allá de los biopics al uso
son fundamentales en la historia del cine y
la han hecho vivir independientemente de la
propia película. El caso de Eleni Karaindrou
(Angelopoulos) y Dejan Sparavalo (Kusturica)
pueden servir de ejemplo.
El cine, compendio de todas las artes, aún
no ha llegado a esa asunción de diversos
lenguajes, ni a integrarlos como códigos
alternativos al habitual. La arquitectura y
la creación de espacios, reales o míticos
hacen del cine un reflejo del mundo cotidiano
o imaginario; la pintura influye en la estética
del color plural de las imágenes; la
música y su sentido, ilustrativo en principio,
puede llegar asimismo a profundizar en el espíritu
de los personajes. El cine tiene por delante
un largo camino de pluralidad artística
que el futuro decantará.
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