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CAMARADA


Alberto Granado, junto
a Gianni Minà.
/Ramón Gómez

A. CORBILLÓN / VALLADOLID

Alberto granado recorrió américa latina hace medio siglo a lomos de una motocicleta en compañía de ernesto che guevara. Un documental y una película cuentan aquel viaje iniciático que forjó sus personalides y definió sus destinos





Con Alberto Granado el tango más famoso de la historia se alarga. La letra que interpretó como nadie su paisano Carlos Gardel debería decir que ‘50 años no es nada’, aunque lo que sí se mantiene es aquello de ‘que febril la mirada’. Si Don Quijote tuvo a Sancho Panza y su montura fue Rocinante, Ernesto Che Guevara contó con Alberto Granado y el vehículo de ambos fue ‘La Poderosa’, una motocicleta modelo Norton 500 cc. de 1946. Juntos bebieron el polvo del camino y se lanzaron a un viaje iniciático a lo largo y ancho de Latinoamérica que les transformó. «La vida se ha ido por encima de mis sueños. Y eso que yo era muy soñador», afirma desde sus 82 años Alberto. Y es que Granado es único en muchas cosas, entre otras, volver a verse a sí mismo, ahora en su senectud, viviendo de nuevo aquella aventura.

Mientras el director brasileño Walter Salles grababa ‘Diarios de motocicleta’, el periodista y documentalista italiano Gianni Minà, siguió aquella ‘troupe’ para filmar de forma paralela el documental ‘De viaje con el Che’. De esta forma, Alberto Granado se encontró, igual que hace 50 años, subiéndose en Temuco (Chile) a los lomos de otra ‘Poderosa’, esta vez conducida por su ‘otro yo’ (el actor que hace su papel en la película de Salles, Ricardo Serna) y por el otro Che (el mexicano Gael García Bernal). «No pude resistir la tentación. La quería manejar pero no valía la pena», dice Alberto, que acaba de despertarse de una minisiesta en uno de los sofás del hotel Olid Meliá. «Tenga en cuenta que llevamos recorridos 35 países promocionando la película», se disculpa Gianni Minà a su lado.

Minà es uno de esos profesionales que siempre está en el momento oportuno en el lugar indicado. También suma casi medio siglo pero de reportero de la RAI italiana. Acumula más de 250 viajes a un lado y otro del ‘charco’ para entrevistas en exclusiva a Fidel Castro, seguir la estela de Muhamed Alí, Rigoberta Menchú, subcomandante Marcos («junto a Manolo Vázquez Montalbán», aclara). Minà, que conocía la existencia de unos ‘Diarios juveniles’ del Che convenció a la familia Guevara para publicarlos y buscó patrocinador para hacer una película. «Un día llamó a mi casa un tal Robert Redford y dijo que quería producirla. Pensé que era una broma», ríe Gianni. El astro norteamericano solo impuso dos condiciones: el director tenía que ser latino y no se debía rodar en inglés. «El Che no puede decir OK», justificó Redford.

Cada uno, su destino
La aventura juvenil se convirtió en un curso acelerado de la ruda ‘universidad de la vida’ de la cordillera andina. La miseria saltaba en cada esquina y cada uno encontró su vocación de servicio a los demás. «Nos dimos cuenta de que es la gente humilde la que te ayuda. La mejor. Percibimos que había que jugarse la suerte con los pobres de la tierra. A mí me dio la oportunidad la revolución cubana. Ernesto quiso cambiar el mundo», resume Alberto. La repetición del mismo viaje le sirvió a Granado para contemplar con pesar que «medio siglo después, las cosas han cambiado muy poco en América. Hay alguna esperanza con Lula en Brasil o Chaves en Venezuela, pero la izquierda está pulverizada». El soñador que siempre será todavía conserva el optimismo. «Hay que luchar por mejorar, no darse nunca por vencido, Si en 50 años no se pudo, no significa que no se pueda en el futuro. Hay que hacer la globalización de los solidarios».

Su discurso no es mitinero, sino reflexivo, humano. «El futuro del mundo está en los buenos, los honrados, los que hablan más de ‘nosotros’ que de ‘yo’», dice al incorporarse en su bastón para despedirse. Le esperaba anoche
el concierto de Joan Manuel Serrat en Madrid.

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