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DESTINOS
PEQUEÑOS
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| Una imagen de la película
‘Khab e Talkh’ (‘Sueño
amargo’). / El Norte. |
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FERNANDO
HERRERO/ VALLADOLID
‘Habana,
Havana’ y ‘Sueño amargo’
son películas de seres que trabajan en
cosas pequeñas pero parecen dueños
de sus destinos
Esfandiar y Salvador, dos personajes humildes
en dos geografías tan diferentes como
Irán y Cuba. Dos filmes modestos, realizados
con pocos medios, en los que sobresale como
tantas veces el contexto. La Habana, sus calles,
el Malecón, los viandantes se ven con
gran aliento vital en la primera parte de la
película de Alberto Arvelo. El cementerio
es también un microcosmos que respira
veracidad. Después la historia de Salvador
y Sara se quiebra al final, cuando aparece,
con no demasiada justificación, el drama.
El cierre nos deja unas cuantas preguntas con
respuestas posibles, y los zapatos blancos para
la niña significan quizá una ofrenda
que nada podrá resolver.
Es lástima que se hayan introducido estos
elementos mejor en una historia que tenía
su mérito en lo cotidiano. En ‘Sueño
amargo’ se presenta una dicotomía
formal entre lo rodado en color y en blanco
y negro, a través en este último
caso de las imágenes televisivas. Cada
secuencia esta precedida de un titulo que, en
cierta forma, la explica. Y el sueño
amargo que la cierra es precisamente la muerte
de Esfandiar, eso sí, después
de haberse lavado y purificado, una obsesión
de toda la película. El realizador debutante
transforma un relato lineal en principio en
una deconstrucción que mezcla realidad
y fantasía.
Son películas de seres humildes que trabajan
en cosas pequeñas pero que son dueñosde
su destino.
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