MERCEDES
ÁLVAREZ
«La historia
se repite no como farsa sino como pesadilla»
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La joven directora soriana
Mercedes Álvarez.
/ R. gómez |
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El tiempo
de la ruina y la decadencia que precede a la
desaparición se ha instalado en muchos
pueblos. Mercedes Álvarez, última
niña de La Aldea (Soria), registra el
final de mil años de vida
A.
CORBILLÓN / VALLADOLID
Para la joven directora soriana Mercedes Álvarez
es su pueblo natal, La Aldea, del que es y será
el último natalicio. Para otros castellanos
y leoneses es Celama (Luis Mateo Díez),
Vegamián (Julio Llamazares) o Marcillo
de Bureba (Tomás Val). Son los nombres
de lugares donde se está parando el reloj
de la historia con minúsculas. «Yo
sabía que era la última generación,
el último nacimiento después de
mil años en el pueblo de mis antepasados»,
explicó Álvarez, que presenta
en la Seminci su primer largometraje ‘El
cielo gira’.
En La Aldea, en los páramos altos de
la despoblada Soria, quedan 14 vecinos (uno
murió durante el año que duró
el rodaje). La localidad es un ejemplo más
del fin de una cultura rural. Está fuera
de cualquier mercado (económico, cultural,
político, ...) que justifique el interés
de alguien. Muy cerca están las huellas
de los dinosaurios, la llamada ‘ruta de
las icnitas’. Algún día,
La Aldea también será parte de
una ruta o una huella.
«Lo que está desapareciendo no
es el pueblo en sí sino una forma de
estar en el mundo. Había la posibilidad
de asistir a un capítulo necesario de
la ruina y la decadencia que precede a la desaparición.
Se trataba de mostrar qué cosas ocurren
entonces, y registrarlas mientras ocurren»,
resumió ayer Álvarez, que ha tratado
de «hablar de algo más universal
desde un hecho concreto», como es esa
cultura de la tierra, otrora tan presente y
ahora tan distante para casi todos.
Mercedes Álvarez, que participó
en el montaje del muy premiado documental de
José Luis Guerín ‘En construcción’,
ha aplicado una técnica bastante similar.
En otoño del 2002 llegó a La Aldea
y durante un año colocó una cámara
en este su pueblo (en el que vivió hasta
los tres años) y dejó que hablaran
sus vecinos, sus paisajes, sus nubes. Hasta
entonces, La Aldea era para ella, una emigrante
en la gran ciudad, «el relato oral que
había oído contar desde mi infancia
y en la distancia de lo urbano».
Álvarez insiste en que no ha ido a su
cuna a «hacer un documental antropológico
de pueblos abandonados». Por mayores y
olvidados que estén sus vecinos, «el
relato de su realidad está en presente».
Es la vida de Antonino, Cirilo, Josefa, Áurea,
Crispina, Valentina... E incluso la de Salah
e Hicham, los dos inmigrantes del pueblo. Y
en presente y con la sobriedad y el laconismo
castellanos se expresan. «Hablan más
de los muertos que de los vivos y son conscientes
de lo que ocurre y cuál será su
destino», aseguró la documentalista.
También lo sabe otro testigo, «un
elemento casi de ficción», que
es el pintor Pello Azketa, cuya ceguera progresiva
lo es asímismo de su paleta para reflejar
esa misma realidad que se desdibuja.
Otra vida, otro final
Cualquiera que proceda de esta cultura sabe
que la percepción de la vida y de la
muerte es muy distinta. Frente al carácter
más impersonal, casi siempre anónimo
para la mayoría urbana, «en un
pueblo, el adiós a uno de sus vecinos
se vive como una tragedia colectiva»,
dijo Mercedes Álvarez, que se declara
rendida a esos «supervivientes»,
vecinos cuya «complicidad hizo posible
reflejar su realidad tal cual. Muchas veces
eran ellos los que me dirigían a mí.
En realidad fue el pueblo el que se metió
en el cine, no la cámara en el pueblo»,
argumentó la realizadora. El documental
cuenta con la voz en ‘off’ de la
propia directora que habla de esa realidad.
El estreno absoluto le ha llegado a ‘El
cielo gira’ en su región de origen
y unas de las más afectadas por la despoblación.
La película, que después ‘viaja
a Gijón, aunque ya hay interés
en festivales foráneos, ha sido posible
gracias al Máster de Documental de Creación
de la Universidad Pompeu i Fabra, y ha contado
con financiación del Ministerio de Cultura,
tres gobiernos autonómicos (entre ellos
Castilla y León) y Canal Plus.
La joven directora soriana participa de esa
opinión que también se ha extendido
por la Seminci y que admite que «se ha
abierto un espacio y existe un público
para el documental».
Lo que no está tan claro es que logren
entrar en las programaciones.