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JUAN JOSÉ
CAMPANELLA: DIRECTOR DE 'LUNA DE AVELLANEDA'
«HOMENAJEAMOS
A LOS IDEALISTAS Y A LOS UTÓPICOS»
Juan José campanella
abre la Seminci pero cierra ciclo personal y
cinematográfico con ‘Luna de avellaneda’,
su tercer y último psicoanálisis
fílmico para explicar lo que les pasa
a los argentinos. Historias pequeñas
que retratan su mutante vida colectiva
A.
CORBILLÓN / VALLADOLID
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El director
argentino Juan José Campanella.
/ gabriel villamil |
El
cine argentino continúa revisando sus tiempos
felices para tratar de explicar por qué
se ha torcido el futuro. Juan José Campanella
(Buenos Aires, 1959) es de los que aún
cree que las cosas pueden cambiar si la gente
se implica. Con ‘Luna de Avellaneda’
asegura que ha cerrado su ‘trilogía
nacional’ y no atisba cuál será
su próximo proyecto.
–‘Roma’, de Adolfo Aristarain,
homenajea a los felices años cincuenta.
Y su película es otro recreo de un país
disfrutón, aquel carnaval de 1959, tiempo
de abundancia frente a la realidad de ahora. ¿Están
obsesionados con ‘congelar’ los buenos
tiempos?
–La película para nada propugna una
vuelta a ese momento. Lo único que tenemos
que recuperar de ese tiempo es la sensación
de que las cosas pueden cambiar. Muchos de los
que vemos en la pantalla han seguido luchando
en diversos ámbitos y no se trata de idealizar
la época ni decir que todo tiempo pasado
fue mejor. Hay un personaje que dice ‘si
seguimos como antes desaparecemos’. Nosotros
también tenemos que cambiar y volver a
creer que las cosas se pueden modificar.
–¿En qué fase está
la ‘luna’ argentina: menguante, creciente...
o, de otra forma, qué queda de aquella
vida social, solidaria de todas las ‘Lunas
de Avellaneda’?
–Mucha gente con ideales y creencias, gente
que está tan acostumbrada a que la llamen
estúpida, romántica o utópica,
que hicimos la película para ellos.
–Esta propuesta cierra una trilogía
de historias ‘chiquitas’ que narran
la gran historia de Argentina?
–Sí, pero de una manera casi intuitiva.
No fue planeada en absoluto. Cuando hicimos ‘El
mismo amor, la misma lluvia’ ni sabíamos
de la existencia de ‘El hijo de la novia’
y lo mismo con ‘Luna de Avellaneda’.
Quizás el hacer cada una de estas películas
nos generó las preguntas que desembocaron
en hacer la siguiente, agrandando un poco la ‘tela’.
Así que la próxima (película)
no tengo la menor idea. Nosotros siempre decimos
que la próxima será seguramente
cómica y nada más que cómica.
Pero después terminamos escribiendo algo
en este estilo agridulce que es el que parece
ser que en este momento nos sale de forma más
natural.
–En todo caso, ¿seguirá
con esa dualidad a medio camino entre Estados
Unidos y su país?
–Esa dualidad existe porque mi trabajo en
la televisión de Estados Unidos es lo que
me permite vivir. Prefiero eso a hacer publicidad.
Entre películas me permite la libertad
de elegir la cinta que quiero hacer sin depender
de ella económicamente. Y en cuanto a temas,
nada. Dejaremos que nos ‘encuentre’
el siguiente.
–Este proyecto fue un largo trabajo
de guiones cambiados y de adaptación a
la realidad. ¿Al final hizo lo que quería
hacer o hay mucho de neorrealismo?
–No lo ha modificado en nada. Los cambios
que se fueron dando ya estaban. Es cierto que
todo esto surge del ‘cacerolazo’ y
todo lo que estaba pasando, de una sociedad que
nosotros vivíamos. No la observábamos
la estábamos sufriendo también.
Tratamos de contestar públicamente las
preguntas que nos estábamos formulando
nosotros. Pero esto no ha cambiado. Esa búsqueda
continúa. En la Argentina esas cosas están
ahora un poco más ordenadas pero de ninguna
manera se solucionaron del todo. Creo además
que a nivel universal, temáticamente, el
mundo está yendo a las cosas que han pasado
en mi país. Me da la impresión de
que ese debate también podría ocurrir
en España haciendo una abstracción
y no quedándose en la anécdota de
que es en un club de barrio, que es una institución
que aquí no existe. Pero era el mismo debate
que se ha dado aquí en toda la campaña
electoral pasada.
–¿Cómo fue la elección
y el trabajo con un ilustre veterano como José
Luis López Vázquez?
–Aparte de las exigencias de la coproducción,
nos interesaba un español por afinidad
porque estos clubes fueron fundados por ustedes
o por italianos. López Vázquez estuvo
soberbio. Fue un rodaje duro en el que todos nos
moríamos de frío menos él,
que estaba siempre vital. Encima acabó
cuatro días antes de lo previsto y se fue
de turismo a las cataratas de Iguazú. Hay
265 películas que prueban el valor de este
actor.
–Perdone un nuevo paralelismo con
‘Roma’ de Aristarain pero ambas andan
por las dos horas y media. ¿Tanto tienen
que contar?
–La película pasa ágil y nadie
tiene problemas con la duración. Podría
tener una ‘pasada’ menos pero si cortas
más el relato sufre porque podría
parecer que era más largo. Esta es una
película coral, con muchos personajes y
cuatro historias. No hay un protagonista como
Ricardo Darín y el resto subordinados.
Hay filmes de una hora y veinte minutos que se
hacen eternos. Lo mejor es siempre el que funciona,
dure más o dure menos... Y solo dura diez
minutos más que ‘El hijo de la novia’.
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