AMOS GITAI
«LAS MUJERES
SON AGENTES DE CAMBIO»
La seminci dedica un ciclo
y una publicación al prolífico
director israelí amos gitai, que llega
al festival con ‘tierra prometida’,
donde denuncia el tráfico de mujeres
en oriente medio. un sucio negocio que lima
diferencias entre enemigos
EL
CENTEL CENTRO
Y EL INFINITO
RO
Y EL INFINITO
Santiago Martín. Valladolid
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| El
director israelí Amos Gitai. / Gabriel
Villamil. |
Hace dos semanas vino a la ciudad para recoger
el premio Cristóbal Gabarrón de
las Artes. Ahora vuelve con un ciclo dedicado
a su extensa obra, cerca de cuarenta películas
realizadas en veinte años.
–Vino a recoger un premio, y ahora
regresa para mostrar su trabajo. ¿Es Valladolid
la ‘tierra prometida’ de Amos Gitai?
–Desde que descubrí el vino que hay
aquí, me parece un buen lugar.
–Aunque en el relato bíblico
en la tierra de promisión manaban leche
y miel, no vino. En cualquier caso, ¿existe
esa tierra?
–La tierra prometida es algo que siempre
hay que buscar. Es el futuro, la utopía.
Yo lo veo más como una construcción
mental, no como algo que existe de verdad, ligado
a un territorio.
–Usted dice que Israel intenta crear
una imagen mítica como país. Su
cine ¿intenta deshacer esa construcción?
–Yo planteo preguntas. Quiero inquietar
el alma de las naciones. Tengo mis opiniones,
y las plasmo en mi obra, aunque tampoco quiero
que los políticos se queden sin trabajo.
–Exponer esas opiniones le hará
blanco de críticas.
–Pero me siento compensado. La gente que
a mí me gusta, me ama, y aquellos a quienes
odio, me odian a su vez. Un intercambio justo.
–Entre los que ama se cuenta su
equipo. Como la actriz Hannah Schygulla, con quien
ya trabajó anteriormente, o la guionista,
que ha colaborado con usted en muchas otras ocasiones.
–Me gusta mantener una continuidad, pero
también trabajar cada película de
una forma especial; mi equipo me ayuda a discernir
si me estoy repitiendo, usando fórmulas
ya empleadas.
–La marca distintiva de ‘Tierra
prometida’ sería…
–Unas imágenes movidas, que transmiten
sensación de urgencia.
–Y de realidad. ¿Cómo
logra que el cine, que es ficción, transmita
mayor sensación de realidad que la televisión,
que las noticias, supuestamente basadas en ésta?
–Quizás porque intento no demonizar
a nadie, no excluir las contradicciones que forman
la realidad. En ‘Tierra prometida’
se muestra cómo en el tráfico de
mujeres, se pliegan las banderas y todos las explotan
por igual.
–Una violencia que adopta formas
distintas en cada país como en España
sabemos. ¿Es algo por lo que se sienta
concernido?
–He centrado varias de mis obras en las
mujeres, porque creo que son agentes de un cambio
necesario. En el caso español, y dicho
como observador, no como conocedor, creo que esta
violencia reúne ingredientes de machismo,
religiosidad y autoritarismo.
–En Palestina, por ejemplo, adopta
a veces la forma suicida.
–Creo que en Oriente Medio el conflicto
origina una brutalidad que se traslada a las relaciones
entre hombres y mujeres. Estoy trabajando el tema
de las mujeres suicidas, donde opino que hay una
explotación de las debilidades que empieza
en la esfera de lo íntimo.
–’Tierra prometida’
es pues un alegato en la lucha por la mujer.
–Si ver la película hace que alguien
pierda el deseo de explotarlas, sentiré
que he hecho mi trabajo.