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OTROS FESTIVALES DE CINE

 

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|SEGI LÓPEZ| PROYECTISTA DEL TEATRO CALDERÓN

«Los espíritus no tienen nacionalidad»

El actor da vida a Víctor, protagonista de ‘caminos cruzados’, segunda adaptación cinematográfica de la novela de Martínez de pisón. aficionado a la oratoria, tanto francesa como española, es en esta ocasión un perdedor sentimental que expresa más en silencio que hablando, a las órdenes de su amigo poirier

V. M. NIÑO / VALLADOLID

 El actor catalán Sergi López posa en la Plaza Mayor de Valladolid. / gabriel villamil

No ha visto su alter ego en la versión española de la novela de Ignacio Martínez de Pisón, ‘Carreteras secundarias’, interpretado por Antonio Resines. Con él comparte la sensación de familiaridad y de naturalidad que desprenden. Pero es que a Sergi López (Vilanova i la Geltrú, 1965), a pesar de vivir de la ficción, le gusta más la vida que el plató, más el fútbol que las salas de cine. Dice gustarle el mimo, pero cualquiera que le vea en público constatará su afán por la comunicación oral. Le pierde la conversación y ayer anuló hasta a la traductora de su director, Manuel Poirier. Con él comenzó en el cine, en ‘Western’, y ha trabajado en media docena de películas del realizador galo de origen peruano. De él destaca «que hace cosas que ya nadie hace, rodar cronológicamente o el dejar el plano-secuencia largo, la actuación en tiempo real, sin cortes ni montajes».

–Tres lustros actuando y define su tarea como «este trabajo tan extraño que es actuar». ¿No se acostumbra a vivir de ser otro?

–Por suerte, continúa siendo algo inexplicable en un alto porcentaje. Pasa como con otras cosas en la vida, el dolor, la incomprensión ante la muerte..., son difícilmente explicables. Tengo la impresión de que los humanos gastamos mucha energía en responder preguntas que, a lo mejor, no tienen respuesta. Por eso hay tantos métodos para aprender a actuar y por eso a todo el mundo le fascina actuar, los actores, las películas, que nos creamos el papel aunque sepamos que es Robert de Niro y le conozcamos de sobra. La proyección que hacemos en las historias que nos cuentan, eso demuestra nuestra fascinación. Cada vez creo mas que los actores cuando actuamos trasmitimos mucha parte de nuestro inconsciente, que surge a pesar nuestro.

–Sin embargo ha dicho que es aficionado al cine. ¿Sigue siendo la vida más atractiva que cualquier recreación humana?

–Por supuesto, y espero que lo siga siendo. El concepto de placer es muy importante en la vida para mí. Actuar me da placer, incluso esta película me procura el placer de llorar. Es estupendo jugar a hacer ficción, pero eso es un juego y después en la vida es distinto, el placer deja de ser un juego. Donde uno se construye, donde uno se hace es en la vida, con la gente que te rodea. El cine forma parte de mi vida cotidiana y tiene una responsabilidad grande en mi felicidad hoy, pero quiero pensar que podría dejar de hacer cine y eso no me impediría ser feliz.

–Su papel en ‘Caminos cruzados’, Víctor, exige llenar silencios. Es un personaje mímico en medio de tantos planos desnudos. ¿Le gusta el mimo?

–Me encanta, es cuando más tengo la sensación de actuar, cuando más cerca estoy del juego de actor es cuando no hay texto. Me gusta el texto bien escrito, todo fluye mejor, pero me encantaría hacer una película sin texto. En el teatro, sobre todo al comienzo, tenía la sensación casi infantil de que solo actuabas cuando hablabas. Pero en el cine la ventaja es que la cámara se acerca al actor. Me encanta actuar en silencio.

–¿Aunque sea usted tan aficionado a hablar?

–Sí, es mi vicio y mi perdición.

–En su anterior película ‘Janis&John’ interpretaba a un pícaro y ahora también encarna a un buscavidas, en este caso sentimental.

–Son perdedores los dos. Víctor es un perdedor cuya actividad está al límite de la legalidad pero no tiene maldad. Vive al límite por necesidad. Pero es extremadamente conmovedor. Los defectos aparecen de una forma flagrante y eso le debilita en extremo.
Su bigote, su americana y su mercedes representan a un castillo que se desmorona por dentro, y que intenta apuntalar infructuosamente.

–Al final abraza a su hijo, Kevin Miranda, y evidencia su obligación de padre que le impide suicidarse.

–Es un concepto presente en la película. Comparto esa sensación con el personaje y con todo el mundo que es padre. Antes de tener hijos, tienes menos miedo a morir, a partir de ellos te das cuenta de que no estas aquí solo por ti. Es grandioso, pero está tan dicho...

–Recibe guiones de ambos lados de los Pirineos. ¿Hay diferencia en el trabajo en Francia y en España o es más una cuestión de nacionalidad que de equipos?

–Es sobre todo una cuestión de directores. Los espíritus no tienen nacionalidad, es una cuestión del color que transmite cada director. Tampoco encuentro una diferencia de calidad, hay cosas buenas en todas partes. No me atrevo a decir buenas o malas. Cuando hago las películas, a veces una que me gusta mucha es un desastre de taquilla. Nunca sabes bien lo que haces, a mi me gusta o no el guión pero no sabes lo que hace que una película funcione. No veo que haya niveles distintos en Francia o España.

–¿En qué trabaja ahora?

–Estoy rodando una película en Francia en el que soy un ciego. Me gusta mucho, es una historia extraña, muy original. Me desespera cada vez más leerme guiones que están muy bien escritos, muy bien desarrollados y explicados, pero tienes la sensación de que esa película ya la has visto. Y sin embargo esta es rara pero tiene un universo particular de los dos hermanos que la han escrito y la dirigen. Se llamará ‘Pintar o hacer el amor’.

–¿Cuándo vuelve a rodar en España?

–El año próximo haré dos películas aquí. Una se llamará ‘Salvador’, sobre el último ejecutado por el garrote vil en el régimen franquista, Salvador Puig Antic. Fue un cabeza de turco por lo que pasó con Carrero Blanco y era un pobre anarquista de 25 años que había atracado un banco. Y es una historia que me toca particularmente porque en Cataluña siempre se ha oído. Y después, otra película con Guillermo del Toro, este tío mexicano tan majo, que se va a llamar ‘El laberinto del fauno’ y yo hago un papel de guardia civil malsano.

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