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|CARMELO PÉREZ| JEFE DE SALA DEL TEATRO CALDERÓN

Leonardo di Cesare posa en Valladolid. / Gabriel Villamil

«El Calderón está hecho para la Seminci»

Una joya como el principal teatro vallisoletano realza aún más la calidad de las películas que se proyectan durante el festival. su jefe de sala se encarga de que todo esté coordinado

PABLO GONZÁLEZ POSADA / VALLADOLID


Nadie se conoce los pasillos del Teatro Calderón como Carmelo Pérez. Tras veinte ediciones de la Seminci, ha sido jefe de sala de otros escenarios del festival. Los responsables de cualquier pequeño detalle del teatro deben asegurarse de que todo funciona bien durante el certamen.

–La película se está proyectando, ¿qué debe hacer un jefe de sala antes, durante y después de la exhibición de la obra?

–Nuestra labor es supervisar que las proyecciones se realicen correctamente y que la gente que trabaja en el Calderón sepa en cada momento su cometido, desde los acomodadores hasta las azafatas. Pretendemos que el público pueda disfrutar de las películas a este ritmo tan trepidante.

–Con todas estas responsabilidades, ¿puede ver deleitarse con el certamen?

–El mero hecho de estar dentro de la Seminci ya es disfrutar de ella. Nuestro tiempo para poder ver películas es muy limitado, ya que hay que estar pendiente de numerosos detalles.

–Una escenario como el Teatro Calderón, ¿realza a las películas que se proyectan en su sala?

–No cabe duda de que el motor de la Seminci es el Calderón. Este teatro parece que esté hecho para este festival. Los comentarios que hacen todos los invitados de este escenario siempre han sido positivos, ya que es un teatro muy ‘cuco’ y acogedor. La reforma hizo resaltar todavía más el tipo de espectáculo que se puede ver aquí, tanto danza como teatro, e incluso cine. Eso es muy difícil.

–¿Qué opinión tiene de las películas que se proyectan durante esta edición?

–A priori las expectativas son muy interesantes, pero al final será el público el que las marque con su voto y su opinión.

–Durante todas las ediciones en las que ha colaborado, ¿qué es lo que más se le ha quedado grabado?

–Hablando de forma nostálgica, recuerdo las salas que ya no están en la Seminci, como la sala Groucho. Una sala minúscula donde se proyectaba todo el ciclo de cine español. Era algo entrañable.

–¿Recuerda alguna anécdota destacable?

–Siendo jefe de sala en el Groucho, con capacidad para 45 personas y con una pantalla ‘exenta’, una señora fue al servicio, y a los tres minutos, se oyó una carcajada gigantesca. La señora se había perdido y se había metido detrás de la pantalla, enredada con cables y palpando la tela, mientras gritaba «¡sacadme de aquí!».

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