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|GARY PIQUER| PRESENTADOR DE LA SEMINCI

«Cuanto más pasa el tiempo menos me gusta el cine»

El presentador de la seminci se siente como en casa.
La familiaridad que se respira en todos los rincones
del festival hace que el actor disfrute de esta semana

PABLO GONZÁLEZ POSADA / VALLADOLID

El presentador y actor sale por las puertas laterales del Teatro Calderón./ gabriel villamil

Nacido en Glasgow, de madre escocesa y padre catalán, Gary Piquer, presentador de la Seminci desde la edición del 2000, vive en una dualidad. En función del idioma en el que piensa se siente más mediterráneo o anglosajón, Dos personas distintas viven en un mismo cuerpo.

–Ya son varios años presentando el Festival, ¿se siente a gusto en la Seminci?

–Me encuentro muy cómodo al venir a Valladolid. Es un certamen atípico, fuera del ajetreo y la tontería que tienen otros festivales. La Seminci es muy familiar, muy de cinéfilos, que aunque suene tópico es la realidad.

–Cuando se encuentra sobre el escenario del Calderón se le ve muy serio, ¿pretende transmitir la seriedad que se le supone a la Semana?

–No tiene nada que ver con eso. Nadie me ha dicho que lo he de hacer así. Quizá sea porque yo soy serio. Para un festival de estas características creo que es lo más adecuado. Habría que discutir también qué significa seriedad en la Seminci. En realidad es una forma de respeto al autor y al público. Yo no estoy aquí para hacer bromas o venderme como actor de ‘El club de la comedia’.

–Jose Luis García Sanchez, director de ‘María Querida’, aseguró que esta película se adaptaba muy bien a la Seminci, porque tiene una calidad superior a la media y es algo más aburrida. ¿Esta definición caracteriza al Festival?

–Es una definición ingeniosa, pero no creo que tenga nada que ver con la Seminci. La Semana vallisoletana es un festival de cine, así de sencillo.

–Siguiendo con las descripciones, ¿cómo se defininiría usted?

–No lo sé. Llevo 41 años intentando definirme y aún no lo he conseguido.

–De nuevo en el Calderón, ¿qué siente cuando sube a su escenario?

–Cada vez me encuentro mejor. Recuerdo cómo el primer y segundo año me sentí muy nervioso. Nunca había presentado un festival, y estaba acostumbrado a esconderme en el personaje durante un rodaje o actuación. Suponía mostrarme desnudo ante el público, y no me sentía cómodo.

–En una ocasión aseguró que es tímido, ¿eso le ayuda sobre el escenario?

–La timidez ayuda, porque el tímido siempre es más consciente de que está ahí. Estás pendiente de que te encuentras presentando, no te dejas ir, que es cuando puedes pecar de querer ser simpático y gustarte. Y no hay nada peor para un actor que gustarse. Si eres tímido, casi nunca te gustas. Además, el trabajo como actor ayuda a que funcione el raciocinio junto con el instinto, que es la combinación perfecta para poder sobrevivir en esta profesión.

Cinco años presentando el Festival, ¿se siente ya como Billy Cristal en los Oscar?

–(Risas) !Ojalá fuera él¡ Cuando le veo en la entrega de los premios, no me queda más que admirarle y quitarme el sombrero. Imagínate que te están viendo millones de espectadores y tienes que estar brillante. Hay que tener un enorme talento.

–Hablemos de cine... ¿qué significa el séptimo arte para usted?

–Es la eterna pregunta. Cuanto más pasa el tiempo, no sé si debido a las décadas que me ha tocado vivir, menos me gusta el cine. Echo de menos la parte literaria y teatral del cine. Todo se ha convertido en un lenguaje puramente visual. Los jóvenes directores de hoy en día trabajan más cara a la imagen y al ritmo. La estructura narrativa del guión y el montaje se ha alejado mucho de los inicios del cine. Es lógico, porque tiene que evolucionar, pero ha pasado de tener una base teatral a algo más pictórico, donde el actor tiene poca cabida. No se disfruta del trabajo de la misma forma. El actor se ha convertido en un ‘muñeco’, se le debe dar un poco más de credibilidad.

–¿Comó es la situación del cine españo en la actualidad?

–Es una pregunta difícil (risas). No sabría qué decir. Hablar del cine español es engañoso, porque cada vez se tiende más a la coproducción. Eso es saludable para nuestro cine. Me parece necesario que se colabore con otros países y que los actores trabajemos con otros actores. Hay que sanearse mentalmente y en la forma de trabajar. Se estaba creando una especie de endogamia en el cine español. Por otra parte, el cine en general no está pasando uno de los momentos más brillantes en su historia.

–¿Está cambiando la temática del cine español?

–Parece que sí, aunque es discutible. Muchos directores con los que trabajo tienen entre 20 y 30 años. Eso me hace sentir más joven. Tienen las ganas y la ambición de innovar y probar. A su vez buscan la comercialidad de la película, hay que pensar mucho en el público. Está muy bien que los nuevos directores quieran hacer un proyecto personal, pero antes tienen que haber hecho tres o cuatro películas que hayan sido del agrado del público. Lo malo que tienen es que carecen del gusto literario y teatral. Se ha perdido el valor de la palabra, de la que vive el actor.

–¿Qué le exige a un personaje?

–Simplemente que sea un papel. Me gustaría decir que cuando elijo un personaje es porque tiene sustancia, que se le pueda sacar algo. Un personaje es lo que hace que un actor siga trabajado. Un actor es tan bueno como el papel que le dan.

–Los actores se han convertido en un referente social o en portavoces de la sociedad, ¿qué le parece esta nueva situación?

–Muchos actores están encantados de conocerse. Un actor no tiene por qué involucrarse en problemas que, aunque sí les incumben, les están convirtiendo en un juego político detrás del cual hay muchos intereses. De todas maneras, me parece muy respetable. No sé hasta que punto tienen influencia en la sociedad, pero creo que a mucha gente le molestó que los actores salieran a la calle, cuando deberían dedicarse a hacer su trabajo. El actor lo que tiene que hacer es ser un buen actor.

–¿Hay algo que quisera añadir?


–Me gustaría que el mundo fuera bastante menos vanidoso.

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